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Análisis y Opinión

Soft Landing, el nuevo futuro

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Existe una nueva tendencia que avanza en un mundo comercial cada vez más competitivo, se trata del soft landing (aterrizaje suave), con una mezcla muy variada de ventajas que ofrece un camino integral hacia una expansión global.

Controlar el “aterrizaje” de una empresa a un nuevo sector, es necesario para un crecimiento exitoso, donde todos los riesgos disminuyan y se potencialicen al máximo todos los atributos de un corporativo para conquistar nuevos mercados.

El mercado actual avanza rápidamente en una recuperación económica activa, tras la pandemia por Covid-19, por lo cual considerar opciones como asesoría en pasos legales, financieros o culturales para facilitar el lanzamiento de un corporativo, será en un nuevo mercado pilar fundamental no solo de éxito, si no de saber persistir en tiempos complejos.

Existen tres aspectos que deben enmarcar al soft landing para que este sea un modelo exitoso, estos son: adecuar el producto o servicio al país de destino, disminuir riesgos económicos y adaptación a la normativa y/o legislación local y la estrategia comercial y de mercadeo.

La adaptabilidad y flexibilidad son las bases de adecuar productos o servicios al nuevo mercado o país a incursionar. El soft landing permitirá de forma práctica conocer el mercado, las características y necesidades de la población de destino, y tener claras las características del producto para adecuarlo a gustos locales y así asegurar el éxito.

En cuanto a la normatividad del país de destino puede puede acarrear incumplimientos y traer consigo un gran número de problemas legales, por desconocimiento es importante contar con expertos, para tener un aterrizaje seguro, por ejemplo, en GSH nos especializamos en este tipo de herramientas y servicios, para brindar acompañamiento en todo el proceso de llegada de una forma adecuada.

Así mismo, quien desea expandir su negocio, es importante que considere en apoyarse de empresas con conocimientos en marcos normativos, legales, laborales y tributarios (fiscales), etc. y que además tengan buena reputación en prestación de servicios y conocimiento del territorio al que se quiere ingresar”.

En América Latina, Colombia destaca como país líder en el desarrollo de empresas ExO (organización exponencial), las cuales aprovechando el mercado digital han logrado llegar a diversos países de la región usando estrategias como el Soft Landing. Además, Colombia también es un mercado interesante para la llegada de empresas extranjeras bajo esta modalidad, dado que tenemos un buen clima de negocios y representamos un mercado de casi 50 millones de habitantes, siendo el tercero más grande de LATAM después de Brasil y México.

Según cifras de la consultora PWC cerca de 300 empresas de las Forbes 2000 abrieron operaciones en Colombia y 95% de las principales empresas multilatinas están instaladas en la capital del país. Los principales países de Latinoamérica que han invertido en los últimos años en el país, han sido México, Perú, Chile y Panamá, según Banco de la República.

Es importante destacar que el Soft Landing como estrategia, puede ayudar a las organizaciones a facilitar y agilizar el marco legal, tributario, fiscal y empresarial, ayudar con la regulación laboral y gestión del talento, e incluso, mejorar la selección para la contratación de ejecutivos, directivos y empleados, lo cual acelerará la entrada al país meta permitiendo cumplir rápidamente con los objetivos y la estrategia corporativa.

Fundadora y CEO de Grupo Soluciones Horizonte (GSH)
www.gsh.mx
www.gsh.com.co
www.linkedin.com/in/andrea-villamizar-giraldo/



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Análisis y Opinión

SOS por la minería

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Conversando

Para nadie es un secreto que desde el inicio del sexenio del Presidente Andrés Manuel López Obrador muchas empresas en el país han tenido que sortear demasiadas dificultades, especialmente las mineras.

Y es que es bien sabido que el titular del Ejecutivo federal es más proclive a procurar el bienestar de los sectores vulnerables de la población que el generar condiciones de desarrollo para las industrias en el país; como él mismo ha repetido incansablemente desde su llegada al Palacio Nacional: “primero los pobres”.

Si esa política es buena o mala, no es tema de análisis en esta ocasión, pero lo que no se puede dejar de lado es que es imposible generar riqueza en un país o erradicar los niveles de pobreza sin la ayuda de la Iniciativa Privada (IP).

Y es aquí donde hay muchas dudas en torno a qué tanto existe en el Gobierno federal una estrategia integral que incluya la participación y esfuerzo de todos los sectores de la población encaminados a un fin común: el abatimiento de los índices de pobreza y el bienestar social generalizado.

Basta, por ejemplo, recordar que el Presidente ha tenido muchos roces con empresas de diversas industrias, como la de los alimentos, de generación de energía, farmacéuticas, cerveceras, telecomunicaciones, del sector servicios, etc.

Podríamos hacer varias entregas de esta columna contando particularidades de las ocasiones en las que el Presidente se ha ido en contra de la IP desde sus conferencias de prensa matutinas y todo este desgaste, desde luego que termina por impactar negativamente a la IP.

