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Columna Invitada

Relaciones, palancas y buenos amigos

Esa manera dicotómica de organizar la historia nacional.

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Por Ignacio Anaya Minjarez

Centralistas, federalistas, hombres de bien, hombres del progreso, liberales y conservadores son algunos de los términos que se han empleado por los historiadores para definir los diferentes bandos de la política decimonónica en México. Esa manera dicotómica de organizar la historia nacional. Pero esta mirada representa un panorama general sobre una situación del país que, si bien tiene cierta validez, también carece de un elemento importante que estuvo presente dentro de la política del país: las relaciones personales. No se podrían entender las acciones, los intereses y el escala a lo más alto en ciertos personajes destacados de la política mexicana sin ver los nexos que crearon en su etapa temprana mediante alianzas familiares, con el objetivo de satisfacer ciertos objetivos e ambiciones. Es cierto que este fenómeno sucedió en todo el país, las relaciones entre individuos crearon fuertes familias en diferentes estados, mismas que suelen ser recordadas con escuchar los apellidos. El poder de estos grupos creó una política estatal ajena a lo que sucedía en el centro y de la cual surgieron grandes caudillos.

El estado de Sonora no fue la excepción. En efecto, fue parte de un sistema que provino desde el último siglo del virreinato y que se mantuvo durante todo el siglo XIX. El historiador Ignacio Almada en su texto De regidores porfiristas a presidentes de la república (2010) da algunas de las siguientes razones por las cuales se crearon redes de parentesco de gran poder en este estado: “Las redes de parentesco florecieron durante las reformas borbónicas y participaron en la producción y control de la violencia en Sonora a partir de 1821, puesto que la sociedad blanca y mestiza estaba fundada sobre bases militares para sobrevivir y valoraba el liderazgo basado en el poder personal”. Un elemento fundamental que produjo el gran surgimiento de caudillos en el norte durante el siglo XIX fue la localización geográfica y aislada del centro del país. Cierto es que llegaban noticias de la situación general de la nación, pero al final la realidad de un estado como Sonora, tan cerca de Estados Unidos, con sus propios conflictos, era diferente a los temas de interés para el centro. También estuvo presente el conflicto con diversos grupos originarios, sobre todo los apaches. Por ello, como menciona Almada, la formación de redes de parentesco con el fin último de sobrevivir jugó un papel importante, aunque si bien es cierto que hubo otros intereses que jugaron un gran papel.

Con la llegada de Porfirio Díaz al poder, hubo un nuevo giro en la política estatal. El presidente, sabiendo por experiencia el peligro para su política que representaban los caudillos estatales, implementó reglas para tener un mayor control sobre los estados. En ocasiones se presentó a sí mismo como un mediador durante elecciones o llevó a cabo negociaciones con las facciones.

En Sonora, para personajes como Obregón sus relaciones de parentesco se vieron beneficiadas bajo la presidencia de Diaz, misma razón que explica la acción tardía de este personajes en la revolución.

Con la muerte de Venustiano Carranza comenzó el dominio del grupo Sonora conformado por Álvaro Obregón, Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles. Desde dichos personajes comenzaron los inicios de un sistema político que dominó hasta finales del siglo veinte la política mexicana. Tuvo que cambiar de nombre, transformarse, cambiar ciertos de sus métodos, pero al final se mantuvo por décadas, no sin uno que otro compadrazgo o nepotismo ahí dentro . ¿Qué tanto aún queda de las relaciones de parentesco en la política mexicana? Sobre todo la influencia de varios actores sonorenses que iniciaron sus procesos desde muy temprano. Sonora fue un caso de muchos, ahora en las noticias y aludir al pasado en este texto no tuvo la intención de decir que la historia se repite, sin embargo, no se deben ignorar aquellos elementos de dentro de las maniobras políticas, como el llegar a un puesto por alguien cercano, provenientes de procesos más largos.

@IgnacioMinj

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Columna Invitada

¿Hay que temer a la Inteligencia Artificial?

