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Análisis y Opinión

Una transformación sin proyectos

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Desde el inicio de mi carrera profesional he vivido la transformación de empresas a través de proyectos y sin duda es difícil entender la manera en que una compañía pueda decidir la implementación de cambios internos sin dedicar a un equipo de personas y determinados recursos para ello. Nombrar un líder o responsable de coordinar los trabajos, comenzando por elaborar un plan con fechas claras de inicio y término para lograr determinados objetivos, es la única manera que conocía para llevar a cabo los esfuerzos de transformación de una empresa.

La palabra proyecto proviene del latín proiectus, que a su vez deriva de proiicere, que significa dirigir algo o alguna cosa hacia adelante. De aquí que entre sus aceptaciones encontremos que proyecto se refiere a un esquema, programa o plan que se hace antes de dar forma definitiva a algo.

En la industria de la construcción, antes de construir se hace el proyecto. Es ahí donde se comenzó a utilizar la palabra proyecto para nombrar los trabajos que se hacían previos a la construcción. Con el tiempo se incluyeron a la etapa de proyecto, los trabajos para gestionar la construcción también. El concepto pasó de la industria de la construcción al resto de las industrias y hoy en día, los proyectos son conocidos como los esfuerzos en los que una organización destina un equipo de personas y determinados recursos para que trabajan en pro de lograr un resultado específico.

El problema es que hoy en día existe una saturación de proyectos en todas las organizaciones y las personas están rebasadas por ellos, haciendo ineficiente su desempeño. Todo se quiere resolver a través de desarrollar un proyecto en lugar de que se asuma como parte de las responsabilidades propias de cada ejecutivo. Los ejecutivos que alcanzan un nivel de gerente deberían ser capaces, como parte de sus funciones, de identificar e implementar los cambios y mejoras que requieren.

Además, tendrían que reconocer la necesidad de ampliar su visión de la situación y reunirse con sus colegas para analizar la organización de manera integral y no solo desde su visión parcial y acordar acciones para mantener a la organización en una evolución permanente. Pero no: le hemos quitado a los ejecutivos esa responsabilidad y todo lo complicamos queriendo hacer proyectos y más proyectos. Incluso algunas organizaciones han creado sus propias áreas para gestionar y ejecutar proyectos: las áreas de tecnología se han convertido en áreas de proyectos de transformación e incluso algunas empresas han creado sus propias áreas de transformación con equipos de consultores internos para ejecutarlos.

¿Y si regresamos a lo básico?, ¿si aprendemos de la pandemia y de cómo las organizaciones fueron capaces de transformar sus modelos de operación y aprender a trabajar a distancia sin necesidad de crear un proyecto para ello y gastar infinidad de recursos, contratar consultores y tardar meses para implementarlo?

Cada ejecutivo, cada gerente, cada coordinador supo lo que tenía que hacer y en conjunto con su equipo en menos de una semana, implementaron un nuevo modelo de trabajo que fue efectivo. A algunos les costó más o menos trabajo, pero al final se demostró que si cada ejecutivo hace su trabajo y adopta su responsabilidad, la organización puede adaptarse a cualquier situación sin la necesidad de definir un proyecto para ello o de contratar asesores o consultores externos.

Las necesidades de cambio son cada vez mayores y los recursos para proyectos son cada vez más escasos. ¿No será que debemos romper nuestros paradigmas y buscar nuevas formas de mantener la evolución de las organizaciones donde no existan ya los proyectos?

Piensa en una organización donde la transformación no dependa de un área de sistemas, de planeación o de transformación sino que dependa de cada directivo, de cada gerente y de cada empleado. Que en lugar de generar proyectos, la adopción de nuevas tecnologías, los cambios en procesos, los ajustes a las estructuras organizacionales formen parte de las funciones del día con día en donde cada gerente defina lo que tiene que hacer para mantener a la organización en evolución y que además tenga las competencias para hacerlo en conjunto con su equipo de trabajo.

Hoy la pandemia nos demostró que no solo es viable, sino necesario. El mundo organizacional debe romper su principal paradigma y simplificar la manera de evolucionar, sin tanto rollo “consultoril” de transformación y más ejecución en el día con día en cada función organizacional. Imagina una organización evolucionando todos los días, pero sin proyectos internos. Tan solo imagina.

