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Opinión

¿Dejará más el béisbol que la Fórmula 1?

Emanuel Mendoza Cancino

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Ya estamos acostumbrados a que nuestros representantes en las cámaras solo se representen a ellos mismos y sus intereses, pero no cabe duda de la gran fuerza de la Cuarta Transformación, que ahora hasta los gobernadores prefieren apoyar a otros estados que al suyo y se olvidan de sus representados.

Para muestra basta mencionar a la querida gobernadora de la Ciudad de Mexico, la ilustre exdelegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, quien en vez de tratar de conciliar intereses con el presidente, le aplaude que el dinero que se emplearía para continuar con la Formula 1 en la Ciudad de México ahora tenga como destino el Tren Maya.

Para ella es su jefe es el presidente y no usted que voto por ella o ni modo le toco porque otros votaron por ella, olvidando olímpicamente eso de los “Estados libres y soberanos”, acaso no se ha dado cuenta que para sus gobernados dicho tren no generara recursos, empleos o beneficio alguno, pero como su jefazo así lo quiere y ni modo se le cuadra.

Por otro lado, el nuevo deporte oficial de México, el béisbol, ya cuenta con 500 millones de pesos para su promoción, está por estrenar estadio para el equipo capitalino de los Diablos Rojos con un costo de tres mil millones de pesos y con capacidad para 20 mil espectadores, de estos pesos no sabemos cuántos millones aporto el gobierno, pero deben haber sido varios cientos al menos.

La afición al béisbol en la capital es sumamente insípida, lo más memorable del Parque Delta o del IMSS como gusten llamarlo, son los tacos de cochinita, que han ido de estadio en estadio y esperemos así continúen.

Un servidor desde niño jugo este deporte, asistió con frecuencia al Parque Delta y no recuerda ningún lleno total, ni siquiera en la llamada Guerra Civil, llamada así cuando los entonces equipos capitalinos los Tigres y los Diablos se enfrentaban entre sí, cuando lo llegue a ver más o menos lleno fue en los partidos entre Diablos contra cómicos que se celebraban con motivo del día del niño, y eso porque la entrada era gratis.

No sabemos cuánto tiempo tardara el gobierno en recuperar lo invertido, esta temporada en los primeros juegos se estima un promedio de 3,500 asistentes por partido, y aquí entran ciudades que si tienen verdadera afición al béisbol como Tabasco.

De cualquier manera, es loable que se promueva el deporte y no es nuestra intención criticar esto, son simples números del béisbol como espectáculo capitalino no como deporte, ya que, a la Física Claudia Sheinbaum, parece ser que la política la ha absorto a tal grado que difícilmente puede hacer operaciones matemáticas básicas. 

La Fórmula 1 por donde se quiera ver es un gran negocio aquí las cifras que hay del Gran Premio de México 2017:

337,043 asistentes entre los 3 días.

Transmitida en 200 países a través de 110 televisoras.

23,953 notas de prensa con aproximadamente 38 mil millones de impactos.

México como marca en la pista se convirtió en una de las marcas con mayor presencia en televisión en todo el campeonato, lo que se calcula tendría un costo de $1,391 millones de pesos.

En redes sociales 13 millones de impresiones y durante la carrera mas de 306 tweets por minuto haciendo #MexicoGP tendencia mundial durante más de 12 horas.

Se crearon cerca de 8,700 que generaron salarios de mas de $1,700 millones de pesos.

Sin contar con la exposición mediática total que se calcula en $6,380 millones de pesos, la derrama económica fue de cerca de $8,400 millones de pesos.

 

Si tomamos en cuenta únicamente estos $8,400 millones que se generan en entradas, hoteles, comidas, vuelos, renta de vehículos y demás necesidades fifís, el puro IVA de estos es de $1,344 millones de pesos, por tan solo 800 millones de pesos que aporta el gobierno, es decir de entrada ya tiene una utilidad del 68%.

Todo un negocio para el gobierno, quien además cumple objetivos prioritarios para cualquier gobierno como es atraer al turismo, generar empleos y fomento a la economía entre otros.

Además, el Gran Premio de México por cuatro años seguidos a sido nombrado el mejor de la F1, lo cual impulsa internacionalmente a la CDMX como un destino a conocer por la amabilidad de su gente.

