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Laboratorio de Ideas

Mantener el “home office” después de la crisis del Coronavirus

Gerardo Medina Romero

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Hace un par de semanas, algunas empresas decidieron enviar a sus trabajadores a casa y continuar su operación de manera virtual, otras lo hicieron a penas la semana pasada, algunas lo hicieron solo de manera parcial y algunas todavía siguen operando de manera normal en sus oficinas de trabajo. Lo que es un hecho, es que para todos ha sido un gran descubrimiento la aparente facilidad con la que el trabajo puede mantenerse aún y cuando las personas se encuentren en distintos lugares, pero cuidado, la realidad es que no es tan sencillo.

Esta pandemia tomo desprevenidos a muchas empresas que no tenían un modelo previo de trabajo a distancia ni la infraestructura para hacerlo, sus colaboradores no tenían laptops ni herramientas de trabajo colaborativo a distancia y mucho menos estaban a costumbrados a trabajar por su cuenta sin un jefe o supervisor que les llamara la atención. Incluso, algunos clientes todavía me manifestaron su intención de implementar algún mecanismo para substituir el reloj checador y asegurarse que el trabajador se levanta y se pone a trabajar a la hora que lo debe hacer desde su casa. 

Otras empresas estaban listas y no lo sabían, la mayoría del personal tenia laptops, plataformas y herramientas colaborativas de trabajo a distancia y la gente estaba preparada para autogestionar su trabajo. En muchas de estas empresas el único impedimento para no haberlo hecho antes eran los paradigmas de sus propios directivos que no creían que la gente pudiera trabajar desde su casa sin supervisión y aun así, ser productivos.

Pero como sabemos, toda situación presenta ganancias y pérdidas. En el modelo de trabajo tradicional, donde los colaboradores trabajan en un mismo lugar, la organización gana la posibilidad de controlar la asistencia del personal y supervisar su trabajo de inmediato, las interacciones son en el momento, las conversaciones incluyen no solo el lenguaje, sino la emocionalidad y la corporalidad que las hace más efectivas, existen recursos e infraestructura compartida y teóricamente se genera una mejor coordinación en el trabajo. El personal gana un sentido de pertenencia, se observa y se siente como parte de un equipo, genera relaciones emocionales con sus compañeros de trabajo y esto le genera un apego y arraigo a la empresa.

Así mismo, con ese modelo la organización pierde también. La principal pérdida es sin duda la posibilidad de que su personal tenga una mejor calidad de vida y que trabaje con menos estrés y tensión para evitar la principal causa de la rotación y pérdida de talento. En este modelo el personal invierta mucho tiempo en traslados y gasta más dinero en transporte, en comer en la calle o en tiempo extra de guarderías entre otras cosas, por lo exige sueldos más altos. Las empresas además tienen altos costos por la renta, adecuación y mantenimiento de oficinas, servicios de electricidad, agua, internet y demás recursos para mantener un lugar adecuado para trabajar sin olvidar el gasto en consumibles como plumas, papel, plumones, equipo de oficinas y hasta el café. Incluso en algunos casos se tienen costos en prestaciones como el pago o subsidio de estacionamientos, membresías de clubs deportivos y descuentos de servicios cercanos a las oficinas.

Ahora con un modelo de trabajo en casa, de la misma manera, hay cosas que las empresas ganan y otras que pierden. Lo importante es identificar las pérdidas para tratar de subsanarlas de alguna manera y así tratar de equilibrar el modelo de operación nuevamente. 

Si la empresa quiere aprovechar para mantener un modelo de operación a distancia después de la crisis, lo primero que debe tomar en cuenta es que, no es lo mismo un modelo de operación a distancia, que trabajar en casa obligados por una pandemia. En un modelo de operación a distancia deberán existir mecanismos que equilibren la salud emocional del personal con una mezcla de actividades en casa y actividades fuera de casa o en la oficina (en la crisis eso no es posible) con interacciones más efectivas, que además sirvan para cubrir esas necesidades sociales que le hacen falta, fortalecer su sentido de pertenencia y nutrir sus relaciones interpersonales con sus compañeros. 

Suponiendo que el esquema que la organización pretende tener sea 80% trabajo virtual y 20% trabajo en oficina, este último debe ser lo suficientemente poderoso para nutrir al colaborador del 100% de sus necesidades sociales. El modelo de trabajo deberá rediseñarse para que en ese 20%, del trabajo en oficina, el colaborador cuente con espacios de coordinación e interacción productivos con impacto en los resultados de negocio pero que sirvan también para fortalecer los vínculos emocionales del personal con sus compañeros y con la empresa. De nada sirve que en ese 20% el colaborador llegue a la oficina a sentarse en su lugar frente a su computadora a hacer el trabajo que podría hacer desde su casa. 

Esto complementado con actividades y programas de integración y convivencia para mantener la parte social y arraigar la cultura a pesar de trabajar a distancia, adicionado con nuevas políticas y métricas para evaluar el desempeño del personal enfocadas a resultados y no a asistencia, pueden equilibrar nuevamente el nuevo modelo de operación entre sus ganancias y pérdidas.

