Connect with us
De Pixabay De Pixabay

Opinión

¿Dejará más el béisbol que la Fórmula 1?

Emanuel Mendoza Cancino

Publicada

on

Ya estamos acostumbrados a que nuestros representantes en las cámaras solo se representen a ellos mismos y sus intereses, pero no cabe duda de la gran fuerza de la Cuarta Transformación, que ahora hasta los gobernadores prefieren apoyar a otros estados que al suyo y se olvidan de sus representados.

Para muestra basta mencionar a la querida gobernadora de la Ciudad de Mexico, la ilustre exdelegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, quien en vez de tratar de conciliar intereses con el presidente, le aplaude que el dinero que se emplearía para continuar con la Formula 1 en la Ciudad de México ahora tenga como destino el Tren Maya.

Para ella es su jefe es el presidente y no usted que voto por ella o ni modo le toco porque otros votaron por ella, olvidando olímpicamente eso de los “Estados libres y soberanos”, acaso no se ha dado cuenta que para sus gobernados dicho tren no generara recursos, empleos o beneficio alguno, pero como su jefazo así lo quiere y ni modo se le cuadra.

Por otro lado, el nuevo deporte oficial de México, el béisbol, ya cuenta con 500 millones de pesos para su promoción, está por estrenar estadio para el equipo capitalino de los Diablos Rojos con un costo de tres mil millones de pesos y con capacidad para 20 mil espectadores, de estos pesos no sabemos cuántos millones aporto el gobierno, pero deben haber sido varios cientos al menos.

La afición al béisbol en la capital es sumamente insípida, lo más memorable del Parque Delta o del IMSS como gusten llamarlo, son los tacos de cochinita, que han ido de estadio en estadio y esperemos así continúen.

Un servidor desde niño jugo este deporte, asistió con frecuencia al Parque Delta y no recuerda ningún lleno total, ni siquiera en la llamada Guerra Civil, llamada así cuando los entonces equipos capitalinos los Tigres y los Diablos se enfrentaban entre sí, cuando lo llegue a ver más o menos lleno fue en los partidos entre Diablos contra cómicos que se celebraban con motivo del día del niño, y eso porque la entrada era gratis.

No sabemos cuánto tiempo tardara el gobierno en recuperar lo invertido, esta temporada en los primeros juegos se estima un promedio de 3,500 asistentes por partido, y aquí entran ciudades que si tienen verdadera afición al béisbol como Tabasco.

De cualquier manera, es loable que se promueva el deporte y no es nuestra intención criticar esto, son simples números del béisbol como espectáculo capitalino no como deporte, ya que, a la Física Claudia Sheinbaum, parece ser que la política la ha absorto a tal grado que difícilmente puede hacer operaciones matemáticas básicas. 

La Fórmula 1 por donde se quiera ver es un gran negocio aquí las cifras que hay del Gran Premio de México 2017:

337,043 asistentes entre los 3 días.

Transmitida en 200 países a través de 110 televisoras.

23,953 notas de prensa con aproximadamente 38 mil millones de impactos.

México como marca en la pista se convirtió en una de las marcas con mayor presencia en televisión en todo el campeonato, lo que se calcula tendría un costo de $1,391 millones de pesos.

En redes sociales 13 millones de impresiones y durante la carrera mas de 306 tweets por minuto haciendo #MexicoGP tendencia mundial durante más de 12 horas.

Se crearon cerca de 8,700 que generaron salarios de mas de $1,700 millones de pesos.

Sin contar con la exposición mediática total que se calcula en $6,380 millones de pesos, la derrama económica fue de cerca de $8,400 millones de pesos.

 

Si tomamos en cuenta únicamente estos $8,400 millones que se generan en entradas, hoteles, comidas, vuelos, renta de vehículos y demás necesidades fifís, el puro IVA de estos es de $1,344 millones de pesos, por tan solo 800 millones de pesos que aporta el gobierno, es decir de entrada ya tiene una utilidad del 68%.

Todo un negocio para el gobierno, quien además cumple objetivos prioritarios para cualquier gobierno como es atraer al turismo, generar empleos y fomento a la economía entre otros.

Además, el Gran Premio de México por cuatro años seguidos a sido nombrado el mejor de la F1, lo cual impulsa internacionalmente a la CDMX como un destino a conocer por la amabilidad de su gente.

Del Tren Maya desconocemos la derrama económica que vaya a generar, la imagen que genere de México en el mundo, los empleos fijos y demás bondades, que de seguro las tendrá, pero con seguridad estarán por debajo del gran negocio que es la F1 y que aparte ya está operando.

