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Análisis y Opinión

Espionaje, entre el servicio y la ignominia

Felipe Monroy

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Aunque el espionaje se ha especializado y tecnificado a niveles infamantes, sus funciones más simples (que nunca honestas) se pueden reducir a las mencionadas por Kautilya hace veintitrés siglos: recolección de noticias, comprobación de lealtades y manejo de propaganda. Desde la perspectiva del gobernante, se entiende su utilidad para lograr lo único que interesa al poder: conservar el que se tiene y aumentarlo en lo posible.

Al contrario de lo que hoy se quiere insistir, el espionaje nunca es aséptico ni impersonal; el espionaje no son sólo datos y programación. Por tanto, ‘Pegasus’ no es sólo un programa, un software o un sistema: son hombres y mujeres que con mayor o menor poder han utilizado recursos técnicos de la forma más innoble. Además, los efectos del espionaje tampoco son inocentes, la historia refleja que aquel va acompañado invariablemente de la mentira política, la persecución de opositores, la desestabilización de pueblos, la inoculación de ideologías de ocasión y, por supuesto, de los crímenes de Estado, las insurrecciones fratricidas y la guerra total.

Lo que se ha ido revelando esta semana sobre la operación del ya famoso software ‘Pegasus’ es alarmante porque no se trata de un ‘sistema de inteligencia para el combate del terrorismo o ciberterrorismo en países democráticos’ sino un verdadero ‘sistema de espionaje israelí vendido por particulares a regímenes autoritarios que desean investigar a periodistas, activistas de derechos humanos y a potenciales opositores políticos’.

Desde hace años se tenía sospecha de que los recursos tecnológicos de estas empresas de ciberseguridad no sólo se adquirían para el combate al crimen, sino para las funciones que los regímenes y los poderes fácticos que buscan controlar a toda costa: tener información de sus adversarios políticos, verificar la lealtad de los ciudadanos y eliminar los potenciales riesgos para la estabilidad de su poder.

Esta es la razón por la cual, cuando se habla de espionaje no puede haber neutralidad. Es una práctica ignominiosa y cruel cuando se está vulnerable a ser espiado; pero es un servicio de seguridad y estabilidad para aquellos que detentan el control. Desde el poder, un mundo sin las intrincadas redes de espionaje básicamente se hundiría en el caos; mientras, desde las estructuras intermedias de la sociedad, el espionaje es una herramienta del autoritarismo.

En el fondo no hay ninguna sorpresa en que las nuevas herramientas digitales hayan hipertecnificado el espionaje al grado en que los clientes de NSO Group puedan ver y escuchar a sus ‘objetivos’ de interés; tampoco es realmente una noticia que diferentes gobiernos o poderes (con diversas problemáticas) hayan echado mano de esta herramienta. Sin embargo, no por ser un mecanismo casi natural de autopreservación del poder no debiera inquietarnos. Especialmente porque, es altamente probable que, derivado del espionaje a ciertos personajes junto a la exposición y vulneración de periodistas, opositores o líderes comunitarios, se haya provocado la muerte de alguno de ellos, la intimidación o el silenciamiento de sus voces. Y todavía peor, al existir la evidente sospecha de que el gobierno israelí de Netanyahu ha espiado a líderes mundiales a través de la herramienta de ciberseguridad, se encienden las alarmas de desastre geopolítico.

Ahora, mientras el mundo redescubre la diplomacia para salir del entuerto en el que lo ha sumido el software ‘Pegasus’, no hay que perder de vista la sospechosa parsimonia y tranquilidad con la que los líderes políticos echar a andar a sus fiscalías y ministerios de defensa contra el espionaje que ellos mismos sufrieron. Quién sabe, quizá no tienen intensión de correr por completo las cortinas del misterio.

LEE Quema de templos y efigies: indignación sin respuesta

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Estrategias pro aborto falaces

Columna Invitada

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Por: Ivette Laviada

Ahora es en Veracruz donde se pretende presionar al gobierno con estrategias pro aborto; tan viejas, tan usadas y tan falaces que resultan un insulto a las personas que con dos dedos de frente ven con claridad todo este asunto.

El viejo truco del aborto espontáneo, un argumento que simplemente no funciona cuando las acciones que siguieron a la muerte del bebé en gestación contradicen todos los dichos de la supuesta víctima.

Quienes pretenden que el aborto se legalice a como de lugar -sean feministas, funcionarias e incluso instituciones- no les importa mentir y manipular los casos para conseguir su afán.

El caso de Oluta, en Veracruz de Diana “N” es un claro ejemplo: la Fiscalía encontró que no sufrió un aborto “espontáneo” la chica cometió infanticidio, su bebé fue alumbrado vivo en un baño público a los 7 meses de gestación y posteriormente lo abandonó en un bote de basura, donde falleció por anoxia por sofocación como consta en el expediente por lo cual se le sigue un proceso.

No es la pretensión de esta reflexión el juicio de Diana (las autoridades lo harán conforme a derecho), sino todo el aparato que se mueve con este pretexto para que se presione a un estado a legalizar la muerte de los bebés en gestación.

El discurso utilizado por la CNDH y por la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz es ¡de no creerse! primero atacan a la Fiscalía General del Estado porque no emplearon perspectiva de género en la investigación, añaden que el caso lo han llevado violando gravemente sus derechos sexuales y reproductivos, que ha sido doblemente revictimizada y que le negaron el acceso a la justicia por las condiciones de precariedad económica y social en la que vivía.

Por otro lado, la diputada Mónica Robles aprovecha la coyuntura de manipulación mediática para meter su iniciativa pro aborto y los colectivos feministas celebran estas acciones para empujar con más fuerza esta agenda.

