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Análisis y Opinión

Juegan a las vencidas por la reforma eléctrica, ¿quién puede más?

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Nigromante

Todavía no hay quien levante la mano al vencedor en la virulenta discusión por la reforma eléctrica en el Congreso de la Unión. La encarnizada lucha es entre los que defienden privilegios de las empresas privadas y los que buscan recuperar la soberanía perdida de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) luego de la reforma energética peñista.

En medio del debate está la sufrida sociedad mexicana que con los bolsillos rotos tiene que pagar el recibo de la luz con la zozobra de posibles incrementos que suelen caer en cascada cada fin de año.

El debate es porque la desprestigiada reforma en vigor, que incluyó para su aprobación la reconocida entrega de cuantiosos sobornos a ilustres legisladores –entre otros el ex candidato presidencial panista, el ahora prófugo Ricardo Anaya- permitió a los “socios de un dólar” de las trasnacionales españolas como Iberdrola –léase Kimberly Clark, Bimbo, Oxxo y otras grandes- pagar menos por la luz de sus establecimientos que los obreros y pobres clasemedieros, que siempre están en crisis económica permanente.

Al comparecer ante la Cámara de Diputados, Manuel Bartlett Díaz fue severamente criticado por los legisladores de oposición por su deficiente administración al frente de la CFE y el combatido proyecto de reforma eléctrica que se plantea aprobar.

Con motivo de la glosa al tercer informe, Bartlett Díaz fue atacado por la oposición que afirma, con cierta timidez, que la reforma eléctrica plantea regresar a los combustibles fósiles y hacer de lado las energías limpias y renovables.

Los que obviamente se ponen del lado de las empresas extranjeras, legisladores panistas y de Movimiento Ciudadano, suponen que con dicha reforma se busca a afectar a las industrias del sector que generan energías limpias y, sin argumentos a la vista, previenen de supuestas expropiaciones, que de inicio fueron desmentidas ni se mencionan en el proyecto de reforma.

Los más superficiales y pintorescos, como el diputado Mauricio Prieto Gómez, del PRD, se burló de Bartlett al subir al estrado con un dinosaurio de peluche con el eslogan de CFE, tal vez en alusión al pasado priista del funcionario, pero no se vio en su extraviado gesto nada que con el tema.
“Bienvenido, director, a esta soberanía. Hoy por la mañana desperté y el dinosaurio seguía allí. Es cuanto señor presidente”. ¿Qué se puede decir al respecto? Nada, o tal vez: Es la energía, estúpido.

Con desagrado, como es su costumbre, Bartlett Díaz explicó, con peras y manzanas, que el costo de la energía es el mismo y se divide en costo fijo y costo variable, éste último que beneficia a los empresarios. Expresó que con esta reforma se plantea evitar la desgracia de pagar cada vez más caro por la luz como ocurre en España, donde la generación eléctrica está en manos de privados, que tienen la facultad de fijar al alza las tarifas.

Aclaró que la iniciativa de reforma eléctrica plantea una transición energética a nivel constitucional, que es empezar a dejar los combustibles fósiles para pasar a las energías limpias. Para ello, hizo hincapié en el fortalecimiento de la CFE para poder generar energía limpia con plantas hidroeléctricas y que se aprovechen las diferentes regiones del país para desarrollar desde el próximo año energías solar y eólica.

Con base en lo anterior, aseguró que ya se trabaja en la construcción de la planta de energía solar en Puerto Peñasco, Sonora, la cual se hará mediante una licitación internacional. Como resultado de esta inversión se espera beneficiar a más de 4 millones de personas de los estados de Sonora y Baja California.

En su turno, la titular de la Secretaría de Economía, Tatiana Clouthier, afirmó que no ha recibido “un reclamo específico ni directo” en torno a la reforma constitucional en materia eléctrica y afirmó que los inversionistas tienen puestos los ojos en nuestro país.

