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Laboratorio de Ideas

Terminar una relación no es terminar con la familia

Javier Chávez de Icaza

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Lo más común, que no es lo ideal pero sí lo que más veces se presenta, es que cuando una relación de pareja se acaba, alguna o ambas partes acaben muy dolidas, se siente(n) traicionada(s) y se queda(n) muy enojada(s) con la otra parte.

Esto hace que las condiciones para la separación no sean óptimas y aunque todos los padres diríamos que buscamos lo mejor para los hijos, la realidad, pocas veces admitida, es que buscamos castigar al infractor lo más que podamos, incluso a costa de los hijos.

Tomemos por ejemplo un caso en que se disuelve una relación, por una infidelidad del hombre, sin afirmar que este caso sea uno de los más comunes. Aunque desde mi criterio sí hay diferencia en ser infiel y ser desleal, asunto que podré explicar en otro momento, normalmente a esto se le dice “traición” y sí, puede ser una traición a la pareja pero no necesariamente es una traición a la familia y esta es una aclaración muy significativa en el futuro de los integrantes de esa familia.

Digo que condiciona el futuro de todos los miembros de la familia porque, primero, se establece que esa familia está desbaratada; segundo, que hay que castigar al traidor y dejarlo lo más alejado posible del contacto con los hijos (porque es una mala influencia); y tercero, porque condiciona al traicionado a hipotecar su vida en aras de consolidar la familia.

Vayamos analizando a cada integrante de esa familia y sus implicaciones futuras:

PADRE: Por ser el infractor, merece todo el odio, a veces, no solo de su expareja, si no el de los hijos también. Por esta razón, se debe limitar al máximo la convivencia con los hijos y prácticamente prohibir convivencia de los hijos con la pareja de padre. Esto hace que el padre no pueda programar actividades con sus hijos, se debiliten los vínculos individuales entre padre-hijo(s), se genere un distanciamiento con el hijo y no pueda aportar casi nada (Solo parte económica) en la educación y desarrollo de sus hijos. Genera conflictos con su nueva (cuando la tenga) pareja que le complica su relación y que no permite que la relación con la madre de sus hijos se vaya sanando, por el contrario se va desintegrando cada vez más. En conclusión sufre por la falta cercanía con su(s) hijos, sufre por la presión de su expareja y lo presionará su nueva pareja, por lo que le que le queda es ajustarse a lo permitido (Ver a sus hijos dos días cada dos semanas) ir rompiendo sus vínculos individuales, por lo que incluso, las pocas horas que conviva con sus hijos, no las disfrutará. 

MADRE: Está dolida, se siente traicionada y lo más “justo” es que el traidor sufra la mayor condena, incluso (aunque no lo admita) a costa de su hijos. Su vida se centra por completo en sus hijos y por lo mismo, se priva de oportunidades para rehacer su vida, la visión se le acorta, se le recrudece el rencor a su expareja porque la ha dejado limitada y cae en frustraciones que, en algunas ocasiones, se traducen en no estar de buen humor con sus hijos o sentirse agobiada por tanta responsabilidad, habla mal de padre a los hijos y tiene pocas oportunidades de conocer una nueva pareja.

HIJOS: Pierden una parte fundamental de su apoyo en desarrollo emocional y educativo, sufren la distancia del padre, pierden identidad de la familia y tienen que soportar los malos comentarios de uno o de ambos padres con respecto al otro. No entienden porque si ambos padres les dijeron que el cariño que sentían sus padres por ellos no cambiaría, la realidad es que si sienten mucho cambios. Pierden a un confidente, cómplice o compañero en la vida, en algunas ocasiones pierden los dos y su capacidad para desarrollar relaciones con personas de ambos sexos se limita. Tienen que estar lidiando con las parejas de uno o de ambos padres y no logran congeniar los cambios que está viviendo.

Si bien todo esto está basado en el supuesto del que el padre traiciona a la madre, las implicaciones de los integrantes de la “exfamilia” se mantiene si la separación es por cualquier causa pero con resentimiento de una o ambos padres.

Twitter: @padreverdad

Facebook: Padre de Verdad



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Nadie puede dar lo que no tiene

Columna Invitada

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Por Alejandra Carmona O.

