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Análisis y Opinión

Papá… te presento a mi novio(a)

Javier Chávez de Icaza

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Aunque debería ser igual de relevante o angustiante que sea nuestro hijo o nuestra hija la que nos diga estas palabras, la realidad es que no es así, siempre genera más angustia en la boca de una hija y la explicación es relativamente sencilla, basada principalmente en dos causas. La primera es la formación del padre, todavía somos la generación donde la diferencia entre los géneros no solo era relevante sino fomentable y segundo es el deseo natural de los papás por proteger a su(s) hija(s), pero la realidad es que hoy en día los noviazgos son más complejos para hombres y mujeres por igual.

En este escrito me quiero referir a los noviazgos de los hijos durante su adolescencia y posteriores, porque si bien, muchos niños(as) tienen novias(os) en la infancia, en esa instancia no son tan complicados como cuando ya son más grandes.

Cuando nosotros como padres, decidimos mejorar la relación con nuestros hijos, es decir estar más involucrados en su vida diaria y no fungir las “funciones básicas” de padres de antaño que se limitaban a ser proveedor del hogar y autoridad en la toma de decisiones, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar cuando nuestros hijos(as) iniciaran sus relaciones de pareja. Las mamás desde siempre tenían la exclusiva de esas interacciones con los hijos y yo creo que lo hacían de manera hasta natural, pero ahora que nosotros también estamos involucrados en el día a día, pues no toca atender estos temas también y honestamente creo que con poca preparación.

Sin embargo, ya estamos en esto y hay que entenderlo y racionalizarlo, porque gran parte del éxito que podamos tener para convertirnos en parte importante del resto de la vida de nuestros hijos(as) es la habilidad y paciencia que tengamos durante sus noviazgos.

Analicemos entonces cuando un hijo(a) empieza con primera relación “formal” porque esta relación empieza a impactar en la “vida familiar” porque de repente ya hay uno(a) más en la familia e incluso a veces hay que esperar la respuesta del novio(a) para poder definir los planes.

Por supuesto, que podríamos acudir a nuestro don de autoridad y decidir sin consultar, pero la verdad es que debemos permitir que nuestros(as) hijos(as) participen en las decisiones y entiendan, desde esa etapa de la vida, que la vida es negociación y marketing en todo lo que hacemos.

Así que más que decidir porque podemos hacerlo, por ser los padres, hay que mostrarles los escenarios, las complicaciones en retrasar la decisiones, las ventajas de aprender a tomar decisiones, aunque no podamos consultar con todos los involucrados, porque si logramos esto, en algo tan básico como la comida del domingo, estaremos preparando a nuestros hijos en situaciones mucho más complejas que seguramente se les presentarán a lo largo de su vida.

Yo creo que cada padre pensará que sus hijos(as) son los que tienen relaciones más complicadas, pero la realidad es que las vemos así porque son las que nos afectan a nosotros, no porque sean más difíciles o complejas que las de los demás jóvenes. Ya en un escrito pasado que titulé SER Y DEJAR SER hablaba que nuestra función como padres, ya no es la de tomar todas las decisiones, por ser el adulto, sino la de ser el guía en el camino de nuestros(as) hijos(as) hacia su propia vida.

Ahora bien, como decía un poco más arriba, a los padres normalmente se nos complica más cuando la novia es nuestra hija, por varias razones pero yo creo que la principal es porque como hombres con la formación de que las mujeres son el “sexo débil” sin importar que ahora ya hayamos comprendido o estemos en proceso de comprender la equidad entre ambos géneros, tendemos a querer cuidar más de las hijas basándonos en ideas, que nos inculcaron, que si bien lo hacemos con la “mejor intención” no por eso dejan de ser acciones “micromachistas” que no ayuda a la fomentar la equidad de género.

Yo he platicado con muchos padres de mi generación y ellos son conscientes que hoy en día se debe fomentar la equidad de género y se precian de que son capaces de entender porque ellos son muy caballerosos, pero el ser caballeroso hoy no es tan relevante para algunas mujeres e incluso se entiendo más como acciones de control que de respeto, por lo tanto, tenemos que romper con actitudes que nos parecían valiosas pero que hoy no son tan aceptadas y es ahí cuando como padres, nos cuesta más adaptarnos a realidad de nuestros hijos(as).