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Por Antonio Maza Pereda

Una discusión importante en este año 2024, a nivel mundial, con mucha probabilidad, será sobre la Inteligencia Artificial. Ya ha sido propuesta por el Papa Francisco como el tema de reflexión para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Sin duda, también habrá otros muchos que sigan este camino. En las discusiones del Foro Económico de Davos, a principios de este año, la mayor parte de los líderes estuvieron de acuerdo en que la Inteligencia Artificial es una gran oportunidad para el desarrollo económico… Siempre y cuando pueda ser utilizada de una manera responsable. Ellos hablaron de la necesidad de crear salvaguardas, para evitar que su uso dañe a algunos sectores de la población mundial.

Comentaba en estas páginas que algunas de las grandes firmas de consultoría mundiales consideran que, en los próximos años, la Inteligencia Artificial agregará valor a la economía mundial de una manera impresionante. No falta quien habla de que cada año se generará un valor económico como el que genera Estados Unidos en dos años. Lo cual es algo realmente enorme; difícilmente se puede hablar de alguna tecnología que haya producido tanto valor tan rápidamente.

Esto, sin embargo, tendría que balancearse, viendo cuál sería el efecto de la Inteligencia Artificial en el empleado y su remuneración. Esas mismas compañías de consultoría estiman que, cuando la Inteligencia Artificial esté plenamente aplicada, los trabajadores dedicados a labores repetitivas, y que no tienen que ver con tecnologías informáticas, dejarán de ser indispensables. Y calculan que, en algunos años, los ingresos de este tipo de personal habrán disminuido en un 30 %. Los entusiastas de la Inteligencia Artificial hacen las suposiciones de que ese personal podrá ocuparse en otros tipos de trabajo, que por definición serían aquellos que requieren de capacidades de manejo de las tecnologías informáticas en tareas que no sean repetitivas.

Guardando las distancias, eso fue lo que ocurrió durante la Revolución Industrial. Los artesanos, en términos generales, fueron sustituidos por maquinaria que generaba productos bastante aceptables, pero tal vez no tan buenos como los que generaban los artesanos. En cambio, los obreros no requerían capacitación, porque el trabajador se volvía alguien que no requería de habilidades especiales y se ocupaba en actividades repetitivas, como la de alimentar a las máquinas con la materia prima que requerían. Y ese personal no necesitaba de un intenso entrenamiento, por lo que era fácil de sustituir y, en consecuencia, recibía una remuneración mucho menor. Es en esa época en la que se crea el proletariado y se empieza a hablar de la explotación del obrero por el capital.

Tuvieron que pasar decenas de años para que, en los países desarrollados, se recuperara el salario de los obreros, en buena parte gracias a la especialización de los mismos. Y todavía quedan grandes cantidades de personal muy mal pagado en los países con escaso desarrollo. Un tema tan importante que dio lugar a documentos papales como la encíclica Rerum Novarum, que se ocupó entonces de un asunto que anteriormente no significaba un problema agudo.

La cuestión de la Inteligencia Artificial ya ha sido tratada anteriormente, aunque de una manera sensacionalista. Como en la película “2001, Odisea del Espacio”, donde una computadora inteligente trata de acabar con un ser humano y solo en el último momento este se salva. O más recientemente, las películas con los argumentos del “Terminator”, donde las máquinas inteligentes se escapan del control y amenazan a la humanidad.

Probablemente, estamos muy lejos de llegar a una amenaza tan exagerada. Pero ya están ocurriendo algunos conflictos que preocupan. El año pasado, entre las huelgas que hubo en la industria cinematográfica, un tema relacionado directamente con la Inteligencia Artificial fue la huelga de los así llamados “extras”, actores poco sofisticados cuyo papel es completar escenas donde aparecen cantidades importantes de personas. Usando la Inteligencia Artificial, empezó a ocurrir que se captaban las imágenes de esos extras, se les hacía alguna ligera modificación a sus imágenes y se aprovechaba en otras películas haciendo el papel de los “extras” originales, a los cuales ya no había que pagarles. Y esto provocó una parálisis en esa industria de la cual todavía no se terminan de reponer.

