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Análisis y Opinión

¿Cómo gestionar la actitud del personal?

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Para cualquier empresa, su éxito al enfrentar los retos actuales depende, en gran medida, de la actitud de su personal en todos los niveles de la organización. He conversado con algunos clientes y colegas sobre la manera en que se puede gestionar la actitud de la gente y lo que he encontrado en muchos casos es un desconocimiento sobre la conexión entre los distintos componentes de la organización y cómo impactan en la actitud que asume cada colaborador al momento de desempeñar sus funciones.

En mi experiencia, la actitud es una consecuencia. ¿De qué?, justo es lo que debemos preguntarnos para identificar los factores que la provocan y tratar de adecuarlos, alinearlos e impulsar así las actitudes que se requieren.

Para mí, la actitud es la manifestación del estado de ánimo con el que se comporta una persona en determinado momento y se puede percibir a través de la emocionalidad y corporalidad con la que actúa y ejecuta cualquier actividad.

Su estado de ánimo es consecuencia de su percepción ante el contexto organizacional en el que se encuentra. Su percepción se forma con base en sus intereses particulares, sus valores individuales y su personalidad.

¿Por qué es importante la actitud? Porque sin una actitud adecuada de nada le sirve a la empresa una persona que tenga los conocimientos ni las habilidades para desempeñar una función. Una competencia es el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes, y sin una actitud adecuada la competencia no se completa y por lo tanto la persona no será competente para desempeñar su función y lograr los resultados necesarios. Si las personas no logran desempeñar sus funciones de manera adecuada, la empresa no podrá logar sus resultados de negocio.

Para gestionar la actitud en su conjunto es importante, en primer lugar, identificar para cada competencia, cuáles son las actitudes específicas necesarias. Al hacer la evaluación de competencias deberíamos identificar las brechas entre las actitudes necesarias y las actitudes reales. Integrando resultados, la empresa puede identificar las brechas en cuanto a la actitud del personal.

Si una empresa desea gestionar la actitud de su personal, primero debe tratar de proporcionar las mejores condiciones para trabajar (contexto organizacional). Esto se mide a través de los estudios de clima donde identifica la percepción del personal ante las distintas dimensiones organizacionales (estilo de liderazgo, compensación, posibilidades de crecimiento, etc.) y a partir de los resultados, implementa acciones para corregirlos.

Un contexto organizacional adecuado, incrementa las posibilidades de provocar la actitud adecuada pero aún dependemos de la percepción que se determina por los intereses particulares, los valores individuales y la personalidad. Por ello es importante implementar estrategias y programas permanentes de cultura, liderazgo y comunicación que influyan y alineen los valores del personal.

Para influir en los intereses personales, la empresa trabaja con los apoyos y prestaciones que cubren las necesidades básicas y las aspiraciones económicas. Para los intereses individuales se crean programas de desarrollo personal y profesional, así como de reconocimiento.

Finalmente, el tema de la personalidad individual se trabaja desde los mecanismos de reclutamiento y selección, y se alinea a los programas internos de desarrollo y sensibilización que se puedan implementar.

En conclusión, la conexión que existe entre todos estos elementos debe crear las condiciones necesarias para impulsar en el personal las actitudes para que su desempeño logre los resultados de negocio que la empresa necesita.

Sin duda, son muchos los factores que intervienen en este tema y por eso solo las empresas que entienden la relación de todos y cada uno de ellos y que logran enfocarlos y conectarlos para alinearlos hacia un mismo objetivo, son las que en realidad logran hacer una gestión de las actitudes.

Las empresas que trabajan estos esfuerzos de manera aislada y desconectada pueden estar invirtiendo muchos recursos sin realmente lograr ningún resultado de impacto. En estos tiempos, ninguna empresa se puede dar el lujo de desperdiciar recursos; invertirlos de manera inteligente para provocar en el personal las actitudes que se necesitan en tiempos de crisis es, en mi opinión, la mejor inversión de todas.

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Análisis y Opinión

Tres escenarios

Felipe Monroy

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Se dice que siempre es posible hallar una distracción si uno se empeña lo suficiente en buscarla. Y todo parece indicar que, la mayoría de los actores políticos se esfuerzan demasiado en hacernos caer en las distracciones del actual proceso electoral.

