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Análisis y Opinión

Una lección histórica sobre el control informativo

Felipe Monroy

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En 1840, apenas cinco años de la aparición de la primera agencia informativa en el mundo, el genio francés, Honorato de Balzac, lamentaba que al salir a la calle parecía que había opciones diversas para informarse “pero no hay más que un periódico, pues todos los periódicos de París renunciaron a hacer, por su cuenta, los gastos que la agencia ya hace”.

Antes de que acabara ese siglo, las agencias de información Havas, Wolff, Reuters y AP acordaron repartirse el mundo para manejar su información en las zonas de influencia de sus respectivas naciones: Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Ese control informativo creció hasta la Guerra Fría y junto a la agencia de noticias de la Unión Soviética, el grupo alcanzó la dominación del 96% de toda la información internacional.

Con la libre competencia y la aparición de internet parecía que los medios de comunicación podrían entrar en una nueva etapa en la que la independencia de su fuerza reporteril y de sus recursos de producción fuesen tanto o más rentable como el consumo e interpretación de noticias de agencia. Sin embargo, el cambio de época nos ha dejado una cruel crisis tanto en los medios como en las agencias tradicionales; y se hace evidente la nueva dominación de otros entes controladores de las noticias: inmensos y veloces motores de búsqueda; infinitas e inexpugnables redes sociales; sistemas especializados de generación de megatendencias; e indispensables servicios de acceso, almacenaje, diseño y distribución de datos e información.

La crisis de los medios de comunicación no se reduce a la falta credibilidad o a sus modelos de negocio; sino a que hoy prácticamente no puede construirse un medio de comunicación que no dependa de los múltiples y muy útiles servicios que proveen las titánicas empresas en internet como Google, Tencent, Twitter, Facebook, etcétera (por cierto, las 17 empresas más importantes de internet son chinas o norteamericanas).

Balzac comprendió de su época que los medios informativos “dejaron de traducir periódicos extranjeros; todo lo subvencionaron con una suma mensual para recibir noticias del extranjero; conscientes o no, no tienen más que lo que el primer ministro les deja publicar; la agencia los trata según la cantidad de su abono… sólo así se entiende la pobre uniformidad de las noticias que cada medio tiñe de blanco, verde o azul”.

¿En dónde están invirtiendo los medios que despiden a sus reporteros? ¿En las manos de qué empresas dejan su trabajo cuando digitalizan sus contenidos? ¿Cómo evalúan las certezas de las megatendencias que califican algunos hechos como noticiosos mientras descartan otros? ¿Hay mecanismos informales para publicitar contenidos en los nuevos areópagos? ¿Cómo se garantiza la privacidad de una conversación o transferencia de información? ¿Quiénes traducen el mundo y lo digieren para nuestras audiencias? ¿Los medios están condenados a remozar información y teñirla con su identidad?

Se equivocan los paranoicos que creen que este ambiente censura, persigue o cancela activamente las voces de los periodistas y los medios independientes, críticos, profesionales, ética y socialmente responsables; no hace falta acallarlos: La indiscriminada cantidad de ruido y basura que proveen a las audiencias junto al endiosamiento de bufones y exhibicionistas ha bastado para diluir la información útil y aniquilar los sueños de muchos profesionales.

Quizá como nunca será indispensable volver a lo básico, al periodismo local y comunitario, construido a ras de suelo, dialogado entre los vecinos, servicial con la realidad de la que se es parte; un periodismo inmerso en las búsquedas de bienestar, justicia y promoción de sus semejantes inmediatos y que esa audiencia inmediata reconozca a quienes intentamos traducirles el mundo, conozcan nuestros alcances y nos perdonen nuestras deficiencias.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Egoísmo o irresponsabilidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro

En los últimos días he sido testigo, tanto presencial como a través de los reportajes en televisión, de cómo hay muchísimas personas que se siguen oponiendo al uso del cubrebocas. Y no me refiero solamente al ciudadano común; ya que tenemos a un Presidente que solamente lo utilizó porque en caso contrario no hubiera podido subirse al avión que lo llevaría a Washington, una Jefa de Gobierno que antes de sus mensajes se lo “sobrepone” para quitárselo y hablar sin él a millones de mexicanos, un subsecretario de prevención y promoción a la salud que paulatinamente va perdiendo credibilidad víctima de las contradicciones, la incertidumbre, la politización (queriendo o sin querer) de la pandemia, y una sociedad que poco a poco se ha ido sumiendo más y más en la falta de empleo, la falta de inversiones y la falta de apoyo económico sostenido, no de no una “ayudadita” mensual.

¿Hacia dónde vamos? ¿Usted lo sabe? Porque yo no. Cada día hay más incertidumbre a pesar de los mensajes que salen de Palacio Nacional de que ya está pasando este problema. Tal es así que ya somos el cuarto país del mundo con el mayor número de personas muertas por esta enfermedad, en una guerra en donde el General no ha sabido utilizar las armas con las que tendría que haber ido a luchar; porque las armas e inmejorables soldados los ha tenido, pero hasta para disparar una calibre .22 hay que saber.

Y mientras tanto, a “gobernar” o a buscar no perder más popularidad con temas del pasado: que si la detención del exgobernador de Chihuahua, que si la extradición del exjefe policíaco, que si la “luna de miel” con los Estados Unidos, etc, etc, etc, pero los temas que le atañen al ciudadano de a pie, al que trata de llevar comida a su casa, no se atienden, y cada semana nos dicen que la epidemia sigue y sigue… que del semáforo naranja no pasaremos y si hubiera algo nuevo pues será regresar al rojo.

¿Realmente los mexicanos somos tan irresponsables que no nos sabemos cuidar? Hay países latinoamericanos como Cuba, Argentina, Uruguay, Paraguay y otros más en donde la pandemia ya es un tema de vigilancia, pero la vida es ya normal.. y nosotros seguimos como al principio o quizás peor porque la cifra de muertos, contagiados, personas sin empleo, niveles de pobreza, son muy superiores a las que teníamos en febrero… si, en FEBRERO, hace apenas 160 días cuando escuchábamos de una pandemia en otras partes del mundo y como siempre decíamos “a mi eso no me va a pasar”, y mire usted dónde estamos parados.

Es muy fácil criticar a aquellos que no usan cubrebocas. ¿Serán irresponsables o serán egoístas? Júzguelos usted, pero habría que meterse en sus pensamientos para saber si ya hay resignación, si creció la incredulidad a la enfermedad, si no se quedan en casa porque simplemente ya no hay dinero para quedarse y hay que salir a buscarlo o si simplemente “les vale” que otros se enfermen en caso de estar contagiados. Lo que sí creo es que luego de tres meses y ante la falta de información consistente, muchos consideran que la vida ya podrá regresar a la normalidad teniendo como compañero de vida, de seguir vivo, al Covid-19.

@jlanoticias
@jarevalop

www.siete24.mx

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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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