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Bullying y ciberbullying Bullying y ciberbullying

Unión Mujer

Bullying y ciberbullying

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Hoy más que nunca es un tema que como sociedad debemos prevenir y detener. ¿Dónde empieza?, ¿Cómo frenarlo? ¿Dónde termina?, ¿Cómo prevenirlo? ¿Cómo detectarlo? ¿Tu hijo es el agresor? ¿Tu hijo es la víctima? ¿Qué papel juegan los observadores? Durante la pandemia, ¿el bullying ha desaparecido o ha aumentado?

Mientras escuchamos estas preguntas, oímos casos cercanos, nos duele, nos preocupa e intentamos entender cómo y por qué se ha convertido cada vez en un tema más común en nuestra sociedad. Pienso que gran parte del problema radica en la falta de empatía. Es necesario fomentar y generar empatía y generosidad en los niños desde edades muy tempranas y no provocar actitudes egoístas, el individualismo o el materialismo pensando que es lo que necesitan y que es lo mejor para ellos.

La empatía como hermanos, amigos, como padres de familia, como mujeres, como hombres, como maestros, como parte de la sociedad, es justamente lo que necesitamos. Podemos ver que en cada niño que agrede, hay un niño que sólo piensa en sí mismo, que vive inmerso en su propio universo, que piensa que su verdad es la única, que sólo él tiene la razón, que sólo él importa y no es capaz de aceptar ni de ver a nadie más. Es incapaz de darse cuenta que todos valen lo mismo y de ver el sufrimiento o de ponerse en el lugar de aquella persona que está siendo agredida, atacada, juzgada o criticada.

El bullying implica, según APA “un conjunto de comportamientos de carácter agresivo e intencional que implica un desequilibrio de poder o fuerza. Puede ser físico, verbal, psicológico”. El cyberbullying es “una agresión repetitiva de uno o más individuos en contra de una persona, utilizando dispositivos o servicios de tecnología”.

Cuando hablamos de que es un tema que debemos prevenir y detener me refiero a que hoy, en el 2020, a los padres de familia nos toca estar alerta de esta situación más que nunca, ya que no tenemos la perspectiva tan amplia, ni el apoyo por parte de los maestros ni de los amigos de la forma como estábamos acostumbrados. Por lo tanto en estos momentos el cyberbullying está sucediendo justamente dentro de nuestras casas y es difícil detectarlo.

Los niños actualmente tienen más acceso a internet que nunca, tanto la parte académica como la social están puestas en las redes y los dispositivos y podemos observar a los niños con 5 ó 6 años hasta adolescentes con problemas de ansiedad, inseguridad, bajo rendimiento escolar, apatía, insomnio y depresión.

Empecemos por nuestra casa, empecemos por nosotros mismos, por evitar estereotipos y falsas creencias, por evitar creer que sólo nosotros tenemos la razón, empecemos por preocuparnos también por los demás y no sólo por nosotros mismos, por hacernos responsables de lo que hacemos y lo que decimos.

Es necesario que generemos un ambiente de confianza y seguridad en donde los niños tengan la certeza de encontrar apoyo y comprensión al menos con algún miembro de la familia; que pase lo que pase tienen alguien para acompañarlos, escucharlos, entenderlos y apoyarlos; ya sea que él haya sido el agresor, la víctima o uno de los espectadores, independientemente de la edad que tenga y de las circunstancias en las que vivamos. Si nosotros mostramos empatía, nuestros hijos tendrán la confianza y la libertad de hablar con nosotros; y ellos a su vez aprenderán a pensar en los demás, ahora, en el momento que les está tocando vivir y posteriormente lograrán ser jóvenes y adultos más responsables y empáticos.

LEE Feminismo, exclusivo o excluyente

Cristina Llaca



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México

Sobre la pandemia y la violencia contra la mujer…

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Sobre la pandemia y la violencia contra la mujer
Foto pixabay.com

Ciudad de México.— La violencia contra la mujer es ahora un grave problema de salud pública y una violación a los derechos humanos de las mujeres ya que casi 7 de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado violencia de cualquier tipo y de cualquier agresor alguna vez en su vida.

¿Cómo han cambiado los hogares y las familias a partir de la pandemia?

Los hogares se han convertido en el espacio donde todo ocurre: el cuidado, la educación de los hijos, la socialización y el trabajo. Esto provoca que se incremente la carga de trabajo de los responsables de cada hogar, dicha carga debería ser distribuida como un trabajo en equipo. Sin embargo, la realidad es que esta no se distribuye equitativamente, sino que recae principalmente en las mujeres.

En este contexto de pandemia, las mujeres y niñas se ven expuestas a un aumento del riesgo de violencia, especialmente en lo que respecta a la violencia en el ámbito familiar debido al aumento de las tensiones en el hogar, el cierre de las escuelas y las mayores necesidades de las personas de la tercera edad. Casi una de cada cinco mujeres en todo el mundo ha sufrido violencia en el último año. Muchas de estas mujeres ahora están atrapadas en el hogar con sus abusadores.

¿Cómo pueden ayudar las autoridades?

Dar prioridad al mantenimiento de servicios de apoyo y acogida a las victimas de violencia de género.

Incorporar la información relativa a los teléfonos de urgencia y los servicios de Internet a los mensajes relativos al COVID- 19.

Priorizar en los servicios de apoyo y los albergues para las víctimas de violencia de género, así como la orientación eficaz y la disponibilidad y accesibilidad de medios para llevar a las víctimas a lugares seguros.

Procurar la atención a las madres, los recién nacidos y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual.