Los entusiastas de la Inteligencia Artificial dicen que esos trabajadores desplazados podrán encontrar trabajo en las nuevas tareas que genere la Inteligencia Artificial. Pero aquí hay la situación de que esos actores, poco especializados y que solo saben hacer trabajos repetitivos, no podrán adquirir rápidamente las destrezas necesarias para convertirse en un trabajador que haga labores no repetitivas y que estén relacionadas con el manejo de la informática. No queda claro cómo se sostendrán las familias de esos trabajadores durante el período que necesiten para adquirir las habilidades necesarias para volver a ser empleables.

Probablemente, la Inteligencia Artificial tiene mucho sentido en los países que, por un lado, tienen una natalidad muy baja y un invierno demográfico, donde una parte importante de la población está jubilada y deberá ser sostenida por un número cada vez menor de trabajadores en edad laboral. En los países en desarrollo, en los países pobres, no solamente no hay esos problemas, sino que, además, no existen los recursos necesarios para tener el reentrenamiento masivo del personal que la Inteligencia Artificial desempleará, y el impacto puede ser severo.

¿Qué podemos esperar? Es pronto para pronosticar. Pero no cabe duda de que, si los líderes empresariales están hablando de la necesidad de controlar y hacer un uso responsable de la Inteligencia Artificial y, por otro lado, el pontífice de la religión más extendida del mundo dice algo parecido, cada uno desde su particular punto de vista, es que están viendo la necesidad de estudiar el asunto más a fondo. Y procurar que la Inteligencia Artificial también tenga corazón, como dice el Papa Francisco. Hay que revisar esta cuestión intensamente. Ciertamente, es el corazón quien tiene la capacidad de entender que no se trata nada más de generar mayor competitividad, a base de tecnologías que contribuyan a dar salarios cada vez más escasos a la gente que no tiene posibilidades de una educación avanzada.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Inteligencia artificial: ¿qué significa?

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Por Antonio Maza Pereda

La inteligencia artificial se ha vuelto el tema de moda, no únicamente en términos empresariales, económicos y tecnológicos, sino también en aspectos sociales. Podría verse la inteligencia artificial como una reacción ante lo que muchos llaman la era de la confusión, causada porque la creación de información se ha acelerado de tal manera que mucha no llega a ser aplicada y ni siquiera es reconocida como útil, ya que su absorción y utilización no sigue el ritmo de la innovación.

Claramente, estamos hablando de un gran negocio, con un fuerte impacto: el McKinsey Global Institute calcula que para el año 2030 la inteligencia artificial agregará a la economía mundial 13 billones (millones de millones) de dólares. Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a que cada 2 años se agregue a la economía mundial el equivalente a un país como Estados Unidos. O el equivalente de 10 economías como la de México cada año. Un asunto enorme.

Tan importante que hasta el Papa Francisco hecho una profunda reflexión sobre el tema. En su mensaje anual para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, habla de las luces y sombras de este desarrollo, reconociendo que pueden esperarse grandes beneficios, pero también el riesgo de llegar a una sociedad rica en tecnología y pobre en humanidad. Para lo cual, el Papa afirma que es necesario recuperar la sabiduría del corazón, que de alguna manera se pone en riesgo.

Claro, habría que empezar por aclarar de qué tipo de inteligencia estamos hablando. Y es que, de acuerdo con algunos especialistas, existen varios tipos de inteligencia: lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, kinestésico-corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista. De las cuales, al parecer, la llamada inteligencia artificial es mayormente de tipo lógico-matemático. Tampoco se habla mucho de que la inteligencia artificial se aplique a los conceptos de inteligencia emocional.