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Análisis y Opinión

Un cierre doloroso pero necesario

Felipe Monroy

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Histórica, dolorosa y sin duda controversial decisión han tomado las autoridades civiles y religiosas para mantener cerrado por cuatro jornadas la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México en el marco de las Fiestas Guadalupanas que año tras año convocan entre 6 y 8 millones de peregrinos hasta los pies de la imagen de la Virgen Morena.

La decisión no ha sido sencilla. Se trata en primer lugar un centro devocional que permanentemente recibe fieles y procesiones que acuden al Tepeyac para pedir, agradecer o sentirse cobijados por el maternal amparo de la Virgen de Guadalupe; es el recinto religioso de mayor afluencia del continente americano y el santuario mariano más visitado de todo el mundo. A lo largo del año, se estima, unos 20 millones de fieles provenientes de todas partes del mundo acuden a La Villa a visitar a la Virgen.

En segundo lugar, es un espacio de convergencia social que reafirma y renueva varias expresiones del profundo sentido cultural mexicano: la solidaridad con el prójimo, la organización local o comunitaria, el tesón, el sacrificio, la compasión y el compromiso con una mejor versión de uno mismo. Entre el 10 y el 13 de diciembre de cada año, miles de personas extienden el mejor de los gestos de hospitalidad para con los millones de peregrinos; y, por su parte, los fieles acuden hasta el Santuario con uno o varios compromisos personales o espirituales que consideran ayudarán a mejorar su vida en su familia o su localidad. Ya sea por obligación moral o por vocación, los voluntarios y los peregrinos son ciudadanos con espíritu renovado que, en su mejor perfil, coadyuvan positivamente a las instituciones fundamentales e intermedias del pueblo mexicano.

Mirar el fenómeno guadalupano exclusivamente bajo perspectivas económicas o demográficas no refleja la verdadera riqueza que existe en esta manifestación popular que no pocas veces ha definido el curso de la historia nacional o de los valores culturales ampliamente aceptados por las familias mexicanas. El fenómeno guadalupano pertenece al pueblo y, como aporta el papa Francisco, ‘pueblo’ no es una categoría lógica o mística, sino una categoría mítica: “La palabra pueblo tiene algo más que no se puede explicar de manera lógica. Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales”.

La pandemia de COVID-19 ha privado a la sociedad mexicana de esta trascendente experiencia anual y no hay que minimizar los efectos que esto conlleve en los próximos meses. Sin embargo, ha sido un acierto de las autoridades buscar conjurar con esta dolorosa decisión otras verdaderas tragedias familiares que sufrirían ante el ignominioso silencio de quienes, pudiendo hacer algo, prefirieron no adaptarse. Además, aventuro, esta decisión podría ayudar a los fieles guadalupanos a comprender una riqueza de su devoción no advertida y que quizá la costumbre y el folclor disfrazan.

Cierto, hay voces de creyentes más cercanas al fariseísmo, que elogian otras experiencias de fe comunitaria frente al COVID; como la vivida este mes en el patriarcado ortodoxo en los Balcanes donde celebrantes y fieles sin vigilancia de medidas sanitarias participaron el domingo 22 en el funeral del patriarca serbio Irinej (muerto por COVID) quien, a su vez, había celebrado sin cuidados sanitarios al funeral del arzobispo montenegrino Amfilohije Radovic el 1 de noviembre (muerto también por COVID). Afirman que aquellos fieles fueron valientes por no supeditar a Dios ante la pandemia del coronavirus; pero en realidad, aquellos antepusieron la forma al fondo. Y ese es el error en la perspectiva que tienen de su fe y de su experiencia religiosa.

Me explico y concluyo: Se dice que la expresión ‘lengua muerta’ es sumamente precisa porque un idioma muere cuando ya no puede cambiar, cuando sólo se puede ‘aprender’ en el canon gramático, cuando no ‘vive’ ni ‘evoluciona’ en las relaciones ni en las conversaciones, ni en la literatura ni en la cultura de sus hablantes. El fenómeno guadalupano es un lenguaje vivo, que no se limita a los márgenes celebrativos formales, litúrgicos o tradicionales; que ha sobrevivido, madurado y se ha transformado radicalmente a lo largo de la historia. Este tiempo también es una prueba para reencontrar ese sentido, es una prueba para comprobar que más allá de la costumbre, hay un pueblo que vive su devoción abrazando con dolor el presente para sembrar el futuro de aprendizaje.