De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin, “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como parte de la especie humana, no me había tocado vivir un reto de “cambio” como el que esta pandemia nos está ofreciendo. No es casualidad el verbo seleccionado, estoy convencida de que esto es una oportunidad.

Y como mujer, sin duda seré parte de las especies con alta probabilidad de sobrevivencia, no sólo por seguir las recomendaciones en materia de salud, sino porque he vuelto a descubrirme y desde ahí, agradezco la vida como se nos está presentando.

Soy una mujer casada, mamá de dos increíbles seres humanos (mis más grandes maestros), ejerzo mi profesión (abogada), estoy estudiando una maestría, amo el ejercicio, considero que las amistades son la familia que uno escoge y creo que los días serían significativamente mejores si duraran 36 horas pues siempre tengo la sensación de que “pude haber hecho” tal o cual cosa más.

Y así, arranqué la “sana distancia” aferrándome a las actividades anteriores, tratando de cumplir con todo lo que hacía antes, asumiendo nuevos roles en un espacio convertido en casa, oficina, escuela, gimnasio, café, restaurante y bar.

Me enfoqué en una casa limpia y recogida, una comida hecha en casa, conexiones a Zoom, tareas terminadas, hacer ejercicio, etc. Una máquina. Terminé agotada.

Una tarde, después de clase de ballet (sí, también hay que seguir tomando todas las “afterschool”) mi hija estalló en llanto con un sentimiento profundo dejando salir todas sus angustias, toda su impotencia, todo su cansancio, todo el estrés ocasionado por el cambio. Me sacudió.

Nos abrazamos mucho, mucho tiempo. “¿Qué estoy haciendo?”, pensé. Me enojé con los chinos, sigo enojada con el gobierno, me duele la ignorancia de México y me pregunté miles de veces ¿por qué?

Debatiendo con mi esposo, enojada, sacando toda la frustración resonó en mi cabeza Viktor Fankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y entonces recordé que yo soy mi activo más valioso; que cultivar el crecimiento y bienestar propio redunda en la paz y armonía de mi entorno. De pronto los porqués se transformaron en paraqués: ¿qué me están queriendo decir? ¿qué eliges hacer con esto que está sucediendo?

Me detuve, respiré y volví a escucharme. Mi voz interior influenciada por los “deber ser” que cargamos todos los días.

Descubrí que no siempre tengo la voluntad, paciencia, compasión y humildad para escucharme. Que soy muy exigente y dura conmigo. Nunca es suficiente: ¡qué agotador! No me gusté. No me reconocí.

Me gusta ser esposa, mamá, amiga, deportista, profesionista, estudiante, hija. Asumo todas las cachuchas que con mucho orgullo y entusiasmo me pongo todos los días pero ahora entiendo que cansada, estresada y agotada estaría fallando en todas esas áreas porque a quien estoy abandonando es a mí misma.

¿Egoísmo? No quiero entrar en un debate moral pero la respuesta sería afirmativa entendiendo a éste como asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.

Cargo mi propio equipaje con el “equilibrio” como desafío que asumo todos los días. Es mi punto de partida para valorarme, quererme como persona, arrancar cada día y concluirlo tratando de ser un poco mejor que antes.

Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Todos los días debo desandar exigencias autoimpuestas a través de las cuales miro el mundo y aprender a dedicarle a cada cosa su justo valor, su justo tiempo, su justo espacio. Sin duda me equipo, me sacudo y vuelvo a empezar.

Gracias al COVID-19 he tenido la oportunidad de confirmar que me volvería a casar con mi esposo, de conectar con mis hijos desde sus actividades escolares, su amor por la tecnología y las series, descubrir el placer de cocinar, que barrer tiene su chiste para que trapear tenga sentido y que hacerlo durante una conferencia telefónica es un súper ejercicio.

Y que nada pasa si un día no se lava, no se plancha, no está la casa perfecta o tuviste que comer tortas, pero que pasa mucho si me olvido de mi propósito de vida.

Nadie puede dar lo que no tieneSólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás… Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación…N ecesitarás amarte para amar, respetarte para respetar, valorarte para valorar, aceptarte para aceptar. Recuerda que nadie puede dar lo que no tiene.

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¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

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¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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