Si además, creamos programas para enseñar a la gente a autogestionar su trabajo en casa estableciendo y respetando horarios, con actividades equilibradas, teniendo un espacio adecuado de trabajo y reforzamos con temas de salud emocional, administración del tiempo y habilidades de comunicación y coordinación efectiva, se lo podrá sacar muchísimo provecho a esta nueva realidad que queriendo o no, de pronto llegó y nos hizo implementar lo que en muchas empresas se había postergado por distintos paradigmas.

Ayer un cliente me compartió una imagen que resume esto. El responsable de la transformación digital de las empresas no fue el Director General ni la Dirección de Transformación ni el Comité de Agile… fue el Coronavirus. ¿Quién lo diría?

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Laboratorio de Ideas

¿Y la activación física contra la obesidad?

Columna Invitada

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Por Agustín A. Herrera Fragoso

¿Qué le pasó a Poncho?, se cuestionó la familia del niño en un video subido a la red social Youtube, el cual narra la historia del estudiante de secundaria que falleció el 2 de diciembre de 2013 por la misma causa que tiene sumida a una buena cantidad de niños mexicanos en una regular o mala calidad de vida y con riesgo a contraer enfermedades como diabetes e hipertensión: la obesidad.

“Ves a tus hijos crecer y piensas que están sanos. Desafortunadamente no te das cuenta y pasas por muchas situaciones, que en el caso de Poncho fue lo que me pasó. No me di cuenta de que su alimentación, el que no hiciera ejercicio, su sobrepeso le causara la muerte”, señala el padre de Poncho en la grabación.

Con el video, los padres del joven pretenden crear conciencia sobre el problema de la obesidad en México que, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2018, en el país se registró 18.1 por ciento de sobrepeso en infantes de 5 a 11 años de edad y 17.5 por ciento de éstos con obesidad.

El sobrepeso y la obesidad constituyen ya, en conjunto el principal problema de salud pública en México. Para enfrentar el problema se limitan a prohibir los alimentos denominados Chatarra por su alto índice calórico y de azúcar, sin hacer un abordaje de manera integral y desarrollar políticas públicas que involucren a los diversos sectores de la sociedad mexicana en conjunto con los padres y la sociedad.

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. Se calcula que en 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos.[1]

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Mismas que son prevenibles.

La obesidad entre los niños y los adolescentes se ha multiplicado por 10 en los cuatro últimos decenios[2]. El número de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los cinco y los 19 años que presentan obesidad se ha multiplicado por 10 en el mundo en los cuatro últimos decenios.

Las conclusiones de un nuevo estudio dirigido por el Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, si se mantienen las tendencias actuales, en 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia ponderal moderada o grave.[3]

La Dra. Fiona Bull, coordinadora del programa de la OMS de vigilancia y prevención poblacionales de las enfermedades no transmisibles señala: “La OMS alienta a los países a esforzarse por modificar los factores del entorno que aumentan el riesgo de obesidad en nuestros hijos. Más concretamente, es preciso reducir el consumo de alimentos muy elaborados baratos, con alto contenido calórico y bajo valor nutricional. Además, conviene que los niños dediquen menos tiempo de ocio a actividades sedentarias y que incluyen el uso de pantallas. Para ello, es necesario fomentar la actividad física mediante el deporte y la recreación activa”.

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad infantiles es el desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico. El aumento mundial del sobrepeso y la obesidad infantiles es atribuible a varios factores, tales como:

  • El cambio dietético mundial hacia un aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables.
  • La tendencia a la disminución de la actividad física debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, el cambio de los modos de transporte y la creciente urbanización.

Se acepta que la prevención es la opción más viable para poner freno a la epidemia de obesidad infantil, dado que las prácticas terapéuticas actuales se destinan en gran medida a controlar el problema, más que a la curación. El objetivo de la lucha contra la epidemia de obesidad infantil consiste en lograr un equilibrio calórico que se mantenga a lo largo de toda la vida.

Equilibrio que se vivía y que forjábamos principalmente en los 70s, 80s y 90s, cuando la alineación tecnológica no destituía el juego y la diversión en los parques, la delincuencia organizada no invadía las calles y espacios de recreación infantil; donde se podía mantener un equilibrio calórico con el ejercicio, por lo que falta:

  • Mantener la actividad física: un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas.

Elemento fundamental que la OMS lo señala para complementar el régimen alimentario y saludable.

Situación que también va de la mano de la seguridad, el contar con los espacios adecuados, donde podemos cambiar una cultura virtuosa del ejercicio y el juego sumando a la familia, amistades y la sociedad.

Por lo que se recomienda que se den las condiciones legales y de política pública para que:

  • Los niños y jóvenes de 5 a 17 años inviertan como mínimo 60 minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa.
  • La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud.
  • La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.