Es claro que cada posición electoral ganada es importante; pero, para ser absolutamente cínicos, quienes saben operar con política a corto plazo tienen interés especial por la composición del próximo congreso federal. De la configuración de los 500 legisladores de la Cámara de Diputados depende en buena medida el éxito de la gestión del presidente López Obrador. En perspectiva, sin el mayoriteo legislativo de los partidos aliados al ejecutivo estos dos años es claro que hubiera sido imprescindible el diálogo y la negociación; por tanto, la Secretaría de Gobernación hubiese asumido tareas concretas para el orden y la alineación de la política interna del país en lugar de lo que sea que esté haciendo ahora.

He allí la primera tarea por lograr para el partido del presidente y de sus aliados: seguir controlando la Cámara Baja. El problema sobre la famosa ‘sobrerrepresentación’ del partido hegemónico en el congreso no es sino la expresión real del conflicto en el que, como vemos, nadie -ni el INE- se puede mantener verdadera y completamente neutral.

Sin embargo, con una mirada por encima de lo inmediato, las elecciones de los congresos estatales no deben ser despreciadas. Al final, son los diputados locales los que ayudan o no a redefinir el marco constitucional vigente. Una tarea sumamente relevante frente a un liderazgo que debe garantizar a toda costa que la prometida cuarta transformación de la vida pública de la nación sea consolidada en las bases del Estado.

Y, por si fuera poco, son los gobernadores las principales piezas de un tablero que incide y a veces define las metas aspiracionales de los políticos del congreso local. Los 30 estados en renovación de legislativo local y los 15 nuevos gobernadores no deberían ser un dolor de cabeza para el resto de la administración lopezobradorista. Ya hemos visto cómo algunos mandatarios estatales han sido distractores tremendos para la gestión federal que el presidente desearía.

Así que, el conflicto presidencial con las instituciones de organización y vigilancia democráticas no es personal, es un imperativo de la lucha política en búsqueda de objetivos muy concretos, de tres escenarios que cambiarán o no el tono del resto de la administración federal actual.

En el primer escenario, los partidos aliados a López Obrador mantienen su peso político en la Cámara de Diputados y se suman un par o más de gobernadores afines al tabasqueño. Los efectos inmediatos de dicha composición se traducirían en proyectos, procesos y presupuestos a la medida del proyecto de la cuarta transformación. La oposición no tendría más recursos de apelación que los tribunales, el enardecimiento social y, desde el pesimismo, se tornaría ostensiblemente ácida, recalcitrante e ignominiosa la apuesta política de contrapesos al ejecutivo.

Ni falta decirlo: el presidente seguirá señalando y machacando con saña y dedo flamígero a sus adversarios que quedarían evidenciados en su desesperación.

En el segundo escenario, el esperado por la oposición y sus extravagantes alianzas, es que el lobrezobradorismo se diluya en el Congreso y los gobernadores de oposición recuperen algo de orgullo perdido. Que tanto ellos como los partidos políticos vislumbren un país posterior a López Obrador, que se ilusionen por el futuro en el que ellos también podrían tener oportunidad de la silla presidencial. Este panorama es una batalla de sordos, ególatras liderazgos que apelan a la idea de un pueblo que ‘los llevó al poder’ pero que les ha dejado de interesar en sus necesidades y sus potencialidades. No es difícil imaginar qué podría ocurrir; la polarización absorbería el todo diálogo.

Es el último escenario el que podría verdaderamente imponer un silencio reflexivo antes de abrir la boca: Si la ciudadanía mantiene el apoyo a los procesos emprendidos por López Obrador; pero, al mismo tiempo, le muestra y cuelga sobre su cabeza, cual espada de Damocles, el último día de su gestión y le exige -por vía de oposiciones funcionales- la necesaria humildad que deberá asumir para dialogar y ‘hacer política’ con los adversarios.

Este escenario requiere equilibrio y madurez ciudadana, además de una suerte matemática que logre conciliar una configuración post-electoral que confirme la confianza de la sociedad en que los cambios necesarios del país prometidos por AMLO se concreten bajo la condición de que el mandatario y el partido hegemónico aprendan a negociar, a respetar a los adversarios y a hacer política desde el acuerdo y no desde el desprecio.

