Connect with us

Análisis y Opinión

¿Y el Covid existe?

José Luis Arévalo

Publicada

on

Vi con atención un video que circula en redes sociales de cómo una familia que vendía carnitas en la vía pública de Tehuacán, Puebla, agrede a personal de Protección Civil que les pedía que utilizaran cubre bocas para evitar contagios.

La reacción de “tan finas” personas no solo fue golpear a quien grababa la discusión con su celular, sino que además gritaban que “esa enfermedad no existe”.

Y como este episodio ha habido otros en el interior de la República, en donde muchas personas, a pesar de estar al tanto del fallecimiento de más de 17 mil contagiados, aseguran que esto del Coronavirus es un invento. 

¿Y a quién culpar si hay líderes a nivel mundial que desde un principio subestimaron el impacto de este virus? Y le puedo dar varios ejemplos.

No solamente nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, sino también el estadounidense Donald Trump, el ruso Vladimir Putin y el brasileño Jair Bolsonaro, justamente países donde se registran las cifras del mayor número de contagios y fallecimientos; y en donde, a excepción de Putin, la popularidad de los antes mencionados va a la baja.

Honestamente no entiendo a ese grupo de personas que siguen sin creer y que exponen a otros. Me encantaría que me dijeran las causas por las que se inventaría una enfermedad así, poniendo en riesgo la economía de millones de personas, cerrando negocios y dejando sin trabajo a millones en muy poco tiempo, ¿cómo para qué?

Ahora bien, lo que es un hecho es que los mensajes de esos mandatarios han sido pieza fundamental para crear el rechazo a esa enfermedad.

Mire, solamente analice el comportamiento de Trump quien en un principio hasta habló de inyectarle a los médicos algún desinfectante con tal de que no se contagiaran, Bolsonaro que nunca quiso usar cubrebocas y caminaba entre la gente, Putin que ignoró las recomendaciones, y cómo olvidar tantos y tantos comentarios de López Obrador y uno que otro miembro de su partido.

Basta con recordar al gobernador de Puebla (por cierto, Estado donde se dio la agresión de los vendedores de carnitas), que aseguró en un principio que esto se curaba comiendo consomé de pollo y mucha cebolla. Eso no se olvida, aunque ahora cubra más de la mitad de su cara con un inmenso cubre bocas.

El Coronavirus está sacando lo peor de nosotros y no lo mejor como sucedió en los terremotos en donde la solidaridad fue pieza fundamental.

Ahora, hemos visto como la intolerancia se ha apoderado de muchos incapaces de soportar el encierro y que descargan su furia a la menor provocación (ya hay varios ejemplos: Lady Pizza o el taxista que rompió el cristal del coche de una familia, entre otros).

Hemos demostrado que quedarse en casa significa para muchos un castigo, ha mostrado el egoísmo de quienes por no cuidarse son capaces de contagiar a otros y como la agresión a médicos que arriesgan su vida ha sido noticia en México y el mundo.

Pero reitero, si el líder no pone el ejemplo, qué podemos esperar. Si el responsable de manejar al país ha mostrado sentimientos como los mencionados anteriormente, giras en época de semáforo rojo, no utilizar cubre bocas, contradecir las recomendaciones del subsecretario López Gatell -que se supone que es quien más sabe-, y sus ansias por recuperar algo de los 30 puntos de popularidad que ha perdido en muy poco tiempo, no veo cómo parte de la población, muy probablemente seguidores del “líder”, van a creer en el riesgo de la pandemia.

La popularidad no se va a recuperar yendo en contra de los científicos que dicen saber cómo manejar esta pandemia; si no, ¿para qué los tiene si no cree en ellos?

De ahí que lo más urgente es sacar a la luz supuestos nuevos casos de defraudación fiscal para seguir enarbolando la bandera de la lucha contra la corrupción. Vamos a ver la próxima semana quién o quiénes son los que han defraudado al fisco con más de 40 mil millones de pesos, y ya veremos que le ayuda más al presidente, si mantener su agenda o ver cómo sube el número de fallecidos y contagiados.

Por lo pronto, cuídese porque ni recuperando esa cantidad millonaria, usted se va a curar de Covid y sus consecuencias… porque nada de ese dinero, créamelo, va a llegar a nuestros bolsillos.

