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Columna Invitada

Políticas públicas para la paz

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Por Antonio Maza Pereda

El pasado 11 de marzo, como se comentó en estas líneas, hubo una reunión de obispos, miembros de la orden jesuita, religiosos y religiosas, así como seglares católicos organizados, junto con la prensa y una gran variedad de invitados. Reunión diseñada para recibir a los candidatos a la presidencia de México. En el evento se le pidió su adhesión a un programa para lograr la mejora de la paz en nuestro país. A los candidatos se les entregó con anticipación un diagnóstico y un amplio documento titulado: Compromiso por la paz, estrategias de políticas públicas para la paz. El diagnóstico se creó por los asistentes a una gran cantidad de foros sobre el tema, con más de veinte mil participantes, y el documento que en este artículo se comenta, fue elaborado por cincuenta expertos. Ahí se presentan ciento diecisiete estrategias de políticas públicas sobre la cuestión.

Es un documento valioso. Para el ciudadano normal, requiere de amplia difusión, debate y, posiblemente, habrá que aceptar que pudiera haber algunas ideas para enriquecer su contenido. Un buen trabajo, ciertamente esperanzador, que habrá que cuidar y vigilarlo, si es que queremos dejar a nuestros hijos una situación de paz sostenible.

De un análisis somero, cómo puede hacer un ciudadano común, se ve que se proponen algunas políticas de corto plazo, entendiendo por ello las que se cumplirían en un plazo de dos años. La mayoría de las propuestas son de mediano plazo, que se cumplirían dentro de un sexenio o de largo plazo, que requieren dos sexenios o más. Y un número interesante de planteamientos son de muy largo plazo, sobre todo aquellos que requieren de un cambio cultural de fondo, por ejemplo: lograr un Estado de derecho, o construir confianza entre ciudadanos y las fuerzas del orden. Cambios que podrían llegar a requerir, en algunos lugares, hasta una generación.

Para esas políticas de largo y mediano plazo deberían diseñarse logros de corto plazo, que puedan mantener el entusiasmo de la población en un asunto tan importante como este. A esta altura del asunto, no hay todavía un programa con tiempos, metas e indicadores de desempeño. Eso debería ser la primera actividad, una vez que se haya definido la sucesión presidencial y estas propuestas, esperamos, se hayan convertido en políticas.

Algo importante y realmente básico es que para varias de las estrategias se recomienda la participación ciudadana y de organizaciones intermedias no gubernamentales. Este es un punto fundamental. Si se pretende tener este tipo de apoyo en los tres niveles de gobierno, es bastante claro que un número muy importante de ciudadanos se requerirán, para hacer una vigilancia efectiva del cumplimiento de estas políticas. Además, habrá que considerar que se requeriría su capacitación, el apoyo para evitar que puedan ser violentados y, de manera considerable, dar soporte a estos organismos ciudadanos, de manera que no puedan ser cooptados por los partidos políticos o por la delincuencia.

Claramente, se necesita discutir y debatir a fondo estos planteamientos. La firma de los documentos no es una garantía suficiente para asegurar su cumplimiento. Y también es cierto que estas propuestas para la reconstrucción de la paz deberían considerarse como una obra en proceso. Tener en cuenta que este ha sido un esfuerzo titánico, pero que requiere todavía mucha clarificación. Sobre todo, establecer con precisión, hasta donde sea posible, cuál es la secuencia para su implementación, cuáles serían los indicadores de gestión que permitan saber si se está avanzando y poder intervenir a tiempo si la ejecución se está estancando. Así como establecer las prioridades que, casi con total certeza, dependerán de la disponibilidad de los recursos que, en este momento del proceso, aún no se han definido. Pero que seguramente serán cuantiosos. Habrá que ver cuál será el origen de estos recursos.

Probablemente, lo más importante de este punto es el hecho de que diferentes miembros de la sociedad civil han dado un paso al frente y se están haciendo responsables de participar activamente en el diseño de soluciones para un problema tan grave como este. Esto es algo único. Generalmente, la ciudadanía se ha limitado a señalar deficiencias, esperando de los políticos que ofrezcan soluciones. Un largo período de inoperancia de la clase política para contener el crecimiento de la violencia ha hecho que la ciudadanía ya no confíe en que ofrecerán diagnósticos y políticas suficientes.