Estrategias que hemos visto en tantos lugares y países que por increíble que parezca siguen sin quitar el dedo del renglón.

¿Acaso los delitos se pueden considerar derechos según cada quién? Las falacias no surten efecto, por ello tanta violencia para imponer estas mentiras, la sociedad no se deja engañar.

No existen derechos sexuales y reproductivos, este es el poderoso antifaz que le han puesto al aborto para que dicho tantas veces y por tanto tiempo se perciba como algo bueno, como lo que su nombre pretende “un derecho”; pero no, la sociedad no compra este cuento, lo que existe es el derecho a la salud que incluye la salud sexual, física, mental, etc. Salud implica vida no muerte, justificar el aborto es totalmente contrario a lo que la salud persigue.

La verdad no se puede ocultar, siempre sale a la luz. Seguiremos trabajando para que chicas como Diana antes de pensar en el aborto puedan tener acceso a instituciones o personas que les ayuden verdaderamente como lo han demostrado La Vida por Delante, VIFAC o AME.

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Análisis y Opinión

Un catolicismo abierto a la tradición y al tiempo

Felipe Monroy

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La reciente publicación de una pequeña pero sustanciosa reforma a la Iglesia por parte del papa Francisco ha causado más revuelo del esperado entre diversos sectores del catolicismo mundial: mientras unos acusan al pontífice argentino de ‘corregir la plana a sus santos predecesores’ otros confían en que las nuevas disposiciones reconducen a la Iglesia universal a la siempre ansiada unidad que suele estar amenazada tanto por sectarismos como extravagancias litúrgicas.

La reforma en cuestión lleva por nombre ‘Traditionis Custodes’ y el propio pontífice explicó en una carta a los obispos el porqué de la anulación de concesiones hechas por san Juan Pablo II y Benedicto XVI a ministros y fieles que deseaban celebrar la ‘Misa en latín preconciliar’. Sin embargo, para entenderlo hay que ir al principio:

Entre 1962 y 1965, la Iglesia celebró un Concilio Ecuménico de gran envergadura. Como resultado, se alcanzaron nuevas constituciones apostólicas donde se reafirmó la esencia de la institución, pero también donde ‘se actualizó’ el carácter de esta para responder a los retos de un cambio de época. Una de estas actualizaciones fue la promoción de la celebración de la misa en la lengua vernácula de cada pueblo; no se derogó la ‘misa en latín’ (ni se censuró esta lengua como el idioma oficial de la Iglesia) pero se consideró que las celebraciones en un idioma comprensible para el pueblo ayudarían a los fieles a participar de la misa con más conciencia, más piedad y más conminados a la acción.

Como era de esperarse, no todos aceptaron las reformas y decidieron romper con Roma, con el Papa y con la Iglesia universal. Con el tiempo, algunas comunidades de antiguos líderes ‘excomulgados’ plantearon deseos de retornar, aunque su tradición era la misa en latín y el rito preconciliar. Tanto el papa Juan Pablo II como Benedicto XVI hicieron gestos de caridad con estas comunidades; el primero promulgó reformas en forma de indulto y medios para facilitar su retorno a casa, y Ratzinger actualizó la ley garantizando la misa en latín de rito antiguo ‘para todo el que lo pida’ y ‘para favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia’.

En 2007, Benedicto XVI intuyó que la riqueza de la misa en latín y los rituales preconciliares ayudarían especialmente a favorecer la identidad de la Iglesia, la reconciliación con su historia y la unidad entre comunidades. Sin embargo, catorce años más tarde, Francisco ha impuesto una nueva reforma: la derogación de las concesiones de sus predecesores.

La explicación es breve, pero nada simple: Francisco también busca la unidad en la Iglesia y la reconciliación con su historia, pero especialmente con la más inmediata: con el Concilio Vaticano II. Para ello, los obispos deben volver a ser custodios de la tradición en el sentido más amplio. Su responsabilidad es la vigilancia, el cuidado no sólo de las formas sino del fondo. Para Francisco, al igual que para obispos consultados en todo el mundo, hay casos específicos en que las misas en latín y el rito extraordinario suelen alimentar ambiguos discursos en pastores que muestran desdén a la ‘actualización’ de la Iglesia de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Francisco pide a los obispos que sean custodios de una tradición y un magisterio que ya ha hecho historia en los últimos 60 años.

Sin duda, se trata de un sensible cambio de dirección que Bergoglio hace a la intuición que tuvo Ratzinger -uno de pontífices más brillantes que ha tenido la Iglesia y que aún vive y sueña detrás de los muros del Vaticano-, pero en el fondo, esa es la riqueza y vitalidad de la Iglesia católica.
El catolicismo universal se alimenta principalmente de tres fuentes: la revelación, la tradición y el magisterio. Cada una de ellas inmutable en su propia dimensión, pero vivas y siempre nuevas en su interpretación.

La Iglesia es ‘una’ por su dimensión mística, pero no es inalterable. No es monolito de piedra cuyo destino en el tiempo sea la mera erosión. Es un verdadero cuerpo vivo que mantiene sus inexpugnables raíces que perennemente extraen vitalidad tanto del cosmos de la Verdad como del universo del Misterio. Un cuerpo cuyas ramificaciones nacen, crecen y mueren al ritmo de la historia y sobre la piel de un mundo cuya principal cualidad es el cambio.

Es un cuerpo vivo por cuyas venas corre la esencia de aquellas tres fuentes, esencia que está sellada en las sagradas escrituras, en la historia y en la enseñanza de los sucesores de apóstoles pero que se abre al tiempo, a la tradición que ‘ya es ahora’ para la certeza del futuro.

LEE ¿Vendrá Francisco nuevamente a México?

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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