@jlanoticias

@jarevalop

www.siete24.mx



Dejanos un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Análisis y Opinión

La armadura vacía de un gobierno que se cansó de soñar

Felipe Monroy

Publicada

on

Entre algunos dones, es claro que el presidente López Obrador siempre ha guardado cualidades de idealismo. Quizá algunos no coincidan con su perspectiva, pero sería necio negar su empecinado sueño. A dos años de ejercer el gobierno de la República, sin embargo, parece haber signos de que su ilusión se agotó, que ha caído en el cieno del pragmatismo y que la ‘constitución moral’, la ‘cartilla moral’ o la ‘guía ética’ son apenas la cascarilla de una semilla que renunció a germinar.

El sueño siempre tuvo un protagonista, el pueblo; y un horizonte, su liberación. La andadura política del hoy presidente de la República comenzó justo en lo que ahora desprecia, cuestiona, regatea y sospecha: la oposición. La extraña e indomable actitud del ciudadano inconforme, de aquel que se manifiesta, el que exige respuestas, el que reclama derechos, el que visibiliza la injusticia, del que clama desde la angustia por su bienestar y futuro.

La elección de López Obrador, su rotundo y aún interpelante triunfo en las boletas, fue la expresión más radical del hartazgo de un pueblo que llevaba décadas sin ver reflejada su esencia en el poder político. No lo intuyeron entonces los analistas que no distinguían esta categoría entre los candidatos y hoy el propio Andrés Manuel parece no reconocerlo, aunque literalmente se le ponga enfrente.

Apenas dos hechos sintetizan esta hipótesis. La primera sucedió en Mexicali, con la imagen de una anciana que se refleja en la ventanilla de la camioneta detrás de la cual el presidente le extiende una mirada que rezuma entre compasión y desdén. Según el propio fotógrafo, Víctor Medina, López Obrador quería establecer contacto con la gente pero que la situación de pandemia se lo impide. El presidente lo confirmó en la conferencia mañanera del 2 de diciembre, prefiere la distancia a usar cubrebocas. Así que, a esta mujer, le mostró distancia.

El segundo evento también sucedió en Baja California, pero en las playas de Rosarito. La joven Irais García se manifestó ante la caravana presidencial para obtener una respuesta ante la carencia de medicamentos para cáncer. La chica se colocó frente a la camioneta para detener el convoy e incluso cacheteó a un hombre de logística con tal de hacerle ver a López Obrador su reclamo. El presidente, nuevamente en conferencia, felicitó al estoico servidor que no respondió a la bofetada y prácticamente desdeñó el clamor de la joven por que creció -y se politizó- bajo un gobierno panista.

López Obrador parece ya no mirarse a sí mismo cuando contempla al pueblo; ni aquel que clama compasión ni el que reclama justicia. Sus palabras, aunque llenas de valores de un cristianismo laicizado, son armaduras vacías de un idealista que se cansó de soñar.

Quizá se le pueda conceder su perspectiva de atender la acción social como empresa espiritual para un país cuyos márgenes de valor y moral han cambiado radicalmente en los últimos treinta años y cuyo horizonte está dominado por el enemigo invisible; pero esa mística no es parecida a aquella liberadora planteada por José Vasconcelos porque, el filósofo contemplaba la riqueza de la derrota mientras Andrés Manuel parece haberla olvidado.

Dejemos que el propio Vasconcelos nos explique esta dura lección de congruencia en su libro ‘La Flama: Los de arriba en la revolución, historia y tragedia’: “Narrar la inquietud es ya una manera de combatirla. Soltaste Señor, mi lengua, en airado clamor de redención. Antes que yo, profetas tuyos más dignos fallaron también en el empeño inútil de restaurar la justicia. Esto sigue siendo el destino: relámpago fugaz y en seguida la soledad y el pavor de la tiniebla”.

Ojalá aún nos quede algo para contemplar de los últimos fulgores de un relámpago que brilló -y brilló en serio- hace dos años.