¿Qué puedo hacer yo?

Revisar mi situación para valorar si estoy en un ambiente seguro.

Orientar a las mujeres cercanas a mí si llegan a expresar que están en medio de un ambiente de violencia.

Acercarme a las instituciones que ofrecen ayuda en casos de violencia.

Las mujeres que han sido víctimas de la violencia se encuentran luchando por salir adelante, por ser pacientes, empáticas y humildes para no volver a ser victimas.

El COVID-19 no sólo desafía los sistemas de salud mundiales, sino que también prueba nuestra humanidad común. La igualdad de género, el respeto mutuo y los derechos de las mujeres, son esenciales para superar esta pandemia, recuperarnos más rápido y construir un futuro mejor para todos.

Las mujeres deberíamos poder vivir una vida libre de violencia y en plenitud.

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Por Verónica Acevedo

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Pasar de la tolerancia a la aceptación

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Pasar de la tolerancia a la aceptación

En busca de la armonía interior

Si en un año común y corriente las relaciones interpersonales las convertimos en complejas… ¿qué sucedería un año si tuviésemos una pandemia mundial que nos aislara del mundo exterior, que no nos permitiera abrazar a nuestros seres queridos, que no pudiéramos tomar un café con un amigo para conversar de un tema que nos preocupa? Dificultaría, aún más, nuestras relaciones humanas.

Este año 2020 para mí, fue un año especial. Un año donde un hecho adverso a nuestra voluntad nos impuso nuevas costumbres y hábitos, pero que también nos impulsó a bucear en océanos desconocidos, descubriendo luces donde nunca hubiésemos imaginado que existía esa posibilidad de ver. Este impulso está relacionado directamente con el deseo de vivir en el presente con plenitud, de no posponer para mañana vivir con una sonrisa. Salir de nuestra zona de confort, buscar un crecimiento personal, ser mejores personas poco a poco nos permite lograr, o por lo menos nos acerca, a esa armonía interior tan deseada.

Desde el Coaching Ontológico hay una distinción muy importante que permite estar más cerca de una vida más armónica y plena; es la diferencia entre Tolerancia y Aceptación.

Antes me gustaría aclarar qué es una distinción. Saber distinguir es conocer, incorporar y poder ver algo que antes no podía ver, es sumar una nueva mirada que me permite accionar de una manera distinta a como lo hacía antes. Esta nueva capacidad de acción nos ofrece una mayor posibilidad de lograr los objetivos que ansiamos alcanzar, como en este caso, una mayor armonía interior.

Comencemos escuchando las palabras que surgen cuando buscamos la definición de “Tolerar”: llevar con paciencia, permitir algo que no se tiene por lícito, resistir, soportar… son definiciones que conllevan, a mi entender, dos ideas muy potentes que nos alejan de la armonía.

La primera es que tolerar implica un constante sufrimiento. Nosotros toleramos que alguien haga algo que nos hace sufrir ya sea física, psicológica o emocionalmente. Toleramos, resistimos, soportamos y por ende sufrimos. Es importante saber que tanto los seres humanos como los materiales tenemos un umbral de tolerancia, de resistencia y cuando lo pasamos nos quebramos como se puede quebrar un metal. Entonces… ¿tolerar nos ayuda a vivir en armonía?

La segunda idea es que, como bien nos dice el diccionario, tolerar es “permitir algo que no se tiene por lícito”, o sea inicialmente ya emitimos el juicio de que el acto que está haciendo el otro es ilícito, es erróneo, no es lo que “debería hacer”. Nuestra verdad se impone no permitiendo que el otro sea un ser legítimo y libre de opinar diferente, entonces, yo un ser superior te tolero, te soporto. Esta idea de ser superior… ¿nos ayuda a vivir en armonía?

El coaching ontológico indica que el lenguaje no es inocente y si pensamos que “toleramos a alguien” probablemente permitamos que la otra persona realice algún acto que no nos guste pero a la par, o en un futuro cercano, tendremos acciones que romperán esa relación humana.

Los invito a un camino diferente, el de la ACEPTACIÓN. Resalto dos aspectos importantes.

Primero, en la aceptación no estamos emitiendo un juicio previo, no estamos diciendo que la acción del otro es ilícita, simplemente que es diferente a la que yo desearía, pero la acepto, no estoy en una postura de ser superior.

Aceptar significa dejar de pensar que el otro debería actuar, pensar y sentir como yo. Es aceptar que las otras personas tienen otras necesidades, otros gustos, otra escala de prioridades, han vivido otras experiencias y por tanto son diferentes. Su manera de ser es tan válida como la mía.

Segundo, no estamos obligados a aceptar todo. Aceptar no implica que todo nos tiene que gustar o caer bien, o que cuando algo no nos gusta debemos ser pasivos y olvidarnos que somos un ser diferente y legítimo. No implica que nos resignemos y en forma pasiva dejemos las cosas tal cual son. Siempre tenemos la posibilidad de alejarnos o de intentar cambiar lo que no nos gusta. Pero si elegimos el camino de la aceptación significa que somos conscientes de que las cosas suceden, y luego de generar un análisis de la situación, de forma consciente, decidimos respetar y aceptar las diferencias para vivir en armonía.

Tolerar y Aceptar son términos distintos. Tener esta distinción en la vida cotidiana nos hace más capaces de encontrar la armonía interior para luego contagiar el exterior.

Ahora tienes el poder de distinguir… ¿estás tolerando o aceptando?


Alfredo Lambardi
Cofundador y Director de Experiencia Líderes.
Coach Ontológico Profesional

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