Lástima que los habitantes de la Ciudad de México eligieron a la gobernadora de “Tabasco-Chiapas-Yucatán y anexas”. Pobre Ciudad de México, ya se quedó sin gobernadora.

 

Domingo Días.
@domingodias7



Dejanos un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Análisis y Opinión

Pendencieros y belicistas, la libertad del lenguaje

Felipe Monroy

Publicada

on

Entre el alud de noticias cotidianas parecía escabullirse la sanción que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) impuso al siempre provocador Gerardo Fernández Noroña, debido a los insultos y llamados a la agresión realizados por el legislador contra la diputada federal Adriana Dávila; pero el asunto merece que le prestemos toda la atención porque en él se juega buena parte del escenario democrático futuro.

No es una exageración. La denuncia contra Fernández Noroña surge tras una serie de insultos y llamados a la agresión física contra la diputada en octubre pasado; el TEPJF resolvió y confirmó que el legislador debe ofrecer una disculpa pública y cumplir con acudir a talleres de sensibilización contra la violencia de género. Como era de esperarse, el político criticó al tribunal y aseguró que este episodio es un acto de las autoridades electorales para afectarlo políticamente.

La asesora legal de la diputada fue aún más lejos y aseguró que si Fernández no cumple con la sanción, se solicitará que se ingrese al político en el registro nacional de agresores; lo que sí impediría que este contendiera en el proceso electoral en marcha.

Sin embargo, este caso va más allá de un simple affaire político. Revela la importancia que tiene y tendrá el lenguaje y su regulación en las dinámicas sociales y culturales. Se equivoca, por supuesto, el legislador Noroña al creer que sus expresiones no conllevan riesgos de violencia o que simplemente se inscriben en el marco de la normal tensión política en una campaña electoral. Pero también hay que preguntarse hasta dónde llegan las facultades de las instituciones para sancionar el lenguaje de terceros.

En el caso narrado, parece obvio decantarse a favor de Dávila y, junto con ella, con las miles de mujeres que son víctimas de incontables y muy diversas violencias, incluidas las del lenguaje; pero no parece tan obvia la facultad del tribunal de exigir una reeducación del lenguaje sobre un ciudadano como condicionante para dotarle o restringirle sus derechos ciudadanos.

El lenguaje, se sabe, es más que su mera regulación formal; su maleabilidad o mutación no depende ni de las voluntades de los expertos ni de las pretensiones de los constructores de ideologías; pero sí depende en mucho de la promoción masiva de su uso. Las herramientas de comunicación masiva (cine, televisión, radio e internet) han logrado cambios vertiginosos sobre la fisionomía del lenguaje en todos los pueblos.

Son famosos los estudios europeos sobre el lenguaje sensacionalista y estigmatizador en el tratamiento noticioso de los episodios de infracción de la ley cometidos por jóvenes y adolescentes en los años 90; al parecer, la opción por cierto lenguaje de desprecio contra los jóvenes terminó reafirmando y perpetuando estereotipos agresivos y violentos en una sociedad que distanció aún más las búsquedas comunes entre generaciones. Con la aparición de las redes sociales, este problema sólo se agravó: pequeños guetos de certezas infalibles son los configuradores de nuevos lenguajes que, a su vez, reordenan las dinámicas sociales.

Para muestra, un botón: ¿No le parece raro que prácticamente todos los medios de comunicación utilicen el lenguaje bélico para referirse a la pandemia de COVID-19? ¿Por qué desde las grandes cadenas hasta las más humildes publicaciones siempre se ha definido esta grave situación que atraviesa la humanidad como una ‘guerra’? ¿Y no quizá esta fascinación por el lenguaje militar ha provocado radicalidades incoherentes en las teorías conspirativas frente a un virus que se considera un ‘arma’ más que un ‘fenómeno’? ¿No quizá por ello sea más sencillo para la gente asimilar conceptos como ‘enemigo’ y ‘combate’ respecto al coronavirus en lugar de ‘enfermedad’ y ‘cuidados’?

En conclusión, el lenguaje no es un animal inasible que se deba dejar completamente desbocado y salvaje. Para eso están las relaciones culturales, la dinámica educativa formal e informal; pero tampoco podemos dotar a las instituciones políticas temporales o ideológicas, del derecho o las herramientas para sancionar, censurar o limitar las expresiones (por necias que sean, como las hechas por Noroña).

Que no se malinterprete: El legislador debe asumir consecuencias por las expresiones de violencia contra una mujer; no creo, sin embargo, que sea una institución política la que deba definir su castigo. No es positivo dotar de esas atribuciones a organizaciones que pueden mudar de principios ideológicos sin ruborizarse.