El tema de crear una inteligencia basada en computación no es algo nuevo: ya IBM en el año 2006 generó una computadora llamada Watson que es capaz de jugar al ajedrez y que en algún momento derrotó a algunos de los maestros mundiales en este deporte-ciencia. Pero claramente tenía una aplicación sumamente limitada. Más recientemente se le han encontrado algunos usos en temas como la abogacía y la medicina. En general, se le conoció como un sistema de toma de decisiones apoyado en computadora. También existe desde 1970 el concepto de inteligencia de negocios (business intelligence), muy publicitado. Pero que tiene una falla fundamental: supone que, para tener una toma de decisiones correcta, solamente basta tener capturada y sistematizada la información interna de la empresa, sin considerar información de los competidores, los proveedores y la tecnología. Con lo cual no se logra lo que se prometía.

Habría también que estar de acuerdo en qué entendemos por inteligencia. Para algunos estudiosos, podemos hablar de diferentes modos de agregarle valor a la información. Partimos de datos, muchos en cantidad, pero de poco valor. Cuando se les agrega un sistema, podemos recuperarlos a voluntad y se les llama información. Una vez validados y analizados, se les llama conocimiento. Con proyección de su impacto y sus tendencias, se les llama inteligencia. Todavía hay otro nivel: el de la sabiduría, que pocos realmente alcanzan. Hay pocos sistemas de computo que llegan a un nivel realmente inteligente. Y, por supuesto, es muy posible que tengamos información antigua, poco conocida y que no se ha considerado digna de ser digitalizada. Y también se dan retrasos: en algunas aplicaciones populares de Inteligencia artificial, hay preguntas que te responden diciendo: “Solo tenemos datos hasta el 2021”.

Hay otro tema: nos hablan de algoritmos que analizan la información, la agrupan de manera lógica, ven las frecuencias, las correlaciones y generan conclusiones. Pero nadie nos habla de algoritmos que tengan la capacidad de tener curiosidad. Y la ciencia avanza precisamente saliendo de lo conocido, encontrando campos donde las correlaciones no explican los fenómenos, encontrando discontinuidades en el razonamiento y en los datos.

Posiblemente, el gran riesgo de la inteligencia artificial es que lleve a un crecimiento del conocimiento, pero al mismo tiempo de una homogeneización del mismo, donde solo se opine sobre los aspectos en donde hay una gran cantidad de datos. Con lo cual, después de ese crecimiento del conocimiento, vendría un estancamiento. Claramente, hay muchos más impactos y vale la pena analizarlos con más detalle. Por lo cual habrá que tratarlo en otra ocasión.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Líneas de la batalla

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Por Antonio Maza Pereda

En estas semanas previas al inicio formal de la campaña presidencial, los equipos de las competidoras están dedicados a preparar las líneas para la batalla que se avecina. Podría decirse que las precampañas fueron una prueba piloto para probar diferentes conceptos y ver cuáles son los más exitosos. En el caso de una competencia electoral, en primer lugar, hay que ganarse a los indecisos, los que aún no han tomado una opción en firme. De ahí seguiría convencer a quienes votaron por nuestro partido, pero que no forman parte de nuestro núcleo duro. Y el último, el más difícil: lograr que miembros del núcleo duro del contrincante se pasen a nuestro bando.

Este modo de actuar, por supuesto, requiere mucho más de preparación y entender cuáles son las razones de los indecisos, que podrían conducirlos a votar. Los miles o posiblemente centenares de miles de votantes haciendo cola para obtener su credencial de elector, nos está diciendo algo: los vacilantes ya han tomado la primera decisión: la de participar. ¿Qué llevó a esos ciudadanos a dar el primer paso: el de tener la capacidad y el derecho al voto? Hasta este momento, no tenemos total claridad.

La oposición está ofreciendo más de lo mismo, de dos maneras: los ofrecimientos que hicieron cuando estuvieron en el poder y repetir una parte del programa de la 4T, tratando de convencer al votante de que las fallas fueron por ineptitud. Pero si se les confía el gobierno a personas más honestas y capaces, esos apoyos serán eficaces. Claramente, estamos viendo una ausencia de ofertas novedosas que puedan entusiasmar al votante. Se está apostando al hartazgo de la sociedad. De ser así, nos encontraríamos con una campaña para desprestigiar a la 4T. Algo que ya lleva cinco años y que no parece suficiente.

