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Análisis y Opinión

AMLO: síntesis filosófica de la 4T

Felipe Monroy

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Entre la abundante riada de discursos que el presidente López Obrador ofrece permanentemente, en ocasiones es posible encontrar una pequeña pepita de oro; sin embargo, la polarizada sociedad mexicana -ocupada entre facilones vítores y abucheos- se ha perdido de un fragmento verdaderamente luminoso del mandatario durante su participación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: la verdadera síntesis filosófica de la llamada Cuarta Transformación.

Se trata de apenas una frase, pero en ella condensa el perfil del verdadero enemigo a vencer por la política y la administración nacional; sólo en esta frase se puede entender el carácter histórico y trascendental que López Obrador supone que puede tener su movimiento.

La frase fue la siguiente: “Estamos en decadencia porque nunca antes en la historia del mundo se había acumulado tanta riqueza en tan pocas manos mediante el influyentismo y a costa del sufrimiento de otras personas, privatizando lo que es de todos o lo que no debe tener dueño, adulterando las leyes para legalizar lo inmoral, desvirtuando valores sociales para hacer que lo abominable parezca negocio aceptable”.

Vamos por partes. El presidente identifica una ‘decadencia’ generalizada en la sociedad contemporánea; es decir, una progresiva pérdida de fuerza y de valores que no se limita a México puesto que su discurso lo hizo en un escenario internacional. En esto coincide con el papa Francisco quien el 21 de enero del 2018 afirmó que la política sufre “una gran decadencia” en donde “sólo se entiende el lenguaje de la corrupción”.

López Obrador identifica después cuatro fenómenos ligados a la decadencia y la corrupción social: el influyentismo despiadado, el bien privatizado, lo inmoral legalizado y lo abominable aceptado.
Si se pone atención, el presidente no está contra la acumulación de riqueza sino a los mecanismos hoy aparentemente validados para obtenerla: el influyentismo y el sufrimiento de terceros. Hasta hace poco era válido el principio que garantiza que el trabajo es el medio ideal para superar la pobreza; sin embargo, en los últimos años, se corroboró que, en varios sectores, el trabajo real no mejoraba las condiciones de vida. La generación de riqueza, por desgracia bajo este modelo denunciado, reside en el espejismo del abuso de los demás o en compadrazgos, amiguismos y nepotismos.

Esta triste realidad claramente vulnera la seguridad y la paz en cualquier sociedad.
El presidente también identifica que hay ‘bienes’ que ‘no deben tener dueño’ y que, sin embargo, han sido privatizados (por tanto usufructuados y comercializados). ¿Cuáles podríamos identificar? Sin duda el acceso al agua, a la educación, a la salud, a la seguridad o a la movilidad social; pero ¿y la dignidad humana o el don de la vida? ¿No son hoy objetados o relativizados derechos fundamentales y naturales del ser humano argumentando valores utilitarios, económicos o eficientistas?

Sobre este punto, López Obrador también tiene una crítica a quienes legislan para ‘legalizar lo inmoral’. ¿Es válido cambiar leyes orientadas a cercenar derechos primarios de la vida y dignidad con tal de favorecer negocios que exploten el sufrimiento humano? ¿No acaso han proliferado las leyes que buscan legalizar la muerte, la intoxicación y las aflicciones disfrazándose de ‘libertad’ y ‘derechos’?

Y esto justo concatena con la última crítica de López Obrador: ‘Hacer de lo abominable un negocio aceptable’. Si bien es cierto que matar de sed a una población sólo para venderles agua embotellada es maligno; también es perverso convencerles que la vida humana es una mercancía mientras se legaliza a negocios para que comercien con ella ya sea matándola, prostituyéndola, desnaturalizándola, subrogándola o condicionándola.

Estos cuatro fenómenos impactan en la conciencia social y parecen justificar la violencia, el abuso, el agandalle y el triunfo del fuerte sobre el débil, del dinero sobre la dignidad y del privilegio egoísta sobre la búsqueda del bien común. Alerta el papa Francisco “cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza”. Son, en fin, las raíces culturales de una sociedad antropofágica, cruel e indolente donde campean la “globalización de la indiferencia y la hiperinflación del individuo”.