Estoy seguro que no todos a los padres les pasa, pero sí creo que es muy probable que sea mayoría los que no son tan buenos o claros para expresar sus emociones y cuando te encuentras en la etapa en que tus hijos son más emotivos, por el hecho del desarrollo hormonal natural, pues la situación se nos pone más complicada. Porque lo que la mayoría hacemos es analizar la situación desde nuestra perspectiva propia, con los años de experiencia que tenemos y no somos capaces de ponernos, pero hacerlo realmente, en los zapatos de nuestro(a) hijo(a). Entonces, respuestas como “mándalo(a) a volar”, “Si hace eso es que no te valora, así que no vale la pena” “Ya vendrán otros(as) y te olvidarás” En fin, las típicas respuestas que damos, porque nosotros después de todo lo vivido, eso haríamos, pero seguramente a la edad de nuestro hijo(a) no pensábamos igual.

En mi caso, mis hijos ya ha tenido relaciones de este tipo y la verdad es que si hay que pensar mucho antes de responder, porque como padres siempre tenderemos a defender a nuestros(as) hijos(as) incluso cuando no tengan la razón y si contestamos rápido y sin pensar siempre iremos en ese sentido y si bien, eso puede crear cierta cercanía con ellos, también estamos dejando pasar la oportunidad de tener un enfoque real de las cosas y eso, como mínimo, no les ayudará en su toma de decisiones en el futuro. Entonces, debemos usar un tono amigable y conciliador, pero debemos decir la verdad, incluso si la verdad, como dice el dicho, no peca pero incomoda.

Porque además, como padres de adolescente o adultos jóvenes, tenemos que entender las nuevas fases de las relaciones actuales. Cuando yo era de esa edad, había amigas y novias y con eso resumías todo, pero hoy en día, hay muchas fases en las relaciones que tienes características diferentes, están las amigos(as) y las amigos(as) con “los (las) que sales” en estos grupos no se exige exclusividad, luego están los “galanes(as)” que ya tienen cierta exclusividad y finalmente los novios(as) y casi todos los jóvenes en la actualidad, pasan por todas las fases para llegar a ser novios(as). Por eso es tan complicado aconsejar, porque hay que entender en la fase en que se está para poder aconsejar.

La verdad, a mí se me hace mucho mejor este proceso que el que seguíamos antes que brincabas de amigo(a) a novio(a) sin nada de por medio y realmente empezabas a conocer a tu pareja hasta que ya andaban. Pero ahora, cuando ya se obtiene la categoría de “novio(a)” es porque ya han llevado un proceso, normalmente mayor a un par de meses, de conocimiento entre ambos y por eso, ahora los hijos(as) involucran más a sus novias(os) en las actividades familiares como comentaba un renglones arriba.

Y a los padres, como que la angustia nos da, por el simple hecho de ser padres, que si nuestro hijo(a) tiene o ha tenido muchas(os) novias(os), que si no ha tenido ninguno(a) o muy pocos, pero no sabemos estar tranquilos.

Por ejemplo en mi caso, mi hija hasta los 19 años, solo había tenido un novio y había durado 3 meses con él, a mí me sorprendía un poco, porque como su papá, estaba seguro que le sobrarían “pretendientes” y lo pongo entre comillas, porque eso revela mi edad, esta palabra no creo que sea muy usada en la juventud actual. Después tuvo un novio por 4 años y el actual. Por el otro lado, mi hijo si tuvo una novia de “larga duración” como 1 año y 6 meses desde los 15 años y luego tuvo una relación de más de un año con una novia en Tijuana, siendo que nosotros vivimos en la CDMX.

El hecho de estar cercano a mis hijos y de tener con cada uno vínculos individuales, pues he tenido la oportunidad de conocerlos a todos y de ser partícipe (a nivel consejos) de sus relaciones y mentiría si dijera que he estado de acuerdo con todas, pero sí creo que fui lo suficientemente respetuoso, para que fueran ellos (o sus parejas) los que decidieran si seguir o no y muchas veces, me rondaron por la cabeza consejos que para mí eran obvios pero que usurpaban su autonomía y me contuve, creo que esas es una de las razones porque hasta hoy, la relación de mi hijos conmigo, es tan cercana e importante para todos.

Por lo tanto y a manera de conclusión, las recomendaciones serían, primero no angustiarse de más (Es fácil decirlo, no tan fácil hacerlo), segundo: entender las fases de las relaciones en la actualidad, tercero: aconsejar tratando de ponernos realmente en su lugar y por último, dejar que sea ellos los que decidan la duración de su relación sin imposiciones ni prohibiciones.