Y no es que la violencia sea algo nuevo. Hay quienes dicen que el problema viene de los tres sexenios anteriores, pero claramente en nuestro país ha habido este problema desde mucho antes. Ya en 1909, se publicó en la prensa de los Estados Unidos una colección de artículos titulada “México Bárbaro”, donde se pintaba crudamente este tema en nuestro país. Ensañamiento que se ha incrementado por el desarrollo de armamento mucho más letal y el crecimiento importante de la venta de este. Ya en los finales del siglo XX, el gobernador de uno de los estados con mayor criminalidad en ese tiempo, dijo públicamente: “El problema no es la delincuencia organizada, sino la delincuencia desorganizada”. Con lo cual estaba haciendo referencia al hecho de que había una relación entre la policía judicial y los delincuentes, con lo cual se les establecían límites y territorios a cambio de no hacerles un combate frontal.

La crudeza del asunto lleva a la sociedad civil a dar un paso al frente. Y no es que sea el único tema. Problemas como la salud, la corrupción y la educación son probablemente tanto o más importantes que el asunto de la violencia y seguramente su solución contribuiría a la reducción de esta. Esos asuntos, siendo tan relevantes, no tienen un efecto tan agudo sobre el ánimo de la población. La solución de estos podría requerir seguir un proceso similar: diagnóstico y propuesta de políticas, así como el seguimiento social a su implementación.

Claramente, la clase política nos queda a deber. Ya no bastan declaraciones, descalificaciones y mecanismos similares para paliar el descontento de partes importantes, probablemente mayoritarias de la ciudadanía. La política es demasiado significativa para que sea el monopolio de los políticos. En esta situación de la paz, la ciudadanía está dando un paso al frente. Ojalá sea el primero en muchos de otros asuntos de los que adolece nuestra sociedad.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Columna Invitada

Primer debate: ¿Quién ganó?

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Por Antonio Maza Pereda

Una pregunta que, en principio, parece un tanto ociosa. Nadie, por supuesto, va a aceptar qué ha perdido: todos se han declarado ganadores y han presentado encuestas que, generalmente, apoyan su causa.

Habría que empezar por preguntarnos: ¿a qué le llamamos ganar? El objeto de un debate es informar, convencer y apoyar a la decisión del voto. Y si no lo logra, malamente se puede decir que fue un buen debate. La pregunta no debería de ser quién ganó, sino de qué manera ha cambiado la intención del voto a favor de los debatientes. Esto es mucho más difícil de medir. Habría que tener un grupo de votantes a los que se les midiera la intención de voto antes y después del debate y medir si realmente hubo una diferencia. Sin haber hecho algo así, no se puede decir si el primer debate contribuyó a cambiar la decisión de voto. Y aun haciéndolo así, la auténtica respuesta se sabrá hasta que se den las elecciones. Habrá que esperar para poder responder a esta pregunta.

En cuanto al tono de los candidatos, podría decirse que Xóchitl Gálvez estuvo generalmente a la ofensiva, Claudia Sheinbaum estuvo mayormente a la defensiva y Álvarez Máynez estuvo tratando de desmarcarse de ambas posiciones. Con la ventaja de que no tenía nada que defender.

El énfasis de las candidatas fue sobre el pasado, con pocas ideas a futuro. Hubo pocas sorpresas, pocas ideas realmente nuevas y una gran cantidad de generalidades. Por poner un ejemplo, para acabar la corrupción se habló de evitar la impunidad. Lo cual es una generalidad: nadie va a decir que está en favor de la impunidad. Lo importante, y nadie lo dijo, es cómo lograr que no exista la impunidad. Crear nuevas organizaciones para substituir a las que actualmente son inoperantes, sigue siendo una propuesta insuficiente. Falta más detalle y, en todo caso, hay que reconocer que se requieren estudios más profundos.

