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Felipe Monroy

Felipe Arizmendi, el cardenal constructor de puentes

Felipe Monroy

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La sorpresiva nominación del obispo mexicano, Felipe Arizmendi Esquivel, como cardenal de la Iglesia católica universal refleja esencialmente el reconocimiento del papa Francisco a este pastor cuyo servicio episcopal ha construido verdaderos puentes en la Iglesia del continente americano principalmente en dos rubros: la promoción de la liturgia indígena junto al reconocimiento de la riqueza socio religiosa de los pueblos originarios; y, la apertura al diálogo cultural entre la fe y la razón a través del verdadero sustrato de los medios de comunicación: la palabra escrita.


Arizmendi fue consagrado obispo para dos diócesis chiapanecas: Tapachula, en 1991 tras la prematura muerte del obispo Luis Manuel Cantón Marín; y San Cristóbal de las Casas (antigua Ciudad Real de Chiapas) en el año 2000 para suceder al legendario tatic obispo Samuel Ruiz García, el histórico defensor de los derechos de los indígenas en el sureste mexicano quien gobernó la diócesis durante más de 40 años.


Felipe Arizmendi llegó a pastorear la polémica diócesis de San Cristóbal en medio de un hervidero político, social y eclesial. México vivía la campaña presidencial que acabaría con más de 70 años de sucesión hegemónica e ininterrumpida del Partido Revolucionario Institucional en el poder; la sociedad mexicana entraba en un nuevo milenio global de la mano de la tecnología que hoy domina la cultura (motores de búsqueda, redes sociales, navegación gps, servicios streaming por internet, la nube, etc.); y, la cada vez más deteriorada salud del papa san Juan Pablo II, moldeaba una Curia romana que miraba con desconfianza las periferias eclesiales, especialmente las diócesis marginales con comunidades indígenas, al punto de haber prohibido al obispo Arizmendi la ordenación de diáconos permanentes por el mero temor de que se estuviera ‘abriendo la posibilidad’ de ordenar presbíteros indígenas casados.


Como pastor, Arizmendi debió primero ganarse la confianza de las comunidades católicas en San Cristóbal de las Casas largamente acostumbradas a Ruiz García; en toda la demarcación, prácticamente no había presbítero que no hubiera sido ordenado por aquel, ni misionero, religiosa o laico que no hubiera sido recibido o colaborado con tatic Samuel. Y, al mismo tiempo, también tuvo que promover la unidad de la diócesis con las instituciones eclesiásticas nacionales, latinoamericanas y vaticanas.


Aquel fue el