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Laboratorio de Ideas

Nadie puede dar lo que no tiene

Columna Invitada

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Por Alejandra Carmona O.

De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin, “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como parte de la especie humana, no me había tocado vivir un reto de “cambio” como el que esta pandemia nos está ofreciendo. No es casualidad el verbo seleccionado, estoy convencida de que esto es una oportunidad.

Y como mujer, sin duda seré parte de las especies con alta probabilidad de sobrevivencia, no sólo por seguir las recomendaciones en materia de salud, sino porque he vuelto a descubrirme y desde ahí, agradezco la vida como se nos está presentando.

Soy una mujer casada, mamá de dos increíbles seres humanos (mis más grandes maestros), ejerzo mi profesión (abogada), estoy estudiando una maestría, amo el ejercicio, considero que las amistades son la familia que uno escoge y creo que los días serían significativamente mejores si duraran 36 horas pues siempre tengo la sensación de que “pude haber hecho” tal o cual cosa más.

Y así, arranqué la “sana distancia” aferrándome a las actividades anteriores, tratando de cumplir con todo lo que hacía antes, asumiendo nuevos roles en un espacio convertido en casa, oficina, escuela, gimnasio, café, restaurante y bar.

Me enfoqué en una casa limpia y recogida, una comida hecha en casa, conexiones a Zoom, tareas terminadas, hacer ejercicio, etc. Una máquina. Terminé agotada.

Una tarde, después de clase de ballet (sí, también hay que seguir tomando todas las “afterschool”) mi hija estalló en llanto con un sentimiento profundo dejando salir todas sus angustias, toda su impotencia, todo su cansancio, todo el estrés ocasionado por el cambio. Me sacudió.

Nos abrazamos mucho, mucho tiempo. “¿Qué estoy haciendo?”, pensé. Me enojé con los chinos, sigo enojada con el gobierno, me duele la ignorancia de México y me pregunté miles de veces ¿por qué?

Debatiendo con mi esposo, enojada, sacando toda la frustración resonó en mi cabeza Viktor Fankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y entonces recordé que yo soy mi activo más valioso; que cultivar el crecimiento y bienestar propio redunda en la paz y armonía de mi entorno. De pronto los porqués se transformaron en paraqués: ¿qué me están queriendo decir? ¿qué eliges hacer con esto que está sucediendo?

Me detuve, respiré y volví a escucharme. Mi voz interior influenciada por los “deber ser” que cargamos todos los días.

Descubrí que no siempre tengo la voluntad, paciencia, compasión y humildad para escucharme. Que soy muy exigente y dura conmigo. Nunca es suficiente: ¡qué agotador! No me gusté. No me reconocí.

Me gusta ser esposa, mamá, amiga, deportista, profesionista, estudiante, hija. Asumo todas las cachuchas que con mucho orgullo y entusiasmo me pongo todos los días pero ahora entiendo que cansada, estresada y agotada estaría fallando en todas esas áreas porque a quien estoy abandonando es a mí misma.

¿Egoísmo? No quiero entrar en un debate moral pero la respuesta sería afirmativa entendiendo a éste como asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.

Cargo mi propio equipaje con el “equilibrio” como desafío que asumo todos los días. Es mi punto de partida para valorarme, quererme como persona, arrancar cada día y concluirlo tratando de ser un poco mejor que antes.

Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Todos los días debo desandar exigencias autoimpuestas a través de las cuales miro el mundo y aprender a dedicarle a cada cosa su justo valor, su justo tiempo, su justo espacio. Sin duda me equipo, me sacudo y vuelvo a empezar.

Gracias al COVID-19 he tenido la oportunidad de confirmar que me volvería a casar con mi esposo, de conectar con mis hijos desde sus actividades escolares, su amor por la tecnología y las series, descubrir el placer de cocinar, que barrer tiene su chiste para que trapear tenga sentido y que hacerlo durante una conferencia telefónica es un súper ejercicio.

Y que nada pasa si un día no se lava, no se plancha, no está la casa perfecta o tuviste que comer tortas, pero que pasa mucho si me olvido de mi propósito de vida.

Nadie puede dar lo que no tieneSólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás… Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación…N ecesitarás amarte para amar, respetarte para respetar, valorarte para valorar, aceptarte para aceptar. Recuerda que nadie puede dar lo que no tiene.



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¿Qué aprendimos de la elección del 2006?

Cristian Ampudia

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De pronto, y en medio de una pandemia mundial, nos encontramos con la madre de todas las batallas electorales: la elección del 2021 en México, por la que ya comenzamos a ver cambios en el panorama político en el país y en la vida pública.

Y no es para menos. Es probable que estemos hablando de las elecciones más importantes en la historia de México, pero pongámoslo en perspectiva: el año entrante se renovarán 15 gubernaturas estatales, de las cuales actualmente ocho son del PRI, cuatro del PAN, una independiente (Nuevo León), una del PRD (Michoacán) y una de Morena (Baja California).

De entrada esto puede pintar de una color diferente el mapa electoral del país, o de varios, ya se verá en los meses siguientes.

También se renovarán 27 legislaturas y 28 ayuntamientos de entidades federativas.

Si lo vemos en cifras, en los próximos comicios electorales estarán en disputa alrededor de 3 mil 200 cargos de elección popular, entre diputados (federales y locales), alcaldes, regidores y síndicos municipales. Además de los ya citados 15 gobernadores.

