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Crece la preocupación en el mercado más grande de América Latina Crece la preocupación en el mercado más grande de América Latina

Análisis y Opinión

Ahora sí estamos en guerra

José Luis Arévalo

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Es habitual que en cada conferencia que he tenido oportunidad de impartir hablando sobre mi experiencia como Corresponsal de Guerra, una de las preguntas que más se repiten es si nuestro país está o ha estado en guerra.

Un cuestionamiento que viene desde el sexenio de Felipe Calderón, cuando justamente se hablaba de la “Guerra contra el Narcotráfico” y que desencadenó en la muerte de miles de personas hasta la actualidad. Simplemente, mueren más personas cada día en nuestro país víctimas de la violencia, que de las que llevamos con esta epidemia de Covid-19. Solamente, este domingo 19 de abril, 105 personas murieron víctimas del crimen organizado.  

Entrar desde El Cairo a Trípoli, la capital de Libia, en aquella “Primavera Árabe” del 2011, supuso un sinfín de obstáculos en nuestro viaje.

Desde la capital egipcia a Estambul, de ahí a Tobruk, y de Tobruk -ya territorio libio- a la capital. En total, 54 horas para pisar la tierra del temido Muamar el Gadafi quien previamente logró burlar a los rebeldes y desapareció. Motivo por el que la guerrilla que encabezaba esta guerra civil, cerró las llaves que proveían de agua a la ciudad, dejando a millones de habitantes sin el líquido; ¿por cuánto tiempo? , eso no lo sabía nadie. Estábamos en guerra. 

Esto es parte de una guerra. No solamente los bombardeos o los enfrentamientos en las calles. En una guerra, la parte psicológica juega un papel fundamental, mantener a la gente encerrada en sus casas pudiendo salir solo cuando no hay toque de queda, hacer que el miedo se apodere de los habitantes de una ciudad, las compras de pánico, el racionamiento de servicios y alimentos, las advertencias de no salir de casa.

Recuerdo que como parte de mis respuestas en esas conferencias, siempre he sostenido que debemos agradecer que nuestro país nunca ha vivido un guerra como esas… o más bien, nunca la había vivido. 

Para muchos, el Coronavirus ha ocasionado una Tercera Guerra Mundial, en la que no ha sido necesario disparar una bala o lanzar una bomba para que millones de personas se encuentren confinadas en sus hogares, para que millones estén apoderadas por el miedo, millones más hayan perdido sus empleos, las economías más fuertes se debiliten sin control, el precio del barril de petróleo caiga a niveles históricos, y, lo menos deseado, que miles hayan perdido la vida.

El Coronavirus ha matado ya a poco más de 170 mil personas a nivel mundial y ha dejado heridos a miles más. Ha sido un enemigo implacable, calculador y, aunque diminutivo, tan mortífero como una bomba atómica.  

Sin duda, esta “Guerra Mundial” sí la está viviendo México, y lo está haciendo sin haber estado preparado ni económica, ni social, ni políticamente hablando; ya que, desde hace varios meses ya veníamos arrastrando algunos problemas: un sistema de salud deteriorado y aun más con la creación de un Instituto (el INSABI) que no tenía ni pies ni cabeza, unos niveles de inseguridad que además van a la alza y una economía que no muestra algún síntoma de optimismo. Y con esto, el futuro es aún más incierto. 

Ojalá y, como en otras guerras, luego de la crisis, pueda venir la bonanza. Desafortunadamente nuestros “mariscales” jamás habían vivido una guerra más allá de la grilla política a la que, sin duda, están muy acostumbrados. 

Periodista

www.siete24.mx

@jlanoticias

@jarevalop



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Análisis y Opinión

¿Qué explicarle a mis hijos sobre el vapeo?

Columna Invitada

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Por Gerardo Rivadeneyra

Todos hemos visto últimamente a los jóvenes, a los amigos de nuestros hijos, o a ellos mismos usando unos productos electrónicos. Son aparatos que parecen USBs o cilindros de colores. Son el aparatito de moda, cómo negarlo. Sacan un montón de humo. Algunos tienen luces, otros son de colores. Hay de sabores: desde los clásicos hasta frutas, pastel y galletas. Los venden en las esquinas, en los altos, en máquinas en centros comerciales y nunca con control de edad.

Estos aparatos son cigarros electrónicos, aunque algunos les dicen “vapes”, y se supone que están prohibidos en el país. Sin embargo, cualquiera los puede conseguir sin mayor problema.

Como padres o familiares, obviamente estamos preocupados y por eso quise entender qué son y por qué no hay controles. Investigué y lo que encontré fue muy interesante:

Estos productos de los que hablo son ilegales. Los importan a escondidas y no tienen licencia sanitaria, ni pagan impuestos. Su venta es parte de un mercado negro que se ha creado por una prohibición a las alternativas al cigarro.

Resulta que hay un millón y medio de personas que usan estos dispositivos. Pero como están prohibidos, y no regulados, no hay reglas.

Las alternativas al cigarro son tres. Los vapeadores, que, como su nombre indican, hacen vapor. No contienen tabaco pero sí nicotina. Los cigarros electrónicos se parecen mucho, pero a diferencia de los vapeadores son desechables. Estos son los más comunes. Por último existen los calentadores de tabaco. Se parecen al cigarro pero no se encienden.