LEE Caso Cienfuegos: El dilema

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Caso Cienfuegos: El dilema

Felipe Monroy

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Es conocida la anécdota del general villista Pablo Seañez con el periodista norteamericano John Reed mientras iban en un carro para alcanzar al general Urbina allá en 1915. En el automóvil iban el general, un mayor de nombre Vallejo, Reed y una mujer embarazada (la llevaban a la ciudad para ver a un médico); al cruzar un arroyo, el auto se atoró, el general sacó la pistola y sugirió que, para aligerar el sobrecargado vehículo, había que matar al periodista. Vallejo convenció a Seañez de guardar la pistola mientras Reed se bajaba a empujar el carro. El general al final dijo riendo: “Bien, ahora llevamos un caballo más”.

La historia marca varias pautas a considerar: Uno, que las fuerzas militares en ocasiones pueden poner los recursos a su alcance para ayudar al pueblo necesitado (representado en la mujer embarazada). Dos, que ante los problemas, la decisión y la orden son prestas para responder a favor de un ‘bien mayor’, incluso si para ello se debe sacrificar algo o alguien; bien se dice que se rompe la soga por lo más delgado. Y tres, que a pesar de que el forastero o el periodista ponga de su parte la creatividad y el coraje para ayudar a desatorar una marcha detenida por la desavenencia, no será sino un recurso para la satisfacción de los mandos.

Viene todo esto a cuento por el caso del general Salvador Cienfuegos y su peculiar -y fugaz, si lo vemos bien- paso por la justicia norteamericana. La mayoría de los comentaristas de noticias considera que el affaire del general en Estados Unidos es un tema que no se puede minimizar. Desde su aprehensión en Estados Unidos hasta su retorno a México vía un acuerdo bilateral del que se desconocen todos sus matices, el asunto obliga a reflexionar quiénes son los personajes de la historia, cuáles son sus motivaciones y qué se ha sacrificado para intentar desatar ese nudo Gordiano que aún inquieta entre la sociedad.

En resumen, al general Cienfuegos -exsecretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Peña Nieto- lo aprehende la DEA en Los Ángeles el 15 de octubre pasado bajo la acusación de tres delitos de narcotráfico y uno de lavado de dinero; casi un mes más tarde, las autoridades de Estados Unidos entregan a la Fiscalía General de la República los documentos que soportan la investigación contra el general y configuran un acuerdo con el Estado mexicano para la repatriación del militar de 72 años. México tiene enfrente la obligación -legal, moral y hasta diplomática- para realizar todas las diligencias necesarias en el proceso contra Cienfuegos.

Para la Fiscalía no es sino un escollo en el que hay demasiado peso como para continuar avanzando en otros casos de corrupción que también reciben presión especialmente de la ciudadanía. La respuesta: aligerar la carga. Para el general Seañez la respuesta era obvia al aniquilar a una de las partes; el periodista Reed sabe que debe ser él quien apoye antes de que lo hagan ayudar contra su voluntad.

Ningún recurso, en el fondo, es inagotable y la Fiscalía seguro no goza de todos los necesarios para atender los procesos que tanto Presidencia como la ciudadanía le exigen y menos cuando le derivan uno del calibre del Caso Cienfuegos. Alguno de los casos debe poner a enfriar, alguno deberá abandonar en el camino, aniquilarse para salir de escollo en que se encuentra la Cuarta Transformación. ¿Qué casos debería ir soltando? ¿Collado, Serna, Ancira, Calderón, el huachicoleo, Videgaray, Lozoya, Peña, Ayotzinapa, al exsuperdelegado en Chihuahua, al grupo élite de la Marina, a la empresa Iban Wallet?

Para los medios de comunicación, la persecución de ‘los peces gordos’ siempre es un atractivo noticioso, pero tiene sus consecuencias. Las manifestó con claridad meridiana el fiscal de la zona norte en Chihuahua, Jorge Nava a inicios de noviembre: La Fiscalía General de la República no tiene tiempo, ni recursos para investigar ni procurar justicia a los miles de crímenes de índole federal que se cometen todos los días en el territorio mexicano. El resultado: impunidad por encima del 95% en casos donde se requiere la acción de las instancias federales. Eso, sin contar los errores que comienzan a acumularse en la dependencia: La mala integración del caso contra los militares implicados en el Caso Ayotzinapa dan una muestra de ello.

Adivine quién va a bajarse a empujar para salvar el propio pellejo.

LEE Abusos sexuales en la Iglesia, después del Informe McCarrick

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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