Los modos para desprestigiar seguirían siendo los mismos: encontrar nuevos ejemplos de corrupción, medir la ineficiencia y convencer al votante de que el País está en riesgo, de qué se juega la existencia de la democracia y que se avecina una crisis económica sin precedentes. A la oposición le urge recuperar la iniciativa mediante nuevos argumentos. Volver a ganar prestigio, aceptando las fallas del pasado y demostrando que se tienen ideas claras y nuevas. Por otro lado, esto significa deshacerse del lastre de desprestigio que tienen los partidos que forman la alianza opositora. No es fácil de convencer a los indecisos de que se tiene algo realmente nuevo. Una estrategia de auto ataque requiere de poder mostrar nuevas caras.

La 4T está apostando al prestigio del señor presidente. Hasta el momento su campaña se ha centrado en la continuidad, en magnificar los logros, tratar de explicar las fallas y los retrasos en los resultados que se han prometido, culpando a la oposición: encontrar excusas para las fallas mediante el ataque a los conservadores.

Los temas que importan a los ciudadanos y en particular a los que no forman parte del núcleo duro, los indecisos y quiénes en otro momento votaron por el gobierno actual, pero están decepcionados, son bastante claros. La seguridad, el nivel de vida, y la posibilidad de progreso, porque nadie quiere ser pobre, por más que nos traten de convencer de que con dos zapatos y un par de pantalones se puede tener una vida más feliz, que siendo un miembro de la clase media. Un número importante de electores a los que hay que ganarse son quienes llamaríamos los nuevos pobres, aquellos que, por la pandemia o por los cambios en el Gobierno, dejaron de pertenecer a la clase media. Ciertamente, los apoyos del Gobierno han reducido en parte la pobreza, pero, en términos absolutos, aumentó la pobreza extrema, según los datos del CONEVAL. También es cierto que la disminución de esta no ha sido homogénea: Chiapas y Oaxaca siguen teniendo índices muy altos de pobreza, y todavía no se mide el impacto de los desastres naturales en Guerrero.

Las remesas, un paliativo importante para la pobreza, ahora le rinden menos a quienes las reciben debido a la apreciación del peso. Si antes al recibir 100 USD se tenían 2000 pesos, ahora por esa misma cantidad reciben 1690. Y aunque todavía no tenemos una inflación catastrófica, esa remesa rinde bastante menos que lo que significaba antes de la depreciación del peso.

Tradicionalmente, los pobres en México, a diferencia de lo que ocurre en otros países, tienen esperanza. Muchos de ellos aspiran a que sus hijos tengan estudios y salgan de la pobreza, mientras en otros países la desesperanza les hace que ya no luchen por una situación mejor. En nuestra sociedad, posiblemente, quienes ya no tienen esperanza son los ancianos, quienes ya solamente esperan alguna medida de mejora basada en los apoyos asistenciales.

Y, naturalmente, el tema de salud y la falta de medicamentos son algo a considerar. La famosa mega farmacia no ha mejorado las cosas todavía, en buena parte, porque se ha hecho el supuesto de que el problema de falta de medicamentos es un problema de distribución. Uno que las poderosas farmacéuticas, se dice, no han podido resolver. Los resultados han sido verdaderamente decepcionantes. Se han surtido 67 recetas en cuatro semanas, que es más o menos lo que una pequeña botica puede surtir en un día. Y habría que conocer cuál ha sido el costo de distribución por receta surtida.

Hacen falta propuestas novedosas y diferentes de ambos bandos sobre cómo atraer inversión que genere nuevos empleos, cómo mejorar la seguridad más allá de la presencia de las fuerzas armadas y, sobre todo, cómo reducir la impunidad, qué probablemente lastima más a la Sociedad que la misma inseguridad. Para lo cual, hace falta invertir fuertemente en capacitación y equipamiento del personal técnico de las fiscalías en todos los niveles.

