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Especial Especial

Opinión

Tal cual | Caravana migrante… del triunfalismo a la realidad

Emanuel Mendoza Cancino

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De la promesa del entonces presidente Vicente Fox  de resolver en 15 minutos el levantamiento zapatista en Chiapas a la declaración de la actual secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en el sentido de que en cinco días la dependencia a su cargo resolvió la “crisis migratoria” que se vive en Tijuana, Baja California, mediante la instalación de centros de salud, comedores, dormitorios y actividades infantiles, hay muchas similitudes, un desbordante optimismo. 

Tijuana en materia migratoria en los últimos dos meses es un auténtico polvorín, no sólo por la situación en que se encuentran más de 7 mil centroamericanos hacinados en el centro El Barretal, en casas de campaña, donde cientos de niños pasan frío, con alimentos limitados a dos comidas por día, con un invierno en puerta que podría crear una epidemia de enfermedades respiratorias y el clima antiinmigrante de una parte de los tijuanenses alentado por el alcalde, Juan Manuel Gastélum. 

Además al menos unos 300 centroamericanos, de acuerdo a medios de comunicación de Tijuana, que están sobreviviendo en las calles, sin agua, electricidad, ni servicios médicos, acampando a un costado de la Unidad Deportiva Benito Juárez, donde se habilitó el primer albergue, mientras esperan poder presentar su caso ante autoridades migratorias de Estados Unidos. 

El nuevo gobierno federal no debe caer en la tentación de que por decreto y en sólo dos semanas de gestión pueden resolver los problemas heredados por la administración anterior o por situaciones complejas, de carácter global como lo es la migración transnacional. El triunfalismo no ayuda a nadie, ni a los migrantes centroamericanos, ni los gobiernos estatales, municipales o federal. 

Incluso el alcalde xenófobo de Tijuana, Juan Manuel Gastélum, quien ha criminalizado a los migrantes centroamericanos y los ha acusado de delincuentes, respondió a las expresiones de Sánchez Cordero, titular de Gobernación, sobre que la crisis migratoria en Tijuana ya estaba “resuelta”. 

“¡No está resuelta la crisis!”, dijo el emulo tijuanense de Donald Trump quien en los últimos días ha pedido la detención de los líderes de la caravana migrante. 

Además y como parte de la nueva política migratoria alentada desde la Secretaria de Gobernación, su titular informó que el gobierno mexicano cerrará de forma efectiva la entrada sin autorización en su frontera sur con Guatemala, para frenar con ello los cruces ilegales a través del río Suchiate. “En el sur solamente va a haber una entrada en el puente”. 

“Cualquiera que quiera entrar ilegalmente le vamos a decir fórmate en la cola y vas a entrar a nuestro país’”, dijo la funcionaria federal. 

Habrá que esperar cómo funcionará esta nueva política migratoria en el sur, con un virtual muro fronterizo que busca frenar, inhibir o por lo menos dosificar el éxodo de más de medio millón de centroamericanos que cruzan cada año por México con el interés de llegar a Estados Unidos.  

Esperamos que sea una política netamente diseñada en México, con una visión de protección de derechos humanos, no de persecución y carcelaria como en el Plan Frontera Sur, del gobierno de Enrique Peña Nieto, que se convirtió en la “Border Patrol Mexicana” de Barack Obama y de Donald Trump. Tal Cual. 

Columna en colaboración con el sitio especializado en migración www.theexodo.com



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Análisis y Opinión

383-384

Felipe Monroy

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Entre los mil setecientos cincuenta y dos artículos que constituyen el Código de Derecho Canónico, apenas basta con leer los numerales 383 y 384 para atisbar la pesada carga que cae sobre los hombros de los obispos católicos, especialmente en las crisis.

Los dos cánones contienen un condensado ético y moral de los muchos ‘deberes’ de los pastores: “Debe mostrarse solícito con todos los fieles que se le confían, cualquiera que sea su edad, condición o nacionalidad, tanto si habitan en el territorio como si se encuentran en él temporalmente”, dice el 383.

Esta es la primera de las funciones sociales que la Iglesia les exige; las otras funciones son más bien de índole de gobierno, liturgia y diplomacia. Sin embargo, el derecho canónico les pide explícitamente ser ‘solícitos’, es decir: ser atentos, diligentes, afanosos, serviciales y cuidadosos con los católicos en su territorio. La forma en que está escrito este numeral advierte que se trata más de una actitud que de una tarea y, por supuesto, si el obispo no asume esta actitud en su vida cotidiana, se hace evidente.

El numeral 384 es aún más detallado sobre sus responsabilidades, especialmente con los ministros bajo su cuidado: “El obispo diocesano atienda con peculiar solicitud a los presbíteros, a quienes debe oír como a sus cooperadores y consejeros, defienda sus derechos y cuide de que cumplan debidamente las obligaciones propias de su estado, y de que dispongan de aquellos medios e instituciones que necesitan para el incremento de su vida espiritual e intelectual; y procure también que se provea, conforme a la norma del derecho, a su honesta sustentación y asistencia social”.

En una ocasión, dialogando con un obispo mexicano sobre estos ‘deberes’ reflexionó en confianza: “Sólo dormido podría yo dejar de pensar lo pesado que es cumplir con celo apostólico todas mis responsabilidades, estar para el pueblo de Dios y estar para auxiliar a mis sacerdotes. Es la razón por la que antes de dormir pedimos que Dios nos cuide el sueño, pero nada más abrir los ojos pedimos que Dios nos socorra”.