LEE Y hubo templos sobre el llano

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

Seguir leyendo

Análisis y Opinión

Hacer lo correcto de manera correcta

Gerardo Medina Romero

Publicada

on

El Mundo Interno de las Organizaciones

Sentimos incertidumbre con relación a lo que vendrá para el 2021. Para muchos, puede ser el posible y añorado regreso a la normalidad; para otros, una nueva normalidad ajustada y para algunos más, una realidad nueva y muy distinta. ¿Qué pasará cuando la mayoría de la población se haya vacunado? ¿Dejaremos de utilizar cubrebocas? ¿Regresaremos a nuestros lugares de trabajo? ¿Volveremos a tener interacciones con nuestros compañeros? ¿Otra vez a las reuniones de trabajo en salas de juntas?

Sin duda muchas preguntas así como posibles respuestas. Cada empresa ha vislumbrado al menos un par de escenarios para ello. En algunas, estos escenarios han sido compartidos con los colaboradores y en otras no; sin embargo, en ambos casos la incertidumbre sigue siendo el factor común ya que, por más que se diga lo contrario, todos sabemos que lo que hoy estamos viviendo es realmente un modelo temporal y que el definitivo se adoptará en cada empresa una vez que la población se haya vacunado y la pandemia se convierta finalmente en endemia.

¿Qué nos toca hacer ante esta situación? En mi opinión, así como las empresas deben planear cómo será su realidad una vez completada la etapa de vacunación mundial, cada uno de nosotros debe planear cómo será nuestra realidad laboral particular, específicamente en la manera en que tendremos que desempeñar nuestra función al interior de nuestra organización.

Por un momento, tratemos de olvidar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Pensemos nuevamente el “para qué” lo hacemos y lo que la organización realmente debería recibir de nuestra función en particular. Es a partir de recordar el objetivo de nuestro rol (o, en algunos casos, de tenerlo claro por primera vez), de donde deberemos partir para redefinir lo que debemos hacer y cómo hacerlo en la nueva realidad, aprovechando al máximo los recursos que estarán disponibles.

Hoy más que nunca tenemos que buscar ser efectivos y eficientes en nuestra función.

Ser efectivos significa hacer lo correcto y dejar de hacer todo lo que no contribuye realmente al cumplimiento de nuestras responsabilidades. Quizá cuando llegamos a la organización o al puesto que hoy desempeñamos comenzamos a hacer cosas que nuestro antecesor hacía sin cuestionarnos si realmente aportaban y eran necesarias. Quizá otras más las hicimos porque algún jefe nos lo pidió, pero en realidad no tenían una razón de ser; muchas otras tal vez las incorporamos como parte de nuestro proceso de madurez individual y las mantuvimos simplemente por inercia. Cualquiera que haya sido la razón, seguramente encontraremos cosas que hoy hacemos y que en realidad deberíamos dejar de hacer con el fin de ser realmente efectivos.

Una vez que definimos lo correcto, viene el momento de analizar si lo estamos haciendo correctamente. Ser eficientes significa optimizar al máximo los recursos utilizados para hacer el trabajo; es decir, con el menor nivel de desperdicio de recursos posible. Si una cosa nos ha dejado claro el modelo de trabajo virtual que hemos adoptado en la gran mayoría de las empresas para sobrellevar la pandemia, es la gran cantidad de recursos que se desperdiciaba anteriormente para hacer el trabajo: tiempo, dinero y esfuerzo. Pues bien, a nivel individual debemos hacer ese análisis para encontrar la manera más eficiente de hacer nuestro trabajo y cumplir con nuestras responsabilidades. Evaluar en dónde cometemos más equivocaciones e implementar acciones para corregir esto, identificar redundancia de esfuerzos y crear formas de optimizar al máximo los recursos que utilizamos.

Haciendo lo correcto y de manera correcta, es decir, siendo efectivos y eficientes en nuestra responsabilidad individual, podremos completar el rompecabezas que hoy los líderes de las empresas tienen ante la incertidumbre que representa la nueva realidad que viviremos el próximo año.

No esperes a que sea la organización la que te diga cómo debes trabajar bajo la nueva realidad que, esperemos, llegue para el 2021. anticípate y dile a tu organización cómo tú y tu equipo de trabajo trabajarán.

Haz las cosas correctas y de manera correcta. Contribuye a diseñar el modelo de trabajo que tu organización tendrá no solo para trabajar durante la pandemia sino para el siguiente cuarto del siglo XXI.

LEE Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

Seguir leyendo

Te Recomendamos