En el caso de las candidatas, la impresión es que están tratando de convencer a los que ya están convencidos. Hablaron para su núcleo duro, y muy poco para los indecisos, y mucho menos tuvieron argumentos para cambiar la intención de aquellos que ya han decidido su voto. No cabe duda de que tienen mucha confianza en los partidos que las cobijan. O al menos eso es lo que refleja su discurso.

Claro que los candidatos tienen una fe, casi religiosa, en que las soluciones a los problemas nacionales están en los partidos. Y es de esperarse. Prácticamente, hubo pocas referencias para reestructurar el gobierno dándole más participación a la sociedad civil. Obviamente, esto fue mucho más claro en el caso de la doctora Sheinbaum, que por sus convicciones de izquierda considera que el gobierno debe de tener el papel más importante posible en la conducción del país. Probablemente, a algunos nos hubiera gustado escuchar que se le dará a la sociedad civil un papel más relevante en los asuntos públicos.

Se criticó mucho el esquema para el debate, que decidió el Instituto Nacional Electoral (INE). El formato fue rígido, con un exceso de temas, y estorbó que se pudiera profundizar en muchos de ellos. A pesar de que fue un debate muy largo, de 2 horas. Hay que reconocer, por otra parte, que en nuestro país tenemos poca costumbre de debatir. Esto se ve tanto en esta clase de eventos como en la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales. Abundancia de ataques, insultos, epítetos y una gran ausencia de argumentación lógica. Probablemente, no es nuestra culpa: hay poco debate público y pocos ejemplos de debates presidenciales. En otros países, desde la secundaria se empiezan a formar equipos de debate, se hacen torneos y el público asiste a estos, con lo cual se tiene una idea mucho más precisa de cómo se llevan a cabo estos eventos. Aún nos falta bastante por aprender.

También se puede criticar a los moderadores. De ellos se puede decir que fueron neutros en exceso y les permitieron a los participantes salirse de las reglas, negarse a contestar lo que se les preguntaba, evadir los temas y se quedaron en la administración de los tiempos. Que, por cierto, fueron bastante bien manejados.

Sin llegar a los niveles de los insultos, hubo ataques que en algún momento llegaron a lo personal. A la doctora Sheinbaum se le acusó de ser una mujer fría y sin corazón, una verdadera dama del hielo. Como si eso fuera lo importante. Grandes mujeres gobernantes, como Margaret Thatcher, la dama de hierro, y Golda Meir podrían haber sido consideradas como poco cariñosas, y eso no hizo que fueran malas gobernantes. Del otro lado, la doctora Sheinbaum evitó cuidadosamente decir el nombre de Xóchitl Gálvez y en todos los casos se refirió a ella como la candidata del PRIAN. Confiando, evidentemente, en que ese apodo le funcionó bastante bien al presidente López Obrador en su debate y durante sus famosas mañaneras. Hay algo de cierto: el lastre más importante que tiene la ingeniera Gálvez es el desprestigio de los partidos que la promueven. Y, evidentemente, doña Claudia se encargó de que no se nos olvidara quién la patrocina.

El maestro Álvarez Máynez cayó en lo mismo: hablando constantemente de la vieja política, entendiendo por ello los actuales partidos políticos y sus coaliciones, contra la nueva política representada por su partido. Todo lo cual desdice del concepto de la discusión. Se dice que en un debate cuando empiezan los insultos y descalificaciones es porque se acabaron los argumentos. El invitado de piedra en el debate fue AMLO. No se le atacó de manera directa ni se le defendió explícitamente. Pero muchas de las críticas tuvieron que ver con sus decisiones de gobierno.

Un argumento de la doctora Sheinbaum es que de los presentes en el debate ella era la única con experiencia de gobierno. Lo cual en cierto modo es verdad: ninguno de sus oponentes tiene la experiencia de gobernar una entidad con 9 millones, doscientos mil habitantes, más otros 3 millones de población flotante. Pero si eso fuera un argumento válido, significaría que solo los que pertenecen a los partidos en el poder o que participaron en ellos cuando esos partidos tuvieron cargos públicos, serían los adecuados para gobernar. De hecho, es un argumento para justificar la permanencia en el poder de la clase política. Si lo creemos, estaremos aceptando que solo los partidos nos pueden gobernar.