Los distractores en este proceso electoral -para variar- son la mercadotecnia y la actitud pendenciera que tanto fascina a los medios, son los conflictos alimentados por una tendencia al espectáculo que crispa emociones y sentimientos. Estas elecciones federales y estatales pueden ser una verdadera oportunidad en el cambio de lenguaje, una oportunidad para -por primera vez desde hace dos años- hablar de la importancia que tiene la política interna en un país tan plural y diverso como México. Confiemos en el pueblo, y en las instituciones que poco a poco éste ha ido levantando por algo.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Haz lo que debes, no solo lo que tienes

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Hace algunos años, un cliente me platicó que no encontraba la manera de hacer que el personal utilizara la herramienta que habían comprado como base de conocimientos, que nadie subía información y mucho menos la consultaban. Llegó al extremo de comprar contenido y subirlo a esa herramienta para intentar llamar la atención de la gente, y ni así se utilizó.

En otra ocasión, escuché a un cliente quejarse que, a pesar de la cantidad de opciones para capacitarse que su equipo tenía en la plataforma de e-learning de la empresa, pocos se inscribían a tomar cursos. Recientemente escuché cómo la gente de una compañía termina por ignorar la gran cantidad de correos informativos que vienen del corporativo porque no tiene tiempo de leerlos todos, o cómo los boletines informativos resultan poco efectivos por la misma causa; igual sucede con algunas secciones de las intranets o las famosas redes sociales corporativas.

Podría seguir nombrando una infinidad de actividades que el personal de las empresas debería hacer y que termina por no realizar porque nunca encuentra el tiempo. Justamente ese es el punto: pareciera que mantenerse informado de lo que sucede en la empresa o capacitarse, por ejemplo, no es parte del trabajo de muchos y que fueran actividades que se deben dejar para el tiempo libre. En mi opinión, esto es un grave error.

Una de las razones principales de este comportamiento es la falta de consecuencias positivas o negativas, es decir, a nadie se le premia por leer un correo corporativo y estar informado, pero tampoco a nadie se le castiga por no estarlo. Otro ejemplo es el responder una encuesta de clima organizacional, a la gente no se les premia por responderla o se le castiga si no lo hace.

Una segunda razón es que como esas actividades no forman parte del día con día, se suelen dejar para atenderse cuando exista tiempo libre – cosa que nunca sucede.

Lo que se debe hacer es incorporar esas actividades como parte del trabajo habitual. Por ejemplo: incluir dentro de los procesos o procedimientos formales, actividades para consultar la base de conocimientos o actividades para depositar información en ella, y que se pueda consultar posteriormente por otras personas. Si eso no queda definido como parte del trabajo, la gente no lo hará.

Es así que, por ejemplo, si no incorporamos como parte de los indicadores de medición del desempeño temas de auto capacitación, la gente nunca buscará tiempo para meterse a la plataforma y tomar cursos. Si los jefes no cuestionan a su equipo sobre algún hecho relevante de la organización, nadie tendrá la necesidad de leer los comunicados corporativos para estar al tanto.

Lamentablemente, la gente en las empresas dedica la mayor parte de su tiempo en hacer lo que tiene que hacer y no en lo que debe hacer para tener un mejor desempeño. En términos generales, solo atendemos lo que nos genera un pequeño beneficio directo y a corto plazo — cumplir con el jefe– en lugar de preocuparnos por lo que le puede representar un gran beneficio de manera indirecta y a mediano o largo plazo. La justificación siempre será la misma: “no hay tiempo para eso”.

Los empleados deben dar prioridad a “lo que deben hacer” y buscar tiempo para estar bien informados; para entender las estrategias impulsadas por la dirección; para adquirir o fortalecer sus competencias personales o a moldear su comportamiento.

Es importante compartir y homologar conocimiento con otras áreas, contribuir con su opinión a las encuestas o investigaciones internas que se realicen para detectar áreas de oportunidad e implementar mejoras, o participar en los equipos de innovación o de nuevos proyectos y no solo dedicarse a hacer lo que “tiene que hacer” con base en su rol y responsabilidad asignada.

Si seguimos pensando que todas esas actividades son “extras” y de poco valor, aquellas que denominamos “las actividades que sí tengo que hacer”, seguirán siendo pesadas, complicadas, poco efectivas, burocráticas, poco reconocidas, desgastantes y cansadas.

Definitivamente invertir tiempo hoy en acciones que nos beneficien indirectamente y a mediano plazo, hará que el mañana sea mucho mejor, tanto para nosotros, como para nuestra organización.

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