México
Formar residentes especialistas exige también cuidar a quienes sostienen la vida
Ciudad de México.- Las residencias médicas mantienen vivos a los hospitales y forman especialistas, pero hoy también abren la oportunidad de reconocer y cuidar el bienestar humano de quienes sostienen el sistema.

En México, miles de médicos residentes garantizan atención continua en hospitales públicos y privados.
Aprenden mientras atienden, deciden y acompañan a pacientes en momentos críticos. Ese esfuerzo sostiene al sistema de salud, aunque pocas veces se acompaña de escucha y cuidado emocional.
La historia de Abraham, médico residente, y el testimonio de la doctora Leslie Karime Orio Torres, su pareja, ambos médicos residentes en la Clínica 25 de Monterrey, en el estado de Nuevo León, colocan rostro y voz a una realidad que durante años permaneció normalizada. No acusa. Interpela desde la experiencia humana.
“Parece ser que ustedes tienen que importarle a la gente”, expresó la doctora Orio Torres en entrevista exclusiva con Siete24 Noticias. “Para eso se preparan, para devolverle su salud, pero también parece ser que al médico nadie lo escucha”.

Dra. Orio Torres.
Diagnóstico estructural: ¿Cómo funciona la residencia médica?
La residencia médica combina formación académica, servicio clínico y evaluación constante. El residente asume responsabilidades reales bajo supervisión, dentro de jornadas extensas y alta presión.
Este modelo permite que los hospitales operen de manera permanente. Las guardias, la carga asistencial y la jerarquía sostienen la atención diaria. Sin embargo, el acompañamiento emocional no siempre ocupa el mismo lugar.
El sistema exige resiliencia constante. La vulnerabilidad pocas veces se nombra. Pedir ayuda no siempre recibe respuesta inmediata.
“Parece que tampoco les importa a quienes les debería de importar”, señaló la doctora Orio Torres. La frase resume una percepción compartida en muchos espacios de formación médica.
Impacto humano: ¿Qué vive un médico residente?
La presión va más allá del aprendizaje técnico. La residencia transforma rutinas, vínculos y la percepción personal del límite.
Abraham comenzó a experimentar un deterioro emocional profundo mientras realizaba su residencia médica en la Clínica 25 de Monterrey, Nuevo León, el mismo hospital donde también se formaba su pareja. Reconoció su estado y buscó ayuda.
“Abraham ya estaba teniendo muchos problemas psicológicos, ya se sentía muy deprimido”, relató su pareja. “Él sí pidió ayuda”.
La respuesta institucional llegó tarde. “La cita que le concedieron fue tres meses después de que él pidió ayuda”, explicó. “Si alguien te está pidiendo ayuda, tendría que ser inmediato”.
En salud mental, el tiempo resulta decisivo. La espera prolongada profundiza el riesgo.

Cultura interna: ¿Qué se normaliza dentro del hospital?
La residencia también transmite una cultura. La jerarquía ordena procesos, pero en ocasiones silencia el sufrimiento.
La presión entre compañeros se suma a la institucional. “Lo estaban tratando horrible”, recordó la doctora Orio Torres. “Lo estaban insultando, le decían que no podía”.
El entorno normaliza el desgaste como parte de la formación. El error pesa más que el aprendizaje. El cansancio se vuelve regla.

El testimonio no personaliza culpas. Expone prácticas que requieren revisión colectiva y profunda.
Consecuencia extrema: ¿Qué ocurre cuando la ayuda no sostiene?
Abraham acudió a atención psicológica. La intervención careció de continuidad suficiente.
“Él fue a su cita de psicología, sí”, explicó. “Pero no hubo algo que lo sostuviera”.
La crisis avanzó sin una red sólida de acompañamiento. “Él tomó una decisión que no deberíamos tomar”, expresó con honestidad.
“Yo nunca lo voy a culpar”, afirmó. “Sintió mucho, no sabía cómo resolverlo”.
El impacto alcanzó a familias, amistades y colegas. La consecuencia extrema visibilizó el costo humano de la omisión.
Fallo institucional: ¿Dónde se bloquea la respuesta?
El bloqueo aparece cuando los sistemas no responden a la urgencia emocional. Las listas de espera no consideran la gravedad del momento.
“No después, no tres meses después”, insistió la doctora Orio Torres. “No hay tiempo”.
El fallo no recae en una sola persona. Es estructural. Requiere protocolos claros, atención inmediata y seguimiento continuo.
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La residencia necesita mecanismos que escuchen y actúen sin demora.
Camino de salida: escuchar, acompañar, actuar
Asimismo, desde el dolor, la doctora Orio Torres transformó su experiencia en una misión de cuidado.
“Actualmente estoy tratando de buscar que otros residentes no pasen por lo mismo”, compartió.
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De tal manera que la prevención comienza con la escucha real. Continúa con atención psicológica oportuna y acompañamiento permanente dentro de las instituciones.

“Todos somos humanos, todos merecemos derechos, todos merecemos salud mental”, afirmó. “Y más las personas que están cuidando la salud de otros”.
Hacia una residencia digna
Además, la residencia médica forma especialistas, pero también debe cuidar personas. La dignidad humana del médico residente es parte esencial del sistema de salud.
Asimismo, la historia de Abraham no busca señalar culpables. Invita a mirar la formación médica desde la corresponsabilidad y la humanidad.
Además, contar estas historias abre caminos. Escuchar a tiempo puede cambiar destinos. Cuidar a quienes cuidan sigue siendo una tarea urgente y posible.
ARH
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