En fin, que la Sociedad está esperando propuestas muy concretas que no estén basadas en la imagen de las contrincantes o en el prestigio de sus partidos y mandatarios en los sexenios anteriores. Las candidatas están frente a una Sociedad decepcionada de la política y de los políticos, un electorado que ya no cree en nadie y que, en muchos casos, emitieron un voto de castigo a las dos grandes corrientes de la clase política. El gran tema es cómo recuperar la confianza y el entusiasmo del electorado.

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Construyendo un futuro sano, lecciones del Estudio ACES

El estudio ACES surgió originalmente de una investigación a gran escala realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y Kaiser Permanente

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Por Oscar Joe Rivas. Director Newman Institute

En los últimos tiempos, el estudio ACES (Experiencias Adversas en la Infancia, por sus siglas en inglés) ha acaparado una gran atención en los campos de la psicología y la medicina. Esta investigación pionera estudia las repercusiones psicológicas y físicas a largo plazo de las experiencias negativas durante la infancia sobre la salud y el comportamiento en la edad adulta.

El estudio ACES surgió originalmente de una investigación a gran escala realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y Kaiser Permanente. Identificó diez tipos de adversidades en la infancia, incluidas diversas formas de abuso, negligencia y disfunción en el hogar. Estas adversidades se han relacionado con una serie de problemas sociales y de salud a largo plazo, como enfermedades mentales, abuso de sustancias y enfermedades crónicas como la diabetes y las cardiopatías.

¿Por qué es importante conocer el Estudio ACES? En primer lugar, el estudio proporciona información crucial sobre cómo las experiencias tempranas influyen en los resultados de salud en la edad adulta, poniendo de relieve la necesidad de intervención y apoyo tempranos. Al comprender las consecuencias de las experiencias infantiles adversas, los profesionales sanitarios, los educadores y los responsables políticos pueden desarrollar estrategias más eficaces para mitigar estos efectos.

Además, el estudio ACES destaca la importancia de un entorno de apoyo y cuidado para los niños. Subraya el papel de los educadores, los padres y las comunidades en la creación de un espacio seguro para que los niños crezcan y prosperen, libres de abusos y negligencias.

Las implicaciones del estudio ACES son de gran alcance. No sólo ofrece una mejor comprensión de la salud y el comportamiento individuales, sino que también arroja luz sobre cuestiones sociales más amplias. Abordando y previniendo las experiencias infantiles adversas, podemos trabajar por una sociedad más sana y resistente.

Este enfoque educativo del estudio ACES es crucial para fomentar una generación más sana física y mentalmente. Exige un esfuerzo colectivo para reconocer y abordar las adversidades de la infancia, garantizando un futuro mejor para todos.

En México, por ejemplo, la mayoría de la población ha sufrido por lo menos una adversidad; y una de cada cinco personas podría haber sufrido tres o más experiencias adversas en su infancia. La ciencia validada por el Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard y adoptada como política pública en materia de salud por varios países de primer mundo, tiene la capacidad de ofrecernos datos que explicarían el riesgo atribuible de la mitad de la depresión en la población de nuestro país, 40% de la obesidad, 30% de la diabetes de la población mexicana y más del 50% del consumo de adictivo de drogas inyectables.

La relevancia de mirar los problemas psicológicos desde una mirada epidemiológica y con un impacto a la salud es una innovadora forma integrativa de análisis y atención en la que el doctor Bessel Van Der Kolk (autor del bestseller El cuerpo lleva la cuenta) ha sido un pionero mundial del campo de la Psicotraumatología. Será un privilegio tenerlo en México por vez primera los días 29, 30 y 31 de enero próximos en la que impartirá una conferencia latinoamericana de Trauma Psicológico en la Universidad Anáhuac.

@newmaninstitute

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