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Análisis y Opinión

La planificación en los negocios, blindaje contra la inestabilidad

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En un mundo tan incierto como el de hoy, inestable y dominado por las fuerzas del cambio, la planificación se vuelve fundamental como un ejercicio de disciplina para romper con la peligrosa inercia de la improvisación en los negocios.

La idiosincrasia nacional genera problemáticas que multiplican los riesgos. Uno de los graves problemas de la industria mexicana es la tendencia a buscar soluciones creativas, que caen más en el ámbito de la improvisación, que en el de la estrategia disciplinada.

La disciplina, -que no es parte de la cultura mexicana-, termina siendo una conducta que blinda a las empresas contra los riesgos de la inestabilidad y les permite ser más competitivas.

Habiendo participado en una reunión de trabajo con directivos de la firma de consultoría Advanced Management Consulting Group, -AMCG-, dedicados a la gestión estratégica, la innovación, la gestión de capital humano, el gobierno corporativo y la capacitación ejecutiva, así como la certificación, el tema central de la conversación fue el nuevo contexto de inestabilidad en los negocios derivada de la interrelación e interdependencia que genera la globalización en el ámbito de los mercados, pues añade variables que multiplican los riesgos. Por ellos los mercados abiertos de hoy son más inestables que los mercados cerrados anteriores a la globalización, en los cuales los cambios eran más lentos. De este modo muchas veces con sentido común era posible neutralizar riesgos y capitalizar oportunidades.

En contraste, el contexto de hoy, caracterizado por la interdependencia entre las economías de los países, así como por la ágil movilidad de las empresas, que hoy están a la búsqueda de nuevos mercados en territorios que están fuera de sus países de origen, obligan a cada empresa local a actuar a la defensiva protegiendo su mercado natural, -de origen-, así como a estimular en su cuerpo directivo una visión expansionista que le permita crecer y fortalecerse.

Para lograr esta visión competitiva se hace necesario la instrumentación de sistemas de gestión robustos y disciplinados, que permita dar respuestas planificadas a las nuevas condiciones de los mercados de hoy, caracterizados por un dinamismo desbocado, así como la creación de una cultura altamente competitiva que motive a los cuerpos directivos de las corporaciones a estar atentos, -y en estado de alerta-, para identificar tanto oportunidades como riesgos.

Sólo una estructura organizacional sólida, -guiada por una planificación altamente disciplinada-, logra blindar a las empresas mexicanas para orientarlas hacia una competitividad eficiente y efectiva.

Otra problemática de la industria mexicana es la reticencia a pagar servicios de consultoría, en un entorno de falta de respeto por la propiedad intelectual.

México es un país donde el plagio de ideas es común, pues no se considera un robo patrimonial.

La creatividad intuitiva se confunde con la planeación estratégica, porque a la segunda no se le reconoce el valor que representa el proceso deductivo que integra conocimientos, experiencia y disciplina.

La subjetividad característica de nuestra idiosincrasia estimula el plagio de intangibles, lo cual en el ámbito corporativo se traduce en la tentación de resolver problemas complejos con las ocurrencias de los mismos directivos.

Poco se valora lo que aporta la especialización temática de los consultores, así como el valor agregado de la visión externa, la cual es capaz de romper paradigmas viciados por la visión compartida dentro de la misma organización corporativa, la cual impide identificar y evaluar con objetividad riesgos y oportunidades.

Quizá por ello es una visión global que los terapeutas frente a una problemática personal o familiar, -igual que los médicos-, conscientes de las trampas implícitas en la subjetividad, recurren a un colega que les ayude a obtener una visión objetiva para diagnosticar su propio problema.

La subjetividad natural en los humanos, -acrecentada en la cultura mexicana-, nos condiciona, frente a los diagnósticos de mercado, -por ejemplo-, a maximizar nuestras fortalezas y minimizar nuestras debilidades frente a nuestros competidores.

Al Ries y Jack Trout, -los creadores del concepto Positioning, fundamental en la estrategia de marketing-, en una de sus obras menos conocidas en México, titulada “El marketing de abajo hacia arriba”, definen que al desarrollar una estrategia el común de las personas construye, -a partir de ideas sustentadas en la intuición y la creatividad-, un planteamiento que responde más a sus propias expectativas y a suposiciones, planteamiento que termina socializado entre los niveles de decisión de la empresa y aprobado, para terminar descubriendo no tener los recursos económicos necesarios para impulsar con éxito el proyecto de modo contundente, o en otro caso, no contar con los recursos humanos que puedan instrumentar el proyecto, o la falta de credenciales para darle viabilidad frente a las expectativas del mercado. De este modo el proyecto quizá logre cristalizarse al 10 ó al 15% de su diseño original.