Ningún producto es libre de riesgo. Las autoridades de Estados Unidos tienen una categoría que llaman “riesgo modificado” y para entrar en ella debe entregarse mucha evidencia científica y verificarla. Que algo sea de riesgo modificado quiere decir que causa daño pero menos que un cigarro porque no generan combustión, que es donde sale la mayoría de las sustancias tóxicas.
Hay países donde las alternativas ya han sustituido al cigarro. En Japón, donde la gente fuma mucho, la aparición de alternativas ha disminuido el consumo del cigarro drásticamente. En Reino Unido los doctores del servicio nacional de salud, el NHS, están ofreciendo alternativas a los fumadores para que dejen de consumir cigarros.

La historia nos dice que la prohibición no funciona. En Estados Unidos prohibieron el alcohol hace un siglo y la mafia se hizo rica. Hoy pasa algo similar: fabricantes de productos ilegales, que quién sabe qué contienen, están aprovechando la cerrazón de las autoridades.

Como no hay regulación, nuestros hijos están desprotegidos. Nadie revisa nada, nadie se hace cargo. Por eso hay maquinitas en centros comerciales que les venden estos cigarros electrónicos sin control de edad, por eso hay tantos productos en todos lados. Ojo, no se trata de fomentar su consumo, pero con regulación este mercado se haría chiquito y nuestros niños estarían más protegidos.

También descubrí que nos hace falta mucha más información sobre cómo funcionan y qué riesgos tiene usarlos. Ojalá las autoridades hicieran la misma investigación y regularan estos aparatos. Creo que prohibir nunca lleva a nada bueno, pero tampoco está bien que no haya reglas y que se puedan comprar en puestos de periódicos o afuera de las escuelas como si nada.

Así que, como padre, les recomiendo hablar con sus hijos para que sepan que mientras que sean menores de edad, lo mejor será que no usen estos aparatos. Y cuando sean mayores de edad, lo mejor sea no usarlos pero que tengan información de qué son.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Análisis y Opinión

Senadores escuchen al doctor

Columna Invitada

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Tú decides

La mejor explicación de lo que es la objeción de conciencia, para mi gusto viene de Armando Fuentes Aguirre, conocido por muchos como Catón, el ilustre coahuilense escribió hace días: “La persona humana, cada mujer, cada hombre, posee un ámbito interior en el que nadie puede entrar…, ese espacio intocable es su conciencia. Obligar a alguien a faltar a ella, a violar sus convicciones, constituye un grave atentado contra la persona, pues vulnera los derechos humanos, principalmente en lo que atañe a la libertad de pensamiento”.

Con motivo de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de fecha 21 de septiembre de 2021, en la que se declaró la invalidez general del artículo 10 Bis de la Ley General de Salud, que protegía la objeción de conciencia se ha ocasionado una gran preocupación y molestia entre los prestadores de los servicios de salud. En particular, en los gremios de médicos, enfermería del país, así como en varias escuelas de medicina y enfermería.

Se han publicado cinco desplegados -la voz de miles de prestadores de servicios de la salud- exigiendo que se respete su conciencia: La Declaración de la Federación Mexicana de Colegios de Obstetricia y Ginecología, de fecha 13 de septiembre de 2021; el Comunicado que suscribieron 30 Federaciones, Asociaciones y Colegios Médicos de México, de fecha 15 de septiembre de 2021; Comunicado de la Comisión Nacional de Bioética, órgano asesor de la Secretaría de Salud, de fecha 15 de septiembre de 2021; el Comunicado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de fecha 15 de septiembre de 2021 y finalmente un comunicado que suscribieron varias Universidades, junto con 30 Colegios Médicos de México.

El tufo que percibe el sector salud de algunos parlamentarios amigos del autoritarismo, de eliminar la objeción de conciencia, ha dado pie a la creación de La Federación Mexicana de Objetores de Conciencia https://femoc.mx/ (FEMOC), una organización que representa respalda y agrupa a todo el personal médico del sector salud, con el objetivo de salvaguardar sus convicciones éticas y morales, su libertad de pensamiento.

Son tiempos de totalitarismo, pero también lo son de libertadas, es por ello por lo que los promotores de la FEMOC piden que se convoque a un Parlamento Abierto en el Senado de la República y se escuche al sector salud que quiere garantizar la libertad de pensamiento y de conciencia consagrada en el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

De igual manera, el sector salud hace un llamado a todos los integrantes de la Comisión de Salud de la Cámara de Senadores del H. Congreso de la Unión, para que mañana martes 30 de noviembre se abstengan de aprobar el dictamen que pretende subordinar y condicionar el ejercicio de la objeción de conciencia de los prestadores de los servicios de salud a la previa aprobación de instancias administrativas, lo que las convertiría de facto en una auténtica policía del pensamiento, solamente existente en los regímenes totalitarios.

En lo personal pienso que la calidad y el compromiso con las libertades de algunos integrantes de la Comisión de Salud, entre ellos el @Dr_AVillarreal, que la preside y otros parlamentarios como @LillyTellez, @sylbeltrones, @jalfredobotello y @MarcoGamaSLP, no darán pie a una iniciativa que ejerza violencia ilegal del Estado contra el individuo, porque ningún profesional de la salud, trabajo o no en una institución pública, debe ser objeto de coacción legal que lo obligue a actuar en contra de sus valores personales.

Por Pablo Mier y Terán @pablomieryteran

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