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¿Cómo evitar que los niños se comparen con otros?

No todos avanzamos al mismo ritmo

Foto: Pexels

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Ciudad de México.— Muchos niños empiezan a fijarse en lo que hacen otros durante su crecimiento. Observan cómo leen, cuánto corren o qué logran sus compañeros.

Ese momento marca un cambio, porque dejan de mirarse solo a sí mismos y colocan su desempeño dentro de un grupo.

Padres y cuidadores suelen notar el desánimo cuando los niños expresan frases como “ellos lo hacen mejor que yo”. Estas situaciones afectan la autoestima y modifican la forma en que se perciben.

La comparación social en el desarrollo infantil

La comparación forma parte del desarrollo humano. La Teoría de la Comparación Social, propuesta por Leon Festinger en 1954, explicó que las personas necesitan evaluarse a sí mismas para entender sus capacidades y emociones.

Cuando no existen parámetros claros, recurren a observar el desempeño de otros. Los niños repiten este proceso mientras aprenden a ubicarse en su entorno. Por ello, compararse no representa un fallo personal, sino un mecanismo para obtener información.

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A partir de los 7 años, los menores desarrollan la capacidad de definirse usando referencias externas. Empiezan a decir “soy más lento que él” o “leo peor que ella”.

Especialistas en psicología evolutiva describen esta etapa como un avance cognitivo que permite comprender el rol propio dentro del grupo, aunque también genera distorsiones cuando los niños solo observan a los más competentes.

Qué ocurre cuando la comparación duele

La sensación de competencia influye en cómo se perciben los niños. No buscan ser perfectos, pero necesitan sentirse capaces.

Si creen que algo les cuesta más que a otros, suelen evaluarse de manera crítica. Esto ocurre incluso cuando mejoraron significativamente, pero alguien avanza más rápido. El entorno también influye.

Comentarios cotidianos como “tu primo lo hizo muy rápido” refuerzan la idea de que el valor depende del rendimiento visible, según coinciden especialistas en educación socioemocional consultados por UNICEF México en informes recientes sobre autoestima infantil.

Acompañar sin presiones y con enfoque emocional

Acompañar a un niño que se compara implica escuchar y nombrar sus emociones. Psicólogos infantiles señalan que preguntas abiertas permiten identificar si experimenta vergüenza, tristeza o miedo a fallar. También recomiendan cambiar la narrativa interna que convierte la comparación en identidad.

En lugar de “soy malo”, los menores pueden enfocarse en procesos como “qué aprendí hoy” o “qué paso avancé”.

Ayudar a que vean su propio proceso

Los especialistas explican que los niños suelen creer que otros “nacen sabiendo”. Mostrar procesos, errores y avances permite que entiendan que aprender requiere tiempo.

Además, ampliar su identidad más allá de notas o habilidades visibles ayuda a que valoren aspectos personales como sensibilidad, creatividad o humor.

Diversos informes de la Asociación Americana de Psicología (APA) señalan que reforzar múltiples áreas del autoconcepto favorece una autoestima más estable.

Un acompañamiento que fortalece su identidad

Las y los expertos destacan que los niños necesitan adultos que validen su esfuerzo, reconozcan sus avances y les enseñen a observarse sin juicios.

Cuando comprenden que su valor no depende de comparaciones externas, transitan su crecimiento con mayor seguridad emocional.

JAHA

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