A cambio de ésto, ellos proponen identificar las mejores prácticas de la empresa, las estrategias que han dado los mejores resultados y evaluar la disponibilidad de recursos económicos, en infraestructura y humanos y alinearlos de modo tal que hagan sinergias entre sí y construyan una poderosa respuesta que cubra las necesidades de la empresa, -o en el ámbito comercial-, defina una estrategia altamente competitiva.

Las charlas con los directivos de las empresas de consultoría generalmente resultan enriquecedoras, como lo fue la que tuve con los directivos de Advanced Management Consulting Group, corporativo vinculado con Tantum Group y Tantum Trainings.

¿A usted qué le parece?

Twitter: @homsricardo

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Análisis y Opinión

Periferias eclesiales

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En estos días he tenido oportunidad de presentar ante un par de auditorios el reciente libro colaborativo ‘Periferias eclesiales. Reflexiones para avanzar’ (Buena Prensa, 2022), coordinado por el obispo Francisco Javier Acero Pérez y en el que participamos nueve autores de distintos orígenes y perspectivas respecto a aquellos márgenes sociales y humanos que muchas veces son acallados o invisibilizados tanto por las estructuras como por los sistemas culturales dominantes.

El libro recoge reflexiones, experiencias, historias e investigaciones sobre realidades aparentemente ‘poco vistas’, discriminadas o prejuzgadas históricamente por la Iglesia católica: las mujeres, los jóvenes, la diversidad sexual, las comunidades originarias, los marginados, las personas en condición de migración, los divorciados o las víctimas de abusos. Por supuesto, éstas no son todas las periferias materiales o existenciales de nuestro mundo contemporáneo pero sí son las que en los últimos años han cuestionado profundamente a las instituciones católicas sobre sus mecanismos de acompañamiento y atención.

Con la llegada del papa Francisco al solio pontificio en 2013, estas realidades humanas han contado con un líder espiritual que verbaliza con sencillez y respeto las cualidades de dignidad humana que permanecen (y deben ser reconocidas y protegidas) en cada una de estas personas que viven singulares desafíos; además, ha priorizado una visión eclesial de auxilio preferente a las personas heridas en lugar de una búsqueda de solidez en las estructuras eclesiásticas.

Su radical propuesta de un nuevo espíritu cristiano sin duda ha provocado varias reacciones adversas, casi siempre de autopreservación institucional o de autosuficiencia espiritual; es decir, cúpulas de superioridad moral autolegitimadas preocupadas más por las formas tradicionales de gobierno y administración que por el cambio de época que ha descristianizado al siglo XXI.

Por ejemplo, el famoso memorando ‘Demos’ –atribuido al recién fallecido cardenal Pell y que pretende influir en el Colegio de Cardenales para elegir a un próximo pontífice que revierta los cambios hechos por Francisco– básicamente es un llamado desesperado a recobrar la dureza e infalibilidad en la potestad disciplinaria y sancionadora de Roma, así como el retorno a la invariabilidad cultural de las expresiones cristianas; es decir, que la diversidad pluricultural cristiana sea nuevamente sometida a la visión particular de cierta idea de occidente europeo católico (que tampoco ya existe).

Lo grave de las reacciones a la propuesta periférica de Francisco es que parecen convocar anticipadamente a un nuevo líder católico cuyo programa responda a lo que las cúpulas eclesiásticas han perdido en las últimas décadas: volver a ser una autoridad irrebatible para la cristiandad y que su aparato de gobierno sea nuevamente una fuerza política global incontestable.

Y quizá por eso sea tan relevante una publicación como la coordinada por el obispo Acero; porque no sólo evidencia que el verdadero valor de la expresión cristiana siempre se ha encontrado en las periferias (dos autores recuerdan la marginalidad de la provincia romana donde Jesús predicó en una lengua que sería considerada ‘indígena’ por el imperio reinante) sino porque el auténtico poder de la Iglesia católica nunca ha sido la influencia política o económica de nuestra era común sino en la capacidad adaptativa y transformadora de los creyentes ante las realidades emergentes, marginales o incomprendidas de cada época.

No quiero dejar de agradecer un gesto que se ha repetido al final de las reflexiones del coordinador y los autores en las presentaciones del libro: la generosa y determinada participación de los asistentes para compartir sus propias historias respecto a lo que aún hoy es considerado periférico, invisible o silente; son prueba fehaciente de que los creyentes latinoamericanos abrazan sin regatear el presente y miran sin miedo los desafíos que la humanidad comparte.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Periodismo: bienes, riquezas y funciones

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En algo tiene razón, el tema es sumamente interesante y obliga a la reflexión. Aunque quisiera partir del inicio: el periodismo es una auténtica vocación que trasciende al oficio y a la profesión; es una inclinación singularísima a sufrir y gozar de la historia y los cambios de la vida cotidiana con el propósito de crear diálogo y construir sociedad respecto a lo que concierne al bien común.