Y si en las aguas quietas ya es una terrible carga, en las crisis quizá el obispo no deba dormir sino permanecer siempre en petición de auxilio divino. El fraile Antonio González de Rosende explica esto en su relato sobre el beato Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), obispo de Puebla y virrey de la Nueva España: “Crecieron con la obligación del Estado las horas de oración mental, que es el tesoro de las virtudes, empezando ordinariamente a las tres de la mañana a entrar en este ejercicio, y otras veces más temprano” (Vida de D. Juan de Palafox. Libro I, capítulo VIII).

En las últimas semanas se ha desatado entre los medios de comunicación y algunos sectores eclesiásticos una polémica sobre la responsabilidad que tiene un obispo diocesano respecto a sus ministros en temporada de crisis, específicamente cuando alguno de ellos cae enfermo de COVID, en un contexto de necesidad económica y de dificultad para conseguir siquiera acceso a servicios médicos y hospitalarios. Los cánones son muy claros, el obispo está compelido a proveer la asistencia social a los ministros incardinados en su diócesis.

Pero ¿de qué tipo de asistencia social estamos hablando? Es claro que un código universal como el derecho canónico no la detalla, pero en el espíritu ético y moral de ambos cánones se puede interpretar la respuesta: Toda la que sea necesaria, tanta cuanto esté en manos del obispo.

Es claro que, tras diez meses sin la actividad regular de la Iglesia católica en el mundo, las instituciones eclesiásticas (principalmente las curias parroquiales y diocesanas) se encuentran en números rojos y vean cada vez más difícil atender aquellas responsabilidades con la generosidad y diligencia que en otras épocas podrían haber manifestado. Con todo, bien dijo el periodista Emilio Abreu Gómez: “Hay hombres de espíritu levantado, impaciente. Para éstos, una mañana es ya el principio de una tarde”.

LEE Censura y sollozos desde la investidura

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Los dichos del Presidente

Cristian Ampudia

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Conversando

Que Andrés Manuel López Obrador tenga Covid-19 no es un tema menor. Afortunadamente y por lo que informó a través de Twitter, los síntomas que padece son leves, sin embargo deben extremarse las precauciones para que su salud salga adelante.

A nadie conviene que el Presidente enfrente dificultades durante su enfermedad, por ello cualquier persona sensata desea su recuperación, quien opine lo contrario, seguramente no es consciente de las graves consecuencias que podría tener para el país o simplemente hace gala de su mezquindad.

Por ello, también es importante saber cómo es que se llegó hasta este punto. Si bien es cierto que los deseos apuntan a un restablecimiento pleno de López Obrador, también lo es que el Presidente debe hacer una autoreflexión sobre la forma en cómo ha decidido manejarse durante la pandemia, pues todo queda reflejado en los dichos del presidente… veamos:

“Hay quien dice que por lo de coronavirus no hay que abrazarse. Pero hay que abrazarse, no pasa nada”.

12 de marzo del 2020

“El escudo protector es la honestidad, eso es lo que protege, el no permitir la corrupción. Miren, este es el detente. Esto me lo da la gente. Miren, aquí hay otro detente. ‘Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

18 de marzo del 2020

“No apanicarnos, vamos hacia adelante y no dejen de salir. Todavía estamos en la primera fase (…) sigan llevando a la familia a comer, a los restaurantes, a las fondas”.

22 de marzo 2020

“No me pongo el cubrebocas porque no me lo recomienda Hugo (López-Gatell), le pregunté y él ya tiene una explicación sobre eso, pídansela. Entonces yo le hago caso”.

29 de abril 2020

Ayer usé por primera vez el término crisis transitoria (por el Covid 19), esto no va a tardar y vamos a salir fortalecidos, y vamos a salir fortalecidos porque no nos van a hacer cambiar en nuestro propósito de acabar con la corrupción y que haya justicia en el país. Por eso vamos a salir fortalecidos, o sea, que nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”.

2 de abril 2020

“Comer saludable, no comer productos chatarra, pero también eso es voluntario, no puede ser obligatorio. Y estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar, no traicionar, eso ayuda mucho para que no de el Coronavirus”.

4 de Junio 2020

“Estaba yo viendo que los del PAN ya presentaron una denuncia porque quieren que me ponga cubrebocas, me voy a poner un tapaboca cuando no haya corrupción, entonces me pongo”.

31 de julio 2020

“Me dice el doctor Hugo López-Gatell, que es el que me orienta, y el doctor Alcocer, que no es indispensable (usar cubrebocas), que hay otras medidas. Y yo pienso que lo mejor es la sana distancia y el cuidarnos nosotros”.

2 de diciembre 2020

Sí, el Presidente debe recuperar su salud a cabalidad, pero también es momento de hacer una pausa y tomar con seriedad la pandemia pues, a juzgar por los dichos de López Obrador, desde Palacio Nacional no se ha hecho y hasta se ha tratado de politizar el tema… algo que es francamente desconcertante.

Siempre habrá tiempo para corregir el rumbo, pero ¿con qué discurso regresará López Obrador a sus actividades luego de la enfermedad? Ya se verá…

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