Sólo Durango y el Estado de México no tendrán comicios locales, lo que puede dar una muestra de la dimensión de estas elecciones, sin embargo, no es lo más importante de este ejercicio democrático, no.

La importancia radica en que estarán en juego dos visiones de país (difícilmente habrá una tercera), de cómo manejar las riendas de México y una sociedad polarizada al extremo, tal y como sucedió en las elecciones del 2 de julio de 2006.

Aquella jornada electoral se caracterizó, además de la marcada división entre los seguidores de Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, por la ventaja que tuvo el tabasqueño al inicio de los conteos rápidos, misma que se fue diluyendo conforme avanzó la noche.

Fue hasta las primera horas del jueves 6 de julio, con casi el 98% de las casillas computadas, que se dio a conocer que Calderón desplazó a López Obrador en la contienda por la presidencia. El conteo finalizó aquella misma tarde y el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde, declaró vencedor a Calderón Hinojosa por un margen mínimo.

Desde entonces, se desataron una serie de movimientos en defensa del voto por parte de ambos bandos, los cuales parecían comenzar a ser cosa del pasado. Hoy enfrentamos un escenario muy similar en cuanto a polarización se refiere y Morena buscará demostrar que puede llevarse el carro completo y no suena descabellado. La razón es sencilla: sus oponentes no parecen estar listos ni organizados para dar pelea.

Restan muchas variables a tomar en cuenta en el futuro de esta elección. ¿Recuerdan que abrimos esta columna señalando que estamos en medio de una pandemia que aún no ha sido superada? Es muy posible que el resultado de las elecciones dependa de lo bien o mal librado que salga México de este infortunado asunto.

Una vez más la premisa dictada “estás conmigo o contra mí” (con todas las consecuencias que tuvo para el país) parece ser el común denominador para la siguiente elección. La polarización ya se respira y los partidos tienen lista la maquinaria para salir a buscar una vez más el voto… entonces, una vez más le pregunto: ¿qué aprendimos de la elección del 2006?

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Cuando la teoría resulta poco práctica

Gerardo Medina Romero

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En el mundo de las organizaciones se han generado infinidad de teorías y se han escrito igual número de libros relacionados, sin embargo en mi experiencia de más de 27 años, pocas son las teorías que se pueden poner en la práctica y que generan los resultados esperados. 

Conozco personas que aman las teorías, y las que fueron desarrolladas por extranjeros, todavía más. Por otro lado conozco personas que son completamente prácticas, empíricas y que rechazan cualquier tipo de teoría bajo el argumento de que su trabajo y su organización son tan diferentes y peculiares, que las teorías nunca les aplican.

De entrada suena lógico pensar que ningún extremo es bueno, pero en el día con día, nos damos cuenta de que esto no es tan fácil de distinguir, y nos podemos observar, incluso a nosotros mismos, tomando una posición extremista en algún tema en particular.

En mi experiencia, el problema se genera porque la mayoría de las teorías sobre administración, nacieron de personas que nunca trabajaron en una organización.

Fueron desarrolladas por profesores o investigadores que se consumieron decenas de libros para plantear sus propias teorías, pero no fueron desarrolladas a través de su experiencia.

En el mejor de los casos, hicieron un estudio de casos reales y llevaron sus investigaciones al campo para observar y platicar con gente de distintas organizaciones, pero hasta ahí.

Muchos líderes de empresas escribieron sus libros cuando ya se habían retirado, por lo mismo se basaron en su experiencia de 30 años en el pasado, sobre situaciones de hacía 20 años, que no aplican ya para lo que está sucediendo en el presente y menos para lo que sucederá en el futuro.

Si a esta desconexión entre teoría y realidad, le agregamos además la falta de recursos que tenemos muchos, para comprender realmente el fundamento de las teorías y aplicarlas adecuadamente, pues esas teorías terminan en lugar de ayudando, entorpeciendo cualquier esfuerzo organizacional. 

En columnas anteriores, mencionaba ejemplos como las juntas de avance o la evaluación del desempeño, pero en realidad podemos encontrar ejemplos en todos lados. Personas que se apegan a una teoría sin detenerse un momento a pensar, cuestionar y utilizar su sentido común para interpretarla de manera adecuada y aplicarla en beneficio de la organización.

Cada jueves, no falta quién me haga algún comentario sobre lo que escribo y lo contraste con lo que dicen “las teorías”. Inmediatamente me puedo dar cuenta si es una persona que sigue una teoría o una metodología como si fuera una receta de cocina, o si realmente entiende el fundamento de lo que me comenta y lo ha logrado aplicar de manera adecuada.

Leer teorías y metodologías no es malo, pero aplicarlas sin entenderlas, sin adecuarlas al contexto de cada determinada situación, y sobre todo, al tipo de organización en la que se está presentando es sin duda, además de peligroso para los resultados de negocio, la mejor evidencia de que carecemos de sentido común y de una opinión propia al respecto.

Te invito antes de casarte con una teoría, primero a conocer quién la formuló y cuál es su experiencia en el tema para darle validez a la misma.

Investiga cuándo se generó y en qué contexto para analizar su vigencia, y finalmente asegúrate de comprender la esencia de la misma, para interpretarla correctamente y aplicarla de manera adecuada, nunca a seguirla como receta de cocina.

Ahora bien, si pudieras generar tus propias teorías a partir de las mismas, estarías contribuyendo con mucho más valor a este maravilloso mundo de las organizaciones.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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