Al comparecer en el Senado como parte de la glosa del Tercer Informe de Gobierno, no quiso fijar una posición en torno a la reforma eléctrica, ya que dijo que no acostumbra “jugar al futuro sino al presente”, ni adivina los propósitos de los legisladores que la cuestionaban, pero les enseñó el colmillo cuando les reclamó por no aclarar sus dudas con el experto Bartlett.

La respuesta fue para la panista Xóchitl Gálvez que pretendió saber si le advirtió al mero mero de la CFE que la economía se encamina hacia la “economía verde”, en tanto que la propuesta presidencial es cancelar el autoabasto de energía limpia.

Con respecto al tema de la reforma energética, refirió que los tratados internacionales que México ha firmado con otros países incluyen acuerdos de protección a la inversión.

Dejó en claro que hay interés de varias naciones en invertir en México, no sólo por parte de Estados Unidos y Canadá, por obvias razones del tratado trilateral de comercio, el T-Mec, sino de algunos de Europa, como Italia, de donde dijo haberse traído intenciones de inversión importantes.

Lo que ha explicado el presidente Andrés Manuel López Obrador en su diaria conferencia matutina es que con la iniciativa de ley eléctrica se pretende recuperar la autonomía de la CFE para que pueda subir la energía de sus plantas hidroeléctricas y termoeléctricas a la red nacional para la distribución al 54 por ciento del mercado nacional sin afán de lucro; y que las privadas lo hagan para el restante 46 por ciento en un piso parejo de competencia, para mantener los precios bajos de la electricidad.

“Entonces, si no se ordena el mercado eléctrico, va a producirse un caos, como en España, ¡y a lo mejor peor!”, advirtió.

El tabasqueño hizo notar que en España, la empresa Iberdrola domina el mercado y tiene tarifas eléctricas muy altas, pero no se evita porque el gobierno está al servicio de ésta, a la cual también ha acusado de pretender dominar el mercado mexicano.

Mientras sigue el juego de las vencidas en el Senado, las chicas del PAN y PRD temen a la soledad si en el balcón de los enamorados se declaran su amor el PRI y Morena (Primor) y la pareja feliz vota la reforma eléctrica y las deja vestidas y alborotadas, con la inútil amenaza a la cúpula priista de acabar con la alianza Va por México.



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Análisis y Opinión

La iglesia ante la violencia: innegable voz incómoda

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No siempre hay convergencia de opiniones en la extensa, plural y diversa Iglesia católica mexicana; y, sin embargo, en esta ocasión hay una coincidencia absoluta respecto al posicionamiento que las instituciones eclesiales han tomado en las últimas décadas en materia de construcción de paz y de denuncia de la corrupción, cultura de muerte y violencia en México.

Varios obispos y superiores de congregaciones religiosas coinciden en que la Iglesia católica mexicana ha expresado frecuentemente sus preocupaciones a las diferentes autoridades civiles por los errores, faltas de juicio o franca connivencia del poder político con la corrupción y con sectores del crimen organizado.

En efecto, desde el año 2000 ha habido mensajes audaces, respetuosos y diplomáticos que la Iglesia en México ha dirigido al poder político y a la sociedad en general donde se denuncian actos o modos de vivir que afectan el bien común, la justicia, la democracia y la seguridad.

Por ejemplo, en la Carta Pastoral ‘Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos’ del año 2000, los obispos denunciaron sin tapujos la existencia de “estructuras antidemocráticas y fraudulentas, obsoletas e injustas, deterioradas por la corrupción” y alertaron incluso la “posibilidad de una regresión autoritaria”.

Los pastores católicos criticaron “la impunidad y el autoritarismo” y “los privilegios de unos cuantos” durante los últimos meses de la administración de Ernesto Zedillo. Ya en el sexenio de Vicente Fox, los obispos confirmaron que persistía “la inseguridad, la violencia, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza extrema… el racismo, la marginación y violencia contra la mujer; [los] cacicazgos…”.

