El obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, dialogó con narcotraficantes para evitar que aumente la escalada de violencia en Guerrero

Guerrero.— “No podemos tapar el sol con un dedo y no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control: sabemos que todo Guerrero está en manos del narcotráfico”, afirma categórico el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, quien en meses pasados ha tenido oportunidad de dialogar con narcotraficantes en el estado para evitar que aumente la escalada de violencia en la región.

En entrevista con siete24.mx  el obispo, de formación franciscana, considera que su misión como pastor le obliga a mantener las puertas abiertas al diálogo, incluso con narcotraficantes: “Como pastor no le puedo cerrar las puertas a nadie y, como ha sucedido en otras ocasiones, lo que yo quiero con este diálogo es asegurar a los sacerdotes, a las religiosas, a los seminaristas y a los catequistas. Y yo prefiero tener esa puerta abierta, esa puerta de diálogo; por eso lo he hecho. Y no es que esté todos los días con ellos, simplemente es para protección del clero”.

Sin embargo, el diálogo que ha sostenido con criminales ha sido duramente cuestionado por las autoridades: “Ya he hablado con el secretario de gobierno y también hemos tratado la situación con el gobernador Astudillo, a ellos no les ha parecido, no les gusta que esté dialogando con estas personas y me lo han dicho. Lo que busco es sembrar la paz, invitarlos a dejar estos asesinatos y la conversión de todo mundo; pero es la gente de gobierno la que no quiere dar su brazo a torcer, que no dialogan con criminales, con gente fuera de la ley. Yo me pregunto: ¿En dónde está la gente mala, adentro o afuera?”.

—Don Salvador, pero en el diálogo con narcotraficantes, ¿no se llegó a ningún tipo de negociación o intercambio de favores?

—No, de ninguna manera. Es un diálogo, no es ninguna negociación. Yo aprovecho ese momento, les digo clarito: “Yo vengo aquí como amigo; vengo a ofrecerles la palabra de Dios; vengo a ofrecerles los sacramentos; vengo, no a juzgarlos, sino simplemente decirles que son parte de la diócesis y quiero estar con ustedes. Hasta allí únicamente. Los invito a que en lo posible no asesinen, no hagan levantones, no hagan cosas inconvenientes; y ellos, queriendo que no, hacen caso de este llamado. Prefiero tenerlos cerca que lejanos, y que escuchen alguna voz. Yo siempre los invito a la paz, a la concordia y a la tolerancia. Creo que muchas veces me escuchan esas personas.

—Les hace un llamado a la conversión…

—Efectivamente. Y a la misericordia.

Cobro de piso, asesinatos, levantones…

Para el obispo Salvador Rangel, la situación en el estado de Guerrero es dramática. Semanas atrás denunció que grupos criminales cobraban derecho de piso a las autoridades de la Catedral de Tlapa pero que tras establecer un diálogo con aquel grupo se logró detener el abuso: “Se logró erradicar ese cobro de piso porque se lo pedí a un personaje de estos y él se encargó de arreglar ese asunto. Desgraciadamente, después llegaron otros y creo que ahora, de parte del municipio o del gobierno estatal, tienen montada una guardia de planta allí en la Catedral”.

Pero las amenazas son la menor de sus preocupaciones: “Este fin de semana tuvimos 26 asesinatos en Guerrero; el sábado solamente tuvimos siete asesinados aquí en Chilpancingo. Por ello no estoy de acuerdo con ese discurso triunfalista del gobierno federal, estatal o municipal de que tienen todo bajo control. Y en lo personal sí tengo un cierto temor. Pero tengo más temor de algunas autoridades o instituciones que de los mismos narcotraficantes”.

—¿Cómo se dialoga con alguien que en su universo de vida no tiene una orientación positiva con su prójimo, que le roba, que lo asesina, que trata de aventajarse de sus debilidades? ¿Cómo hace usted para dialogar con ellos?

—Como fraile franciscano tengo siempre presente el diálogo y abrirse a los demás. Tengo muy presente esa poesía de Rubén Darío “Los motivos del lobo”, como san Francisco acudía a escuchar al lobo, a escuchar sus motivos de por qué se portaba mal. Y yo he ido a escuchar los motivos de esas personas, porque no están metidos gratuitamente sino por las circunstancias. Por ejemplo, uno de ellos dice: “Mataron a mi padre”; y otro: “Secuestraron a mi esposa y a mis hijos”. Entonces hablo con ellos y son personas humanas como nosotros, no dejan de tener fe.

@monroyfelipe ebv