Del Tren Maya desconocemos la derrama económica que vaya a generar, la imagen que genere de México en el mundo, los empleos fijos y demás bondades, que de seguro las tendrá, pero con seguridad estarán por debajo del gran negocio que es la F1 y que aparte ya está operando.

Lástima que los habitantes de la Ciudad de México eligieron a la gobernadora de “Tabasco-Chiapas-Yucatán y anexas”. Pobre Ciudad de México, ya se quedó sin gobernadora.

 

Domingo Días.
@domingodias7



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Felipe Monroy

Mensaje audaz en el infierno

Felipe Monroy

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FELIPE MONROY

Felipe de J. Monroy*

El obispo de Apatzingán, Cristóbal Ascencio, relata que todo comenzó con un simple mensaje del delegado del Papa a través de whatsapp en el que le manifestó su interés por ir a una de las regiones más devastadas por la cultura del crimen y la muerte. Sin embargo, para ser completamente honestos, el enviado pontificio se conmovió por las palabras que el propio Ascencio compartió durante la reunión de obispos católicos.

Su testimonio fue desgarrador pues, aunque puso la mirada en la esperanza cristiana, el pueblo al que debe servir y pastorear sobrevive en condiciones semejantes a los de una guerra: desplazamiento forzoso de cientos de familias; localidades enteras sitiadas e incomunicadas por carreteras devastadas; continuos asaltos de provisiones y víveres; grupos criminales y paramilitares que imponen leyes y juicios sumarios contra miles de habitantes; y una buena dosis de corrupción política mezclada con comprensible temor por el salvaje narco-capitalismo. En fin, un cóctel amargo de heridas y dolor en el que la Iglesia aún desea servir.

Con insistencia, desde su llegada a México, el nuncio apostólico Franco Coppola ha sido categórico con los pastores católicos: ‘Debemos estar cerca de las personas que sufren en nuestras comunidades’. Y, para incluirse en esa primera persona del plural, el mensaje enviado al obispo Ascencio es ya en sí una audacia: “Si lo cree prudente, quiero ir a su diócesis… y a estar en alguna comunidad de las más golpeadas por la violencia”.
El obispo Ascencio dice que de inmediato pensó en Aguililla, como la localidad más afectada de su diócesis. No es para menos, en las últimas semanas supimos que grupos criminales utilizaron drones explosivos para atacar policías; la delincuencia organizada cava zanjas en las carreteras para sitiar comunidades enteras; la población ha emprendido verdaderos éxodos masivos para huir de reinado del crimen y confusión que los amenaza, extorsiona, secuestra, recluta o asesina; en fin, los estragos de una guerra encarnizada y sin cuartel entre cárteles antagónicos y agentes del orden que se disputan el control de una plaza indispensable para el trasiego de drogas, armas y otros bienes a través del paso sierra-costa y la Tierra Caliente.


El representante del papa Francisco en México sabe que su visita no es sencilla, que guarda serias complicaciones de seguridad, pero Coppola no es un improvisado. Durante dos años fue nuncio en República Centroafricana donde representó a la Santa Sede cuando la tensión entre grupos antagónicos (seleka y anti-balaka) se disputaban palmo a palmo un territorio erosionado por la segunda guerra civil y el golpe de estado. Allí, el diplomático testificó el difícil proceso de reconstrucción social con una crisis humanitaria dramática que incluía serios focos de conflicto político, religioso y paramilitar que provocaba decenas de miles de desplazados y muertos.
En contraste, Coppola ahora emprenderá un descenso a las regiones del infierno del narco-capitalismo corruptor. Dicen que, tras su celebración en la Basílica de Guadalupe para pedir su cobijo y amparo en su viaje, nunca habían visto a un jerarca ir con pasos tan firmes para contemplar la catástrofe y dar un mensaje con su presencia, o con su voz si es que no se le hace un nudo en la garganta.

San Óscar Arnulfo Romero, obispo mártir patrono de América, dijo una vez: “Unos periodistas me preguntaron: ‘¿Usted que predica el amor, cree que el amor puede resolver esto? ¿No cree que no haya más camino que la violencia, si en la historia sólo la violencia es la que ha logrado los cambios?’ Les digo: Sí, de hecho, ha sido así. Es un hecho que el hombre no ha usado todavía la fuerza que lo caracteriza. El hombre no se caracteriza por la fuerza bruta, no es animal. El hombre se caracteriza por la razón y por el amor”.