Pero el caso de la minería es especialmente emblemático por cómo se está atentando contra una industria que además de ser de suma importancia para las actividades de la vida diaria, contribuye enormemente al crecimiento de la economía… y vaya que México necesita en estos momentos echar mano de donde sea para hacer crecer la suya.

Pero veamos, desde que inició el sexenio de López Obrador dio muestras de no querer empatizar con la industria minera del país, pues en septiembre de 2018 soltó una frase de lo que ahora a la distancia se ve que ha sido prácticamente una política de Estado: restringir la minería a razón “del pueblo” (sí, justo lo que terminó por pasar con la millonaria inversión que se perdió en la planta de Constellation Brands, en Mexicali).

“Hay que atender a las comunidades donde se lleva a cabo la extracción de minerales porque se extraen los minerales, se causan daños y no se dejan beneficios en las comunidades mineras”, soltó López Obrador.

Por si fuera poco, en noviembre de ese mismo año legisladores de Morena presentaron una iniciativa que obligaba a las mineras a realizar estudios de impacto social de sus operaciones e incluso permitía la cancelación de concesiones en caso de conflictos en comunidades.

Como era de esperarse, ante el peligro de dejar de tener garantías para sus operaciones en México, empresarios comenzaron a sacar sus capitales, lo que ocasionó el desplome de acciones de las empresas mineras más importantes del país.

Y finalmente en agosto de 2019 llegó lo que muchos empresarios temían, el anunció del tabasqueño de la cancelación de nuevas concesiones mineras, afirmando que grandes franjas del país fueron entregadas a empresas mineras con demasiada facilidad por sus predecesores.

Además, en abril del 2020 vino un golpe muy duro para la industria, la paralización de la minería a consecuencia de la pandemia de Covid 19, al no ser considerada una actividad esencial, y no fue sino hasta dos meses después que la minería pudo volver a tener actividades al ser cambiado su estatus por las autoridades federales.

Y así, varios proyectos mineros han sido cancelados por la 4T bajo el argumento de daños al medioambiente, lo que contrasta enormemente con el rechazo sistemático de este gobierno a la generación de energías limpias y la construcción de una refinería contaminante pese a los Acuerdos de París suscritos por México desde 2016, en los que el país se compromete a reducir gradualmente sus emisiones para evitar más estragos al planeta por el calentamiento global.

La industria minera es de especial importancia para México, pues basta señalar que representó en 2021 el 8.6% del Producto Interno Bruto (PIB) industrial y el 2.5% del PIB Nacional de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En materia de empleo, el IMSS reportó al cierre de 2021 un total de 406 mil 179 empleos directos generados por la industria, mismos que representan un aumento de 10.4% (38 mil 244 empleos) respecto a los registrados en 2020.

Por si fuera poco, de acuerdo con el Gobierno federal, México se ubica como principal productor de plata a nivel global por 13 años consecutivos y está entre las primeras 10 posiciones en la producción mundial de 17 minerales.

Con estas cifras y los antecedentes citados, cuesta trabajo entender cómo es que la 4T sigue empeñada en mermar una industria que es de vital importancia para el desarrollo del país y que además, sus resultados destacan a nivel mundial.

Dicho lo anterior, ¿no va siendo hora de lanzar un SOS por la minería en México?

Twitter: @campudia

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Análisis y Opinión

Lo ‘satánico’: convencional, comercial y aburrido

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Hace apenas un par de semanas cuestionamos el amparo en revisión 216/2022 que llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y que tenía potencial de sancionar la exhibición de Nacimientos navideños en espacios y edificios públicos. Todo por que un particular afirmaba que, en su calidad de no creyente o creyente no-cristiano, tenía el derecho a reclamar a la autoridad mexicana de preservarlo de todo contacto con la cultura occidental judeo-cristiana.

Aquella vez, en resumen, afirmamos que los espacios públicos son de la sociedad, no del gobierno en turno; que la cultura es del pueblo y de su historia, y no sólo de las élites en el poder o de sus exóticos deseos; y que el derecho a la libertad religiosa debe ser pública porque no sólo reconoce la libertad de pensamiento y conciencia sino de expresión, manifestación y asociación. La Corte pospuso el debate pero sus patrocinadores no dejarán de usar su dominación y privilegio para volverlo a poner en agenda.

Ahora bien, en estos días, la comunidad ‘Templo de Satán’ (una intensa promotora del amparo 216/2022) ha convocado a la instalación de un ‘Antinacimiento satánico’ en el primer cuadro de la Ciudad de México “en contra del supremacismo católico”, como dice su manifiesto. Sobre lo primero: en un Estado laico, la manifestación de su particular expresión religiosa debe estar plenamente garantizada. Claro, hay límites; y no sólo para los satanistas. No todas las expresiones o actos pueden justificarse, ampararse o validarse exclusivamente por idiosincrasias religiosas.

