Entre la migración, la alfarería y los “diablitos” transcurre la vida en Ocumicho

San Pedro Ocumicho, Michoacán. –  Entre la migración, la alfarería y los “diablitos” transcurre la vida en  Ocumicho, pueblo purépecha que se ubica en la Meseta Tarasca y pertenece al municipio de Charapan.

Con pocas tierras de cultivo debido a un añejo despojo agrario de más de 500 hectáreas en favor del pueblo de Tanguancícuaro, los pobladores de Ocumicho, cuyo significado es “cueva de topos”, se dedicaban exclusivamente a la agricultura y la curtiduría hasta la mitad del siglo pasado. En 1940 comenzaron a trabajar la alfarería.

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El pueblo, de alrededor de 4 mil habitantes, en la época de los 70´s inició el éxodo de sus pobladores, la mayoría hombres, hacia Estados Unidos, donde se estima que más de 3 mil viven y trabajan en California, Florida, Pensilvania y New Jersey.

Cristobal Pazcual, emigró hace 20 años a Pensilvania. Ahí trabaja en un vivero a veces a menos de 20 grados centígrados de temperatura. Dejó su pueblo natal, Ocumicho, por la falta de empleo y oportunidades.

“Ya tengo acá harto tiempo. La última vez que fui a ver a mi familia fue hace cuatro años. Pero ya le pienso para viajar, ya ve cómo esta de peligroso Michoacán y todo el país. Para ir en la troca por carretera está difícil”, dijo a The Éxodo en entrevista telefónica.

“No se cuántos paisanos de Ocumicho estemos en Pensilvania. Pero somos más de 500 por lo menos. Algunos trabajan en viveros, en jardinería, en la pizca, en la construcción. Cuando hay fiestas o bailes nos encontramos. Ya la mayoría tienen familia e hijos acá”, comentó el migrante de 43 años.

“Algunos regresan para navidad o para la fiesta del pueblo en el mes de junio. Pero muchos que no tienen papeles arreglados pues ya no van, porque como están las cosas ahora con -Donald- Trump está más difícil cruzar la frontera, aunque tengas para el coyote”, agregó Cristobal.

Michoacán, y aunque varios hombres y mujeres que partieron hace algunos meses regresaron de Estados Unidos para festejar, el pueblo aún luce con muy poca gente.

Sólo pudieron llegar los que tienen trabajo allá de manera legal, la mayoría son jornaleros por temporada, pero la suerte de los demás es distinta: pueden pasar unos 10 o 20 años antes de que puedan volver y sólo regresan si son obligados por las autoridades americanas.

La historia se repite múltiples veces, pero con diferente cara y nombre: hombres y mujeres jóvenes que emigran para abandonar la pobreza que los rodea.

La localidad de Ocumicho es un pueblo de fama alfarera, principalmente por sus guras de “diablitos”, donde la irreverencia, la tradición y el erotismo son transmutados en barro.

Ubicada en la sierra Tarasca, tiene poco más de 3 mil 200 habitantes —la mayoría purépechas— que se dedican principalmente a la agricultura y a la creación y venta de artesanías, actividad que los hizo famosos en la década de los 60.

De acuerdo con el documento El flujo migratorio internacional de México hacia los Estados Unidos y la captación interna de las remesas familiares, 2000-2015, publicado por la Cámara de Diputados, el estado de Michoacán es el segundo a nivel nacional que expulsa a más ciudadanos y es el primer lugar en la captación de remesas, con 26 mil 901.73 millones de pesos, en segundo lugar, se posiciona Guanajuato, con 24 mil 335.40 millones de pesos, y Jalisco, con 21 mil 293.17 millones de pesos.

Ocumicho es especial, asegura Macario Bejar, regidor del migrante en Charapan, porque 3 mil de sus habitantes viven en Estados Unidos, esto implica que casi la mitad de su población está fuera del país.

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“Aquí hay una frase muy popular: ‘deja voy, para que no me cuenten’. A decir verdad, para ellos es casi una tradición irse de aquí cuando terminan la secundaria”, asegura el alcalde.

Los que deciden migrar, cuenta, llevan poco más que espaldas fuertes y una poderosa fe católica. Pocos pueden hablar español o inglés, solo hablan purépecha. Su falta de educación y la tendencia a casarse con tan sólo 13 años ayuda a asegurar una vida de pobreza.

agch