Pero finalmente sí se puede hablar de un ganador. Uno que, hasta donde me doy cuenta, no se ha mencionado. Y ese ganador es la sociedad civil. Las cuestiones seleccionadas entre los miles que se remitieron al INE, fueron preguntas muy válidas, que van al fondo del asunto de la mejora en nuestra situación política, económica y social. Expresadas de manera clara y contundente. Una vez más, el ciudadano de a pie, el sin poder, está demostrando que tiene más claridad en cuanto a las necesidades del país y las áreas que requieren mejora, en tanto que la clase política pretende darnos las mismas recetas que ya han fracasado una y otra vez.

¿Quiere decir todo esto, qué la idea de tener debates es inútil? ¿Es insuficiente? De ningún modo. El formato requiere una cirugía mayor, pero estamos a tiempo de modificar la forma de los debates para que sean más significativos. En cambio, tener una verdadera cultura del debate es algo que requerirá enseñanza, una práctica muy extendida y bastante tiempo. Lo cual no quiere decir que se abandone. Al contrario: urge formar a nuestros jóvenes y a la población en general en el uso de los debates en otra clase de asuntos, de manera que logremos práctica en estos menesteres.

Quedan aún dos debates por delante en esta campaña electoral. Se tienen que hacer cambios importantes, tanto en la forma como en el fondo, para que estos debates contribuyan a evitar el abstencionismo y permitan, a las grandes cantidades de indecisos, tomar una resolución informada para ejercer su voto.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Eclipse 2024, en la Arquidiócesis de Durango

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Por María de Lourdes Rodríguez

Un acontecimiento extraordinario que nunca antes había presenciado. Meses antes del día de hoy, leí en redes sociales, cómo se estaban preparando en todo el Estado de Durango, personas de la Nasa, astrónomos y aficionados. Reservando lugares privilegiados para el día 8 de abril.

Todos los periodistas, comunicadores e influencers, centrados en este acontecimiento. Invirtiendo y gastando recursos para documentar el eclipse solar 2024.

Todos vimos cómo ofrecían lentes para ver el eclipse, lugares estratégicos para observarlo. E información de qué sí y qué no se puede hacer durante el eclipse. Algunos datos científicos, asertivos y otros charlatanes y/o fake-news, sensacionalistas.

Pero en este momento quiero centrarme en lo esencial. En el fenómeno sobrenatural. Una experiencia sobrecogedora, mágica. De fuerza irresistible. Así me imagino que es el amor de Dios, un amor como el de San Pablo, un amor como el de los mártires, que se vencen a sí mismos para dar la vida por Cristo.

Es una locura, observar como paulatinamente a medio día la luz solar escapa para dar paso a la oscuridad. Y después de unos breves instantes vuelve la luz a brillar.

Cómo no creer en Dios y en su espíritu creador, cómo no voltear a ver el universo y experimentarte parte de un todo. Es la locura del amor, es la locura de la vida. Observa o recuerda esos instantes de locura y emoción antes y durante el eclipse del 8 de abril.

Podrás creer o no, podrás sentir o no, pero es innegable la fuerza de la naturaleza, así como es innegable el amor de los que dan su vida por Cristo. Por ello, admiro, contemplo y estudio la vida de los mártires. ¿Qué ven ellos? ¿Qué viven ellos? ¿qué observan ellos para dar su vida por Cristo? ¿Cómo oran? ¿Cómo viven? ¿Cómo aman?
Tendrán instantes de oscuridad, su amor se eclipsará, pero finalmente en su alma brilla la luz eterna.

Por ello te invito a documentarte y estudiar la vida de los mártires: San Mateo Correa, San Luis Batis, San David Roldan, San Salvador Lara, San Manuel Morales… entre otros.

Trae al presente el instante del eclipse y déjate sorprender por la verdadera Luz de la Resurrección de Cristo y su fuerza arrolladora… que une el día y la noche en un instante.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Unidad: ¿Un imposible?