Tras la última visita del papa Juan Pablo II, los obispos se metieron de lleno en la crisis política de la administración foxista y señalaron en su mensaje ‘Participación solidaria para afianzar la transición democrática’ que en México había “quienes están decididos a frenar la marcha del país y a dejar la puerta abierta a la riesgosa aventura de la anarquía”.

En el sexenio de Calderón, la Iglesia mexicana también declaró graves preocupaciones por la conducción del país: “Hay disimulo y tolerancia con el delito por parte de algunas autoridades… Esto tiene como efecto la impunidad… Se ha hecho evidente la infiltración de la delincuencia organizada en instituciones del Estado. Si no hay justicia, se puede delinquir con mayor facilidad”.

En el documento ‘Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna’ de 2010, la Iglesia advertía al gobierno que no tenía derecho “a ceder porciones del territorio nacional a grupos criminales” e hizo llamados para “superar definitivamente la anticultura del fraude”; a Calderón, los obispos le manifestaron la preocupación de la ciudadanía por la participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el crimen organizado pues “provoca incertidumbre en la población”, pidieron adecuaciones a la ‘estrategia’ del combate al crimen organizado y exigieron al gobierno que atendiera el problema de la seguridad como un asunto de ‘salud pública’.

Fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto cuando muchas organizaciones de la Iglesia católica no sólo fueron críticos frente a la estrategia de seguridad priísta sino incluso marcharon junto a diversos sectores sociales víctimas de un modelo que acallaba a la prensa y escondía bajo oropeles de mercadotecnia la crisis de violencia en el país.

Destacan las fuertes denuncias del finado obispo de Apatzingán, Miguel Patiño: “El Ejército y el gobierno han caído en el descrédito porque en lugar de perseguir a los criminales agreden a las personas que se defienden de ellos”. No fue el único, voces semejantes se escucharon desde otros rincones del país.

También, tras la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el episcopado mexicano lanzó su primer ‘¡Basta ya!’ de violencia, inseguridad y corrupción en el país en 2014: “Muchas personas viven sometidas por el miedo, la desconfianza al encontrarse indefensas ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, la lamentable corrupción de las autoridades”. En aquel mensaje, los obispos lamentaron que la inseguridad en el país no sólo había empeorado sino que había llegado a una verdadera crisis nacional.

La Iglesia católica no sólo ha manifestado con palabras su preocupación por los errores o las corrupciones en la conducción del país; también ha dado pasos concretos a favor de la reconstrucción del tejido social, de la asistencia de las víctimas de las violencias y de la formación de ciudadanía participativa y corresponsable con la paz y el bien común. Hay muchos centros de atención a víctimas y organismos de promoción y justicia social de inspiración cristiana. Los centros de asistencia humanitaria para poblaciones desplazadas, migrantes, perseguidas y empobrecidas son siempre oasis en los áridos páramos de localidades sin ley y sujetos al crimen o a la corrupción.

En esta ocasión, las palabras del presidente López Obrador contra los liderazgos católicos (contra la población creyente en realidad) son un grave error; llamar ‘hipócritas’ a quienes han auxiliado a cientos de desplazados y afectados por políticas ineficientes de seguridad en los últimos sexenios es jugar con fuego. Y, sin embargo, los obispos y las congregaciones religiosas estarán ‘ofreciendo la otra mejilla’. No es que preparen una ‘cachetada con guante blanco’ sino que, en el mejor ánimo de seguir contribuyendo a la paz darán un paso adelante para fortalecer la obra social que lucha por la justicia, la paz y la reconciliación. Veremos.

Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Nuevos senderos para la paz

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Tuvo razón el finado Javier Valdez y todos quienes se le han sumado en esta terrible cuenta de cadáveres: “Sobran los temas, pero todos los senderos, escoltados de plantas con espinas, conducen a la pólvora incendiada… las calles sólo conducen a un humo caliente, que se levanta y baila con el viento, después del disparo”.