Las respuestas ante el lenguaje pendenciero y belicista deben ejercerlas, en primerísimo lugar, los inmediatos interlocutores, los miembros participantes y consumidores de la cultura del diálogo. Usted y yo, nosotros; porque hablamos para entendernos, no para pelear.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

LEE Censura y sollozos desde la investidura

Seguir leyendo

Gerardo Medina Romero

Reforma laboral de 4ta. para el Teletrabajo

Gerardo Medina Romero

Publicada

on

Reforma laboral de 4ta. para el Teletrabajo

El Mundo Interno de las Organizaciones

Por: Gerardo Medina Romero

El 11 de enero del presente año se hizo oficial en México un decreto por el cual se reforman algunos artículos de la Ley Federal del Trabajo en materia de teletrabajo, a raíz de que la mayoría de las empresas han estado trabajando así a causa de la pandemia. Incluso, muchas han decidido que mantendrán esquemas de teletrabajo hacia el futuro, ya que han comprobado sus beneficios, tanto para la empresa como para los trabajadores.

Lamentablemente, en una situación en la que empresas y trabajadores habían llegado a acuerdos, tenía que llegar el gobierno a descomponerlo todo y a poner en riesgo esa estabilidad.

Tal parece que el gobierno de México no tiene la menor idea de las tendencias en materia de organización, innovación, transformación y competitividad que se vislumbran en todo el mundo ante esta nueva situación. Tampoco seguramente se ha percatado de que vivimos en una realidad global y sin fronteras. ¡Por favor! Que alguien le avise al gobierno que las empresas mexicanas necesitan de su apoyo y del respaldo de sus empleados para enfrentar la crisis que la pandemia ha provocado a nivel mundial, y que los empleados mexicanos ahora compiten por sus puestos de trabajo con personas que están en cualquier lugar del mundo.

También puedes leer: La competencia por los puestos de trabajo será mundial

Me parece que las reformas, solo promueven aún más una mentalidad de mediocre de odio y explotación de los empleados hacia sus patrones como ha sido la tendencia de polarización de este gobierno. Seamos claros, el 95% de las empresas en México para las que aplica esta legislación, son PYMES y no puede absorber de manera unilateral todos los costos derivados del cambio de modelo de trabajo. Quizá las empresas transnacionales y los grandes corporativos a nivel mundial sí lo puedan hacer.

Reformas que sobreprotegen al trabajador y cargan la responsabilidad a los patrones solo servirán para crear conflictos, romper la estabilidad y crear mayor crisis, mientras las empresas extranjeras toman la delantera. Seguramente también servirán para que algún líder sindical extorsione a las empresas y se haga rico, utilizando y manipulando a sus agremiados.

La ley dice que el teletrabajo debe ser voluntaria, si el trabajador no acepta el empleador debe mantener su lugar de trabajo, con las mismas características o pudiese ser demandado. También posibilita, bajo la bandera de la intimidad, que el trabajador decida no prender su cámara de video en alguna reunión, y como esto otras cosas más.

Eso sí, obliga a los patrones a adquirir, proporcionar, instalar y dar mantenimiento a todo el equipo que el empleado requiera para trabajar en casa, e incluso a pagar el internet y la parte proporcional de energía eléctrica. Claro, eso si no deciden contratar talento de otros países y ahorrarse esta vergüenza. ¿Te imaginas el gasto para instalar algún tipo de tecnología y medir la parte proporcional del consumo de electricidad utilizado para trabajar?

El incremento en el gasto por internet, energía, café, agua y papelería sin duda se compensa con los ahorros generados por transporte, estacionamiento, comida y ropa y lo más importante, por mantener un trabajo. En el último de los casos, bastaría con hacer algún tipo de ajuste salarial y dejar la responsabilidad en el trabajador.

Tanto las empresas como los empleados han demostrado su capacidad de negociación de términos y condiciones para beneficio de ambas partes, sin la intervención del gobierno. Sobre todo cuidando en la medida de lo posible las fuentes de trabajo ante la crisis que cada día se complica más.

Síguenos en redes sociales

Estoy convencido de que hay dos tipos de mexicanos en el mundo organizacional: aquellos que quieren salir adelante y competir de tú a tú a nivel internacional, y otros que quieren aprovecharse de sus empresas para beneficiarse sin el menor esfuerzo, aunque esto les dure poco.

Lamentablemente los que hacen las leyes, son del segundo grupo porque toda su vida lo han hecho así. ¿Y tú?, ¿Qué cultura laboral quieres fomentar en México?

Seguir leyendo

Te Recomendamos