Ha sido una pena que tanto malquerientes como porristas de López Obrador sólo escuchen ruido blanco en las palabras del mandatario que previamente ya detestan o adoran; a veces podrían, como los prospectores de riquezas, encontrarse verdaderas joyas entre el mundanal bullicio.

LEE Obispos votan por ajustes para ‘no ser Iglesia muda’

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

La fuerza desnuda

Felipe Monroy

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Antes de todo, dos ideas. La primera: Si no hay fuerza, por lo menos debe haber ingenio. La segunda la dijo san Francisco de Sales: “Nada es tan fuerte como la gentileza, nada tan gentil como la verdadera fortaleza”.

Sucede que, en nuestros días, se ha evidenciado que cierta fuerza productiva guarda paradójica correspondencia con la fuerza destructiva: hay absoluta vinculación entre cierto tipo de desarrollo económico con la devastación de la naturaleza; y, por supuesto, hay un vergonzoso rastro de miserables y desposeídos sobre las losas del privilegiado ascenso de algunos grupos de poder.

En la pasada cumbre teológica-pastoral por el futuro del Amazonas, por ejemplo, varios católicos denunciaron que la extracción, refinación y comercio del oro no sólo provoca laceración de bosques, selvas y ríos; también contamina de mercurio los lagos y mares, mientras impone una salvaje cultura crematística entorno al metal precioso. Por lo tanto, son incontables los pueblos cuyos niños, mujeres y jóvenes mueren doble y lentamente envenenados. Sus cuerpos enferman por el mercurio en sus venas mientras su espíritu se corrompe en un mercado de ambición y ganancias donde la explotación, el engaño, el crimen y el poder arrancan toda la riqueza cultural original de esas comunidades (su lenguaje, su espiritualidad y su cosmogonía) y la suplantan por la vil adoración al dinero.

Pero el problema no sólo sucede en la densidad de la selva amazónica, en realidad es allí donde con más claridad se advierte esta paradoja de ‘producción destructiva’ que se ha incrustado en todas nuestras relaciones sociales, económicas, comerciales y de poder.

Según lo han explicado filósofos y teólogos contemporáneos, en nuestro mundo actual es prácticamente imposible llegar al ‘éxito’, la ‘realización’ o a la ‘abundancia’ sin treparse sobre las espaldas heridas de cientos de ingenuos, ignorantes, pobres, marginados, precarizados y suplicantes hermanos humanos nuestros.

Parece que vivimos en un canibalismo tolerado donde ‘el fuerte’ recurre lo mismo a la elegante evasión de impuestos que al brutal y sanguinario crimen; un sistema de engaños donde triunfa quien precariza el trabajo honesto o condiciona el acceso a derechos elementales de los demás, quien roba impunemente y sin pudor ya sea mediante un arma en la mano o a través de un complejo modelo de pseudo inversiones que no son sino estafas legales del bien personal o público; un fétido ambiente donde gana quien domina la corrupción en la búsqueda de privilegios inconfesables. El colmo de este sistema es que, en la persecución de nuestras ambiciones, muchos somos capaces de la autofagia o la autoexplotación; ponemos en riesgo nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra tranquilidad y hasta nuestra identidad con tal de arañar el solitario y fraudulento éxito.

Por ello son importantes las dos ideas iniciales, pues son la creatividad y la ternura las respuestas frente a este sistema corroído de frívolas ambiciones. Por ejemplo, la fuerza de una auténtica denuncia contra el sistema depredador del extractivismo de oro en la selva amazónica no se encuentra en el poder de los argumentos, en el músculo social o en el control de los hilos del poder; la fuerza está en la congruencia y, particularmente en este caso, en una radical humildad y renuncia a la apariencia. Se trata de una aparente contradicción: la fuerza está en la debilidad, pero sólo en su aspecto, porque el núcleo de la congruencia es una fuerza indómita.