La violencia en México parece esperarnos a la vuelta de la esquina, en una mañana o un atardecer, sobre la tierra yerma o frente a un sagrario. Nada, en realidad, ha cambiado en las miradas de quienes sostienen las armas y las usan contra su prójimo.

Hubo confianza, sí, en que un cambio de estrategia mejoraría nuestras vidas. La fórmula y ruta nos pareció simple: Un gobierno legítimo por los cuatro costados construiría un Estado fuerte que combatiría la corrupción desde dentro, trabajaría por la desmilitarización del territorio para ciudadanizar la seguridad y, en un honesto compromiso por los últimos, acercaría más oportunidades educativas y laborales para los jóvenes más vulnerables y primeros destinatarios de la cultura criminal. Esa ruta haría un viraje radical de nuestra loca carrera hacia el barranco que comenzó hace tres sexenios.

Nada, por desgracia, ha cambiado. La legitimidad, en lugar de unidad, trajo polarización y descrédito; el combate a la corrupción, si existe, es imperceptible por la ignominiosa impunidad; el sueño de la desmilitarización se ha esfumado; y los jóvenes, con o sin becas, siguen apostando a la cultura de muerte gracias al peculio inmediato y a la ominosa incertidumbre.

Los crímenes contra los sacerdotes jesuitas de la sierra tarahumara (junto con el resto de asesinatos de Cerocahui) pintan de cuerpo entero el ‘conflictus scaena’ de nuestra realidad mexicana: Un extenso escenario donde el dominio material y simbólico es controlado por la trasgresión, la fechoría y la impunidad; el pueblo es víctima del pueblo; la sangre palpita en la impaciente mano del sicario o se escurre emanando de un cadáver.

Mientras, la gente de bien se resiste a tal determinismo y busca nuevos caminos que no conduzcan a trágicos finales pero, como les pasó a los rarámuri durante las primeras invasiones, ellos cedieron palmo a palmo sus tierras hasta que ya no hubo a dónde ir.

Y, si ya no hay senderos, habrá que crearlos. Pero ¿cómo? ¿Con qué fuerzas?

Hoy, una indignación de grado indómito recorre las venas de los testigos de la muerte y el llanto, revela hartazgo pero también deseos de cambio. Sobre esta tierra, absorta y muda, que nada mira y a nadie atiende, esa indignación quiere ser protesta y advertencia, sí; pero también coraje y esperanza.

Al pueblo mexicano nos urgen nuevos senderos de paz; pero no aquellos que están sembrados de armas, insignias y billetes. Urgen caminos que pasen por la justicia social, el cuidado de la creación, la defensa de los pueblos, el reconocimiento de los abusos, la protección de los débiles, la promoción de la paz, la escuela de reconciliación y la búsqueda del bien común.

Más el camino -como dijo el clásico- está en el andar; está en el trabajo, no en el privilegio ni en la comodidad. El camino se marca con muchos pasos y sin egoísmos, compartiendo la senda donde puedan ir todos, sin discriminaciones ni prejuicios; una vía donde los padres enseñen a su prole a extender la mirada antes que la mano, a desterrar los sentimientos de avaricia o insaciabilidad.

Siguen siendo proféticas las palabras que el papa Francisco dijo en el Palacio Nacional ante la élite de liderazgos políticos, sociales, económicos y religiosos de México: “Cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

El filósofo de Güémez diría que “las cosas son como son hasta que dejan de serlo”. Y dejarán de serlo cuando en verdad seamos capaces de actuar. Es imperdonable que autoridades y liderazgos políticos mantengan todavía hoy su posición de autosuficiencia, autopreservación y privilegio; es más triste aún que muchos otros, en lugar de caminar, quieran encaramarse a ese trono de palo hueco. Ya lo advierte el rarámuri: ‘Arigá caponi, si’néamica ripá moba jábaso…’ Al final, (la vara) se quebró cuando se pararon todos encima.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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