Después de una semana de descanso y un día de retraso involuntario, ya está listo el nuevo artículo en mi blog ¡Padre de Verdad! titulado: PAPÁ…TE PRESENTO A MI NOVIO(A). Espero lo disfruten!
https://www.padredeverdad.com/post/papa-te-presento-a-mi-novio-a

LEE ¿Estamos los padres preparados para la separación?



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Análisis y Opinión

Iglesia renovada para un nuevo continente

Felipe Monroy

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Esta semana se realiza en México la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, un inédito encuentro de la pluralidad del catolicismo americano cuya motivación fue una recomendación del papa Francisco a los obispos del continente para que, en lugar de retornar al camino conocido de cumbres episcopales celebradas desde 1955, se emprendiera ‘ad experimentum’ la audacia de integrar, escuchar y corresponsabilizar a todo el espectro socio-religioso, popular y comunitario latinoamericano para que sus voces y sus compromisos revitalicen el papel, la identidad y la acción de la Iglesia en las emergencias contemporáneas de la región.
Si bien la elección de Francisco como el primer papa latinoamericano significó ‘una bocanada de aire fresco’ a la Iglesia universal, esta Asamblea Eclesial tiene la oportunidad de recordar por qué san Juan Pablo II llamó a América ‘El Continente de la Esperanza’.

Las novedades de este encuentro (además de su evidente realización virtual-presencial que ha agilizado, conectado, simplificado y economizado una asamblea continental donde hay participantes de más de 22 naciones) se explican en la actitud e itinerario de preparación: largos y profundos procesos de escucha para que muchas de las diversas voces eclesiales latinoamericanas tuvieran oportunidad de alzarse, ser valoradas y reconocidas sin pasar por el tamiz institucional, teológico o de control al que las conferencias generales episcopales se enfrentaron históricamente.

En la presente Asamblea Eclesial de AL y el Caribe no se ha dejado de recordar cómo diferentes fuerzas (a veces provenientes del Vaticano) controlaron, sancionaron e intervinieron los trabajos continentales de la Iglesia para acallar las voces que siempre han ‘anunciado y denunciado’ desde el Evangelio las realidades de la región. Una práctica del siglo XX que no sólo silenció voces proféticas de un catolicismo comprometido con los excruciantes dramas del pueblo sino que, incluso se valió de inconfesables arreglos con el poder político y económico para sostener privilegios cupulares mientras se continuaba engañando, sacrificando, manipulando y despreciando a los últimos y a los pobres.

Es claro que, incluso ahora, este riesgo no está conjurado; sin embargo, la apuesta del papa Francisco es abrir la Iglesia, desterrar el ‘clericalismo’ (que no es sino la fascinación por el poder y el influyentismo) para que esto no ocurra nuevamente, favorecer el diálogo horizontal, motivar el encuentro aunque en ocasiones sea ríspido y, sobre todo, que la Iglesia misione, camine con humildad junto a la riqueza cultural y espiritual de todos los pueblos del continente para defender, conservar y promover la paz, la justicia y el bien común en cada uno de sus territorios. Al respecto, la doctora Emilce Cuda, capo ufficio de la Comisión de América Latina del Vaticano, ha recordado que buscar la justicia social “es constitutiva de la práctica evangélica”.

Los problemas continentales son muchos: migración, pobreza, violencias, polarización política, manipulación del orden social y, claramente, la devastación sistemática y consumista de la Creación, de la ‘Casa Común’. Problemas que conducen inexorablemente al sufrimiento e incluso la desaparición de pueblos enteros; de allí la urgencia de una renovación de las comunidades cristianas para ofrecer la esencia de su fe encarnada, comprometida con el “proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado”, decidida a denunciar los efectos del egoísmo utilitarista, del tecno-capitalismo depredador, del relativismo ético y de los vicios del poder privilegiante.