Eso está detrás de la visita de Coppola a Apatzingán, Aguililla y El Aguaje: Un mensaje de amor y desde la razón para un pequeño infiernillo que parece ya no comprender otra cosa que la brutalidad de la violencia como respuesta. Allí radica la verdadera audacia del gesto.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

El mundo organizacional tiene miedo

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

El miedo es parte inherente del ser humano. Todos tenemos miedos y son ellos los que en ocasiones nos permiten salir adelante en nuestras vidas. A nivel organizacional por supuesto que no es la excepción: como individuos organizacionales, y sin importar el nivel que tengamos en nuestra empresa o el tiempo que llevemos trabajando en la misma, todos generamos miedos con los que convivimos día con día.

Todos en algún momento hemos sentido miedo a fallar en nuestras funciones o a no alcanzar los resultados que se esperan de nosotros y, por consecuencia, correr el riesgo de ser despedidos. Algunos viven con el temor de estancarse en su crecimiento y desarrollo, o a terminar acostumbrándose a un trabajo rutinario disfrutando de su zona de confort. También podemos vivir con temores más profundos, por ejemplo, a sentirnos poco incluidos en un equipo de trabajo o a descubrir que no somos tan competentes como pensábamos para desempeñar determinada actividad.

Estoy seguro de que en este momento podrías hacer un honesto y profundo ejercicio de reflexión y encontrar aquellos miedos que te han acompañado a lo largo de tu carrera profesional; también estoy seguro que nunca te imaginaste tener el temor que hoy se ha generado y propagado con mucho mayor agresividad, velocidad y efectividad que el mismo virus del COVID-19: el miedo a interactuar físicamente con la gente.

Por más ganas que una persona tenga de regresar al lugar de trabajo que tenía antes de la pandemia, estoy seguro de que lo hará con algo que no tenía cuando se fue: miedo por la convivencia con los demás.

Hoy en día nos asusta tener contacto físico con la gente que saludamos, aun y cuando sean nuestros más entrañables compañeros. Percibir a una persona ligeramente cerca de nosotros al caminar nos genera inquietud. Esperar un elevador y ver que hay más personas en su interior cuando se abren las puertas, también nos provoca temor.

Entrar o participar en una sala de juntas concurrida ya no resulta agradable y, por más cuidados y cubrebocas que utilicemos, nos sentimos inseguros. Recibir un documento físico, compartir y prestar una carpeta o una pluma a un compañero nos resulta estresante y ni se diga cuando tenemos que utilizar los baños de las mismas oficinas.

Las estaciones de café en las que seguramente más de una vez nos equivocamos de taza sin saberlo, hoy se clasifican como zonas de alto riesgo para todos. De hecho, en la gran mayoría de las oficinas que han comenzado a abrir sus puertas, este tipo de estaciones ha desaparecido.
Calentar la comida en el microondas de la compañía y sentarme a comer con los compañeros puede resultar para muchos un momento de mucha tensión por todos los miedos que nos han marcado a lo largo de más de un año.

El mundo definitivamente cambió y hoy tiene más miedo que antes. Me pregunto, ¿qué resulta más dañino para la humanidad? El virus, que en más de un año ha cobrado la vida del 0.04% de la población mundial, o este miedo que ha provocado la muerte de un porcentaje mucho mayor de fuentes de empleo.

Por este miedo al contacto físico, muchos proyectos de innovación, planes de desarrollo e investigaciones sobre nuevos productos y servicios han muerto. Muchas empresas de reciente creación o industrias completas han desaparecido o están desahuciadas.

Muchas carreras de ejecutivos que prometían llegar muy lejos se han visto truncadas por el miedo que todo esto ha generado.

Con profundo respeto a todos los que han tenido que sufrir la pérdida de un ser querido por esta enfermedad, les extiendo mis condolencias; sin embargo, quisiera exhortarlos a no dejarnos paralizar más por el miedo que ya en este extremo puede resultar todavía más perjudicial.

La vida no la tenemos comprada y no sabemos si tenemos poco o mucho tiempo para vivirla, pero me parece que merecemos hacerlo motivados por nuestros sueños y nuestros proyectos profesionales y no frenada por el miedo, que pudiera resultar mucho más mortal que cualquier virus en la historia.

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