Es decir, que el templo de satán tiene todo el derecho de instalar lo que le venga en gana siempre y cuando no contravenga las leyes mexicanas. Sin embargo, ¿esta comunidad que se identifica como ‘religiosa’ estará debidamente registrada ante el Estado mexicano? Según una revisión del directorio de organizaciones religiosas registradas formalmente, el famoso templo satanista no tiene cédula ni registro. Es decir, que quizá no ha logrado cumplir los requisitos impuestos por el Estado para constituirse como organización religiosa formal o quizá ni siquiera lo ha intentado.

Esto es relevante, porque para el Estado (al que apelan tanto estos satanistas), las únicas organizaciones amparadas por la ley para expresar doctrina y un cuerpo de creencias espiritual-trascendentes son las asociaciones religiosas debidamente constituidas según los artículos 6 y 7 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Aún más, el artículo 8 pide a cada una de estas organizaciones “respetar en todo momento los cultos y doctrinas ajenos a su religión”. Así que, la mera expresión “contra el supremacismo católico” dicha por los autodenominados satanistas, viola las leyes mexicanas.

Y si esto fuera todo el tema, sería apenas ocioso. Sin embargo, hay algo que sí es interesante reflexionar: Estas manifestaciones ‘oscuras’ (muy ‘darks’ dirían los memes) suelen ingenuamente creer que su discurso es ‘antisistema’, ‘rebelde’ y ‘contestatario’; casi siempre acusan que la cultura dominante es judeo-cristiana y piensan que ellos son los ‘insumisos’, los ‘auténticos desobedientes’ al sistema. Pero nada hay más lejano de la realidad.

Estas expresiones son las promovidas por el mainstream político y económico. Son las más convencionales, las más comerciales, las más útiles al sistema capitalista, neoliberal y consumista; son también las más obedientes al modelo cultural vigente y a los gobiernos. Basta ver que las producciones de series, películas y bienes culturales artísticos con más presupuesto y difusión casi siempre tienen que ver con ocultismo y satanismo; que la censura en las más grandes redes sociodigitales se hace contra las expresiones religiosas cristianas y musulmanas pero no contra las expresiones satánicas. Una muestra del privilegio de las expresiones anticatólicas está justo en el amparo en revisión: La censura de los ministros va contra la manifestación religiosa cristiana; pero ninguna autoridad ni ONG ni medio de comunicación ha siquiera imaginado censurar las expresiones de otras idiosincrasias.

Esto es lo que ha sucedido en estos días respecto a las campañas publicitarias de la compañía de lujo y estatus de hiperconsumo, Balenciaga. La marca publicó una serie de fotografías en las que literalmente utilizó a menores de edad para sembrar mensajes ‘oscuros’. Lo peor, cuando se hizo una revisión más detallada del marketing de esta empresa de productos suntuarios, se reveló que sus imágenes contienen guiños que fomentan la legalización de la pornografía infantil y que las ‘expresiones artísticas’ utilizadas en sus campañas exaltaban la mutilación, el crimen y el abuso contra menores.

Y aquí debemos reiterar: No todas las expresiones o actos pueden justificarse o validarse exclusivamente por idiosincrasias o credos religiosos. El abuso, el odio, la discriminación y la exaltación de la violencia no pueden ampararse bajo argumentaciones doctrinales o de fe.

El hipercapitalismo y el más obediente neoliberalismo son rápidos para censurar la imagen de un rosario católico en Facebook (sucedió el 23 de noviembre pasado) pero jamás censuraron las fotografías de Balenciaga que normalizan el abuso contra menores; hay otras plataformas que incluso promueven la reducción de hombres y mujeres a bienes mercantiles o de consumo.

Facebook censuró, por ejemplo, una conferencia de libertad religiosa y cristianismo en junio del 2019, prohibió el hashtag #SavetheChildren usado en una campaña contra el abuso sexual de menores en 2020, retiró una campaña humanitaria de ayuda a mujeres y niñas de minorías religiosas en 2021 y a inicios de este año vetó a una ONG dedicada a denunciar el genocidio y persecución étnico-religioso en África. La censura más famosa contra un ‘satánico’ fue sobre Matthew Joseph Lawrence (alias E.A. Koetting) a quien no se le expulsó de Facebook por satanista sino por incitar al homicidio y por promover el crimen como medios para lograr supuestos ‘pactos satánicos’.

Todo parece indicar que los verdaderos insumisos están realmente en el espectro espiritual religioso tradicional; porque lo de moda, lo convencional, lo promovido por el mercado, los gobiernos y sus ministros es lo anti-cristiano. Es tan común, tan poco original y protegido por el poder del dinero y del Estado que llega incluso a ser trivial, insulso, aburrido.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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