Sin duda, un desafío enorme; un reto que sólo puede hacerse desde un compromiso integral, desde la ternura y el contacto personal, con audacia y esperanza, con la suficiente indignación y con desbordante creatividad para alcanzar la justicia y el bien común; pero, sobre todo, mediante la participación plural, a ras de suelo y horizontal de todos, todos, todos. ‘Sinodalidad’, le llaman en la Iglesia.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

De las sanciones a la madurez democrática

Felipe Monroy

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La semana pasada, la Sala Regional Especializada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación discutió amplia y profundamente cinco casos de potencial vulneración al Estado laico presuntamente cometidos por dos cardenales, un obispo y dos sacerdotes mexicanos durante el proceso electoral de 2021; en su opinión, los ministros de culto quebrantaron principios constitucionales sobre la separación de la Iglesia y el Estado que afectaron la equidad y la igualdad durante la contienda política.

Durante la presentación de argumentos, algunos magistrados dieron crudas apreciaciones contra los clérigos: “Se valen de su posición para manipular el voto” y “utilizan la fe para orientar o desorientar el voto, por lo tanto, el voto no es libre”, dijeron. Los magistrados turnaron a Gobernación su resolutivo en espera de que sea dicha instancia la que defina las sanciones contra los ministros de culto.

Como se sabe, las leyes mexicanas respecto a la libertad religiosa están atadas a condiciones históricas sumamente peculiares: tanto la Reforma como las leyes constitucionales post-revolucionarias no sólo separaron a las iglesias del Estado, sino que acrisolaron prejuicios y resentimientos entre el poder político y el poder eclesiástico que condujeron inexorablemente a la cruel, fraticida e ignominiosa Guerra Cristera. Luego, tras un largo periodo de silencio, simulación y convivencia utilitaria, se concretó un sustancial avance con el reconocimiento oficial de las instituciones religiosas. Reconocimiento que, no obstante, aún conserva prejuicios y sospechas contra las iglesias y sus ministros.

La muestra está en la resolución de los magistrados que parece confirmar que los ministros de culto, si no se les mete al orden, son capaces de utilizar cualquier medio para influir contra la libertad ciudadana en la elección de sus representantes políticos. El problema de esta hipótesis es la crítica que se hace a la madurez ciudadana, no tanto a las intenciones de líderes religiosos. El conflicto parece estar en una disputa de paternidad sobre una ciudadanía aún infantil, maleable y manipulable.

Lo triste es que parece que nada ha cambiado en cien años. Apenas el 14 de noviembre pasado se cumplió un siglo del atentado dinamitero contra la Virgen de Guadalupe que, si bien nunca se ha comprobado que el gobierno revolucionario de aquel 1921 fuera artífice directo, sí se ha verificado que, por lo menos, protegió y controló tanto al autor material como a los autores intelectuales.

Una de las tesis históricas de aquel evento explica que, en el nacimiento del ideal post-revolucionario mexicano y de sus primeras instituciones sociales, el nuevo Estado tuvo que engullir todas viejas instituciones para crear las nuevas pero el símbolo de la institución católica mexicana (Guadalupe) era imposible de devorar. Su destrucción parecía condición indispensable para un nuevo país; su milagrosa supervivencia, el fracaso de cierto proyecto revolucionario.

En todo el siglo XX, el Estado no renunciará a querer controlar la fe y las expresiones religiosas del pueblo; negándole el derecho a vivir en madurez su ciudadanía y su libertad religiosa: Un Estado que pareció siempre exigir una esquizofrénica realidad que divide la conciencia política de la conciencia religiosa en cada mexicano. Y no es sólo atavismo para la autoridad civil, muchos líderes religiosos también continuaron creyendo que su influencia política sobre el poder debía ser la esencia de su misión. Todavía en 2016, ante los obispos de México, el papa Francisco justo criticó esta actitud de perseguir ‘los carros de los faraones de hoy’ y pidió a los próximos sacerdotes ‘no ser clérigos de Estado’.

La experiencia reciente nos confirma que estas posturas son ya anacrónicas: ni la orientación religiosa del voto o de la conciencia política se concreta en las opciones de los ciudadanos, ni el prejuicio de trasnochados jacobinismos concreta la separación mental entre la conciencia religiosa y la conciencia política de un ciudadano libre.

En el reciente proceso electoral, por ejemplo, un obispo católico se arriesgó a violar la ley para pedir a su grey el voto por una candidata y un partido; perdieron. Ahora los magistrados piden sanción a otros ministros porque suponen que utilizaron la fe para manipular a los ciudadanos, ¿creerán que los ciudadanos aún no tienen madurez democrática para conciliar con libertad sus convicciones éticas y morales con sus aspiraciones políticas?

LEE Obispos votan por ajustes para ‘no ser Iglesia muda’

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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