Es ciertamente un oficio porque el periodismo tiene una cualidad artesanal, personal, no mecanizable; que nace del encuentro y del contacto con las tensiones humanas desveladas y cuestionadas por alguien que, a fuerza de ensayo y error, exhibe un imperfecto relato de sucesos al prójimo; pero es algo más.

También es una profesión no sólo porque requiere estudios formales o porque nuestra cada vez más compleja sociedad precise de mayores conocimientos especializados, sino porque es una labor que esencialmente capitaliza el conocimiento. Aún mejor: es una profesión cuya principal riqueza son las inquietudes correctas del conocimiento, las preguntas precisas del ingenio y la mirada instruida sobre el contexto. Y aún así, es algo más.

El periodismo es una pasión que puede ejercerse en la supina pobreza o en la mayor holgura pero que es imposible desempeñar desde un poder que no sea el de la demanda. ‘Demanda’ es para el periodismo –en contraste con la rigidez del derecho– una palabra compleja y llena de matices: va desde la gentil interrogación o el cordial cuestionamiento hasta el indignado requerimiento y el mordaz reclamo; pasando, eso sí, por la eficiente, neutral e imparcial solicitud o consulta.

No hay periodista, por tanto, que conserve su credibilidad intacta cuando es arropado por oscuros e inconfesables mantos de privilegios a cambio de favores o servicios en contra de esa auténtica demanda. Es verdad que, incluso mintiendo descaradamente, tanto los medios como los periodistas vendidos a la comodidad y los privilegios pueden conservar sus prestigios y respectivos negocios, pero quedará mancillada irremediablemente la confianza que alguna vez recibieron.

Ahora pasemos a lo que se ha mencionado esta semana: “Los periodistas hacen una función pública”. Sí, indudablemente; sin embargo, hay que distinguir: su labor cumple con diferentes funciones para el diálogo social y la búsqueda del bien común, pero no son subordinados del poder o funcionarios públicos. De hecho, si lo fueran, dejarían de ser auténticos periodistas; podrían ser publirrelacionistas, consultores, vendedores de contenidos, voceros o coordinadores de falanges informativas, pero no periodistas.

Ya lo dijo Kapuscinski: “El verdadero periodismo es intencional. Se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro”. Entonces ¿puede haber ‘verdadero periodismo’ si su intención es servir al poder establecido –o peor, al empíreo de la inmunidad– en lugar de promover los cambios que realmente ayuden al resto de la sociedad?

Segundo, el tema de las concesiones públicas y su usufructo. El tema es por demás espinoso pero requiere una reflexión urgente. En efecto, la nación es propietaria del espacio radioeléctrico donde se transmiten infinidad de contenidos; las empresas privadas gestionan concesiones que el gobierno otorga para el usufructo del mismo espacio y, entre sus contenidos, usualmente se producen informativos con trabajo de periodistas.

Si bien estos periodistas son empleados de particulares, su trabajo está sujeto al bien social más que al bien privado (o al menos debería estarlo) y; de hecho, las autoridades de la nación deberían tomar con mayor seriedad el cuidado de los periodistas para que no se reduzcan a legitimadores de los intereses patronales. Y, al mismo tiempo, los periodistas deben ser intensamente protegidos por sus empleadores pues, sin su apoyo, es fácil que queden a merced de otros poderes (incluso ilícitos o fácticos) que no sólo terminan pervirtiendo la libertad de expresión sino que ponen en jaque las condiciones que toda libre empresa debe tener garantizadas.

Además, que la propiedad de los espacios intangibles de difusión esté en manos de la nación no significa que puedan ser administrados utilitaria o unilateralmente por cualquier gobierno en turno (por más legítimo que este sea); porque la propiedad no es coyuntural ni restrictiva al mandato vigente. El espacio pertenece al pueblo, en el ahora y en el futuro, bajo éste y bajo cualquier otro gobierno, aun cuando ni siquiera aspire a ser democrático.

Hubo una última inquietud planteada: ¿Con qué autoridad ética o moral los periodistas pueden sentar a la silla de los acusados a funcionarios, poderosos y personajes públicos? La respuesta es simple: Con ninguna que provenga del poder o del privilegio. La única autoridad que otorga verdadera fuerza ética y moral a los periodistas para interrogar y juzgar proviene de la debilidad. De la debilidad de sus pueblos, del silencio de los acallados, de la invisibilidad de los excluidos y del dolor de los descartados. El poder del periodismo no se encuentra sólo en el servicio, sino en el servicio a los necesitados; y la auténtica libertad de esta vocación sólo puede ser garantizada por usted y muchos otros que nos apoyan leyéndonos, escuchándonos y compartiéndonos.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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