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Por Antonio Maza Pereda

A casi 60 días de una de las elecciones más reñidas desde la Revolución Mexicana, todos los bandos se declaran triunfadores. Bueno, casi todos. Excepto los que no quisieron formar alianzas. Quienes, posiblemente, esperan vender caro su apoyo a quien resulte ser la mayor minoría, para que tenga gobernabilidad.

Muy pronto conoceremos el fruto de la siembra sistemática de odio que hemos tenido en este sexenio o, posiblemente, desde mucho antes. Una siembra en la que todos los bandos participaron y siguen participando, con singular alegría. Todos, pensando que ese es el camino para el éxito electoral. Los que, al no tener argumentos convincentes a su favor, recurren al insulto. Los que dicen a sus contrincantes conservadores y fachos o chairos y morenacos. Quienes creen el dogma de que: si demuestro que mi contrincante está mal, quiere decir que yo estoy bien. Todos, o casi todos, apostando contra la unidad de los mexicanos.

Pero ¿realmente es posible la unidad en un país? ¿O, en una familia? ¿En una organización religiosa o política? ¿O cualquier otro tipo de organización? Parecería que no, y que buscar la unidad es una lucha inútil. Y, por lo mismo, innecesaria. Si estamos convencidos de que la división está dando un lucro electoral, entonces ese es el camino a seguir. Por lo tanto, entre más insultemos al contrincante, tanto mejor. Entre más fuerte sea el insulto, más poderoso su efecto y nuestra ganancia política. Además, como el electorado parece contento con esa polarización y se une al coro de insultos, ¿por qué cambiar? ¿Qué podría salir mal?

Posiblemente, estamos confundiendo dos conceptos muy parecidos: Unidad y Unanimidad. Dos visiones diferentes. La unanimidad es tener, etimológicamente, una sola alma. Un solo pensamiento. El mismo ánimo. Sin disidencia. Nadie difiere. Todos, absolutamente todos, de acuerdo. Siempre. En todos los temas. Algo, claramente, imposible. Solo por el hecho de que tenemos libre albedrío. No somos una colonia de bacterias, una manada de ovejas, una parvada de pajarillos. Somos algo más. Somos seres humanos.

Y para lograr esa unanimidad, la receta de muchos es declarar a quien difiere como un no-humano. Quien no piensa como la mayoría, no es mexicano. O, por lo menos, no es un buen mexicano. En el extremo, es un gusano, como decía Fidel Castro de sus opositores. O eran de una raza inferior, como decía Hitler: personas que parecían humanos, pero no lo eran.

Vista de esa manera, la unanimidad tiene un fuerte tufo de tiranía. Huele a dictadura. A dictadura perfecta, como se dijo de los regímenes emanados de la Revolución Mexicana. Y a esa unanimidad hay que darle apariencia de realidad. Que parezca que hay democracia. Por ejemplo, con las votaciones a mano alzada, tan típicas de los ejidos y en algunos sindicatos. Donde el voto no es libre ni secreto. Donde quien no está de acuerdo, se pone en peligro. La aparente democracia de las asambleas, tan en boga por los líderes universitarios del pasado y que ahora nos gobiernan. Las decisiones tomadas en los mítines políticos, sujetos a la manipulación del mejor demagogo, decisiones tomadas por medio de las emociones del momento. Donde muchos no se atreven a diferir, porque no hay la salvaguardia del voto libre y secreto.

No, la unanimidad no es posible. Siempre habrá quien difiera. Y es normal. Más aún, es necesario, es útil. Nos obliga a pensar, a mejorar nuestras decisiones. A cuestionar y mejorar nuestros argumentos. Porque somos humanos, autónomos, con libre albedrío. La unidad, en cambio, si es posible. No busca la unanimidad. Acepta que existen diferencias, pero las asimila y crea mecanismos para poder llegar a acuerdos cuando no bastan los debates, las discusiones o las argumentaciones. Es estar de acuerdo con el modo de administrar las diferencias de opinión. Como es el intento, siempre mejorable, de la práctica democrática. Sobre todo, el mecanismo del voto libre y secreto. Pero también el concepto de los balances y contrapesos, hoy tan atacado en la práctica.