El verdadero remedio contra un mundo enfermo de poder es una fuerza desnuda, ingeniosa y gentil, tan congruente como un hombre puede ser, tan sólida como su humildad, tan perenne como su virtud.

Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

¿Qué explicarle a mis hijos sobre el vapeo?

Columna Invitada

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Por Gerardo Rivadeneyra

Todos hemos visto últimamente a los jóvenes, a los amigos de nuestros hijos, o a ellos mismos usando unos productos electrónicos. Son aparatos que parecen USBs o cilindros de colores. Son el aparatito de moda, cómo negarlo. Sacan un montón de humo. Algunos tienen luces, otros son de colores. Hay de sabores: desde los clásicos hasta frutas, pastel y galletas. Los venden en las esquinas, en los altos, en máquinas en centros comerciales y nunca con control de edad.

Estos aparatos son cigarros electrónicos, aunque algunos les dicen “vapes”, y se supone que están prohibidos en el país. Sin embargo, cualquiera los puede conseguir sin mayor problema.

Como padres o familiares, obviamente estamos preocupados y por eso quise entender qué son y por qué no hay controles. Investigué y lo que encontré fue muy interesante:

Estos productos de los que hablo son ilegales. Los importan a escondidas y no tienen licencia sanitaria, ni pagan impuestos. Su venta es parte de un mercado negro que se ha creado por una prohibición a las alternativas al cigarro.

Resulta que hay un millón y medio de personas que usan estos dispositivos. Pero como están prohibidos, y no regulados, no hay reglas.

Las alternativas al cigarro son tres. Los vapeadores, que, como su nombre indican, hacen vapor. No contienen tabaco pero sí nicotina. Los cigarros electrónicos se parecen mucho, pero a diferencia de los vapeadores son desechables. Estos son los más comunes. Por último existen los calentadores de tabaco. Se parecen al cigarro pero no se encienden.

Ningún producto es libre de riesgo. Las autoridades de Estados Unidos tienen una categoría que llaman “riesgo modificado” y para entrar en ella debe entregarse mucha evidencia científica y verificarla. Que algo sea de riesgo modificado quiere decir que causa daño pero menos que un cigarro porque no generan combustión, que es donde sale la mayoría de las sustancias tóxicas.
Hay países donde las alternativas ya han sustituido al cigarro. En Japón, donde la gente fuma mucho, la aparición de alternativas ha disminuido el consumo del cigarro drásticamente. En Reino Unido los doctores del servicio nacional de salud, el NHS, están ofreciendo alternativas a los fumadores para que dejen de consumir cigarros.

La historia nos dice que la prohibición no funciona. En Estados Unidos prohibieron el alcohol hace un siglo y la mafia se hizo rica. Hoy pasa algo similar: fabricantes de productos ilegales, que quién sabe qué contienen, están aprovechando la cerrazón de las autoridades.

Como no hay regulación, nuestros hijos están desprotegidos. Nadie revisa nada, nadie se hace cargo. Por eso hay maquinitas en centros comerciales que les venden estos cigarros electrónicos sin control de edad, por eso hay tantos productos en todos lados. Ojo, no se trata de fomentar su consumo, pero con regulación este mercado se haría chiquito y nuestros niños estarían más protegidos.

También descubrí que nos hace falta mucha más información sobre cómo funcionan y qué riesgos tiene usarlos. Ojalá las autoridades hicieran la misma investigación y regularan estos aparatos. Creo que prohibir nunca lleva a nada bueno, pero tampoco está bien que no haya reglas y que se puedan comprar en puestos de periódicos o afuera de las escuelas como si nada.

Así que, como padre, les recomiendo hablar con sus hijos para que sepan que mientras que sean menores de edad, lo mejor será que no usen estos aparatos. Y cuando sean mayores de edad, lo mejor sea no usarlos pero que tengan información de qué son.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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