Donde la realización de una actividad física adecuada ayuda a los jóvenes a:

  • Desarrollar un aparato locomotor (huesos, músculos y articulaciones) sano;
  • Desarrollar un sistema cardiovascular (corazón y pulmones) sano;
  • Aprender a controlar el sistema neuromuscular (coordinación y control de los movimientos);
  • Mantener un peso corporal saludable.

La actividad física se ha asociado también a efectos psicológicos beneficiosos en los jóvenes, gracias a un mejor control de la ansiedad y la depresión. Asimismo, la actividad física puede contribuir al desarrollo social de los jóvenes, dándoles la oportunidad de expresarse y fomentando la autoconfianza, la interacción social y la integración. También se ha sugerido que los jóvenes activos pueden adoptar con más facilidad otros comportamientos saludables, como evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, y tienen mejor rendimiento escolar.


[1] Ver: https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/

[2] Ver: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2017/increase-childhood-obesity/es/

[3] 11 de octubre de 2017, LONDRES

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Análisis y Opinión

La imagen se construye desde los detalles

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Cada vez es más común ver en redes sociales a profesionales o empresas que hacen publicaciones sobre distintos temas relacionados a sus servicios o productos tratando de llamar la atención de posibles clientes. Es importante destacar que en ocasiones la forma resulta mucho más relevante para captar la atención de un posible cliente que el fondo del contenido.

El fondo es el contenido y mensaje que se intenta transmitir, incluye el enfoque y el manejo del tema. El fondo nos permitirá hacer juicios sobre el nivel de experiencia que tiene el profesional y la empresa, dominio del tema, punto de vista con el que hace la observación, enfoque práctico que le da, y muchas cosas más.

Por su parte, la forma incluye tanto la redacción y ortografía utilizada, así como el diseño, las imágenes y el medio seleccionado para comunicarlo. La forma nos permitirá hacer juicios sobre la importancia que tiene para la empresa o persona que lo publica hacer o entregar cosas con calidad, su nivel de profesionalismo y la atención que le da a los detalles.

Todo comunica y todo lo que una empresa o un profesional hace, de manera consciente o inconsciente, contribuye a que el público con el que tiene contacto genere una determinada imagen de ellos que influirá en la toma de decisiones con relación a la compra del producto o servicio que ofrece.

La imagen es la suma de los juicios que un determinado público hace sobre una organización o un profesional a través de la acumulación de todos los mensajes que haya recibido, directa o indirectamente.

Una publicación con errores ortográficos o de redacción genera juicios tan negativos como una publicación donde el manejo del tema es confuso, erróneo o sin ofrecer valor alguno. Un profesional que no cuida el manejo de sus redes sociales y el tipo de publicaciones o fotos que comparte puede contribuir de manera negativa a su imagen profesional, tanto como un conflicto laboral.

Desde mi punto de vista, si una empresa no tiene algo verdaderamente relevante que aportar que sea distinto o nuevo a lo que se ha dicho, o si no domina un tema en particular, es mejor no escribir nada, ya que eso solo pondrá en evidencia su incapacidad ante sus potenciales clientes. Si una empresa no es capaz de revisar la puntuación, la redacción y la ortografía de una publicación, seguramente tampoco pondrá atención al hacer las cosas con calidad y profesionalismo para sus clientes.

La calidad de los productos y servicios de una organización o de un profesional son tan importantes para construir su imagen como lo son la actitud y comportamiento fuera y dentro de la empresa, al igual que la calidad de sus publicaciones y mensajes que emite a través de los distintos medios de comunicación.

El incremento en el uso de los chats a través de dispositivos móviles ha atrofiado tanto nuestra capacidad de escribir como la de leer, y nos hemos llenado de una serie de vicios y malos hábitos que pueden verse reflejados en las publicaciones que elaboramos y publicamos. De pronto ya no sabemos usar la puntuación correctamente y al revisarla no somos capaces de detectar errores tan graves como la falta de un signo de interrogación al inicio de una pregunta, o el uso indiscriminado de mayúsculas por ejemplo. Es por ello que debemos darle el doble de importancia a la revisión de los textos.

Si queremos fortalecer nuestra imagen como empresa o profesionales independientes, debemos comenzar por cuidar todos los mensajes que enviamos, al menos los que hacemos de manera consciente. Hay que reconocer que para hablar de un tema hay que dominarlo y tener algo nuevo que aportar o, de lo contrario, será mejor no escribir a menos que se trate de una simple opinión sobre el tema.

Y si ya decidiste publicar un artículo, un aviso o un simple comentario de cualquier índole, asegúrate de hacerlo con buena redacción, verifica el significado real de las palabras que utilizas, revisa que tiene la puntuación adecuada y asegúrate que esa publicación realmente refleja la imagen que quieres proyectar.

Recuerda, la imagen pública de una empresa puede ser su principal aliado o su peor enemigo para lograr sus objetivos de negocio y su construcción comienza desde los detalles.

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