Eso sí es posible. Tener unidad en lo fundamental y aceptar que diferiremos en lo accesorio. Y aceptar que habrá minorías que serán incluidas en el diseño de leyes y reglamentos. Y, al mismo tiempo, aceptar que habrá que cumplir esas leyes, hacerlo porque creemos que el modo como se crearon tomó en cuenta, y se debatieron, todas las opciones. Nada fácil, pero necesario.

De fondo, podemos y debemos buscar una cierta medida de unidad, sabiendo que no tendremos unanimidad absoluta. Buscar lo mejor para nuestra nación. Porque nos queremos. Porque actuamos de buena fe y creemos que los demás, al menos la mayoría, actúan de buena fe. ¿Difícil? Claro. Décadas de sembrar el odio, dan resultados: desconfianza, división, polarización. Una gran dificultad para llegar a acuerdos. Dudar permanentemente de nuestros conciudadanos. Dudar hasta de su humanidad, y actuar en consecuencia. Tener una gran dificultad para dar marcha atrás, reconocer nuestros errores y estar dispuestos a corregirlos. Repito: algo muy difícil. Pero, si no queremos que la nación se nos desmorone entre las manos, esa es la tarea que nos queda. A todos los partidos, así como a los sin partido, los sin poder y al ciudadano de a pie.

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Zacatecas: resplandor de México

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Por María de Lourdes Rodríguez

Casi 100 años han transcurrido desde la revolución Cristera, donde miles de nuestros hermanos combatieron por nuestra fe.

Al grito de ¡viva Cristo Rey! ¡viva la Virgen de Guadalupe!, fueron perseguidos.

De los primeros en dar su vida por Cristo y por su Iglesia fueron orgullosamente : San David Roldán (patrono de los jóvenes), San Salvador Lara (patrono de los charros), San Manuel Morales (patrono de las familias) y San Luis Batis. Todos ellos en Chalchihuites, Zac. (Santos Lugares), dieron su vida defendiendo la fe, el amor a la familia y a los valores cristianos.

San Juan Pablo II los beatificó en noviembre de 1992 y los canonizó el 21 de mayo del año 2000, siendo en total 25 Mártires mexicanos llevados a los altares, de esa guerra fratricida innecesaria.

Por este motivo en Chalchihuites, Zacatecas iniciamos la construcción de un Santuario en su nombre, sumándose también la memoria de otro Santo mártir de la Guerra Cristera, San Mateo Correa (Tepechitlán, Zac.) un sacerdote, humano, cercano y gran evangelizador de Cristo Rey; mártir del secreto de confesión, fusilado en la ciudad de Durango el 6 de febrero de 1927, y como les informamos en nuestra catedral zacatecana se veneran sus restos.

Zacatecas tierra de Mártires. tierra de paz y de valores muy mexicanos, como el respeto, el amor a la familia, a la dignidad humana y a nuestros hijos, etc.

Sabemos que como dice la marcha de Zacatecas: marchemos ya con valor, con fino ardor, con gran valor, hasta vencer, hasta vencer o hasta morir… Así vivieron nuestros Mártires, con gran valor, hasta morir en la raya; dieron su vida por Cristo, con gran honor, con libertad, por nuestra patria y por nuestros hermanos.

Por ello se merecen y nos merecemos este Santuario, por ello nos urge ser parte de esta historia y compartir la vida ejemplar de estas grandes personas.

Es un Santuario en los límites de nuestro Estado con el Estado de Durango. Construir un Santuario, no son sólo erigir paredes, sino cambiar mentalidades y venerar con honor a quien honor merece. Recordando también que detrás de todo mártir está Dios y él es quien nos guía para encontrar la Paz y el auténtico Amor.

Zacatecas, conoce tu historia y revive tu fe y tus valores al grito de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

Zacatecas, resplandor de México… se han escrito muchas letras de sangre, si Usted tiene información o alguna orientación, comuníquese al correo martiresduranguensessantuario@gmail.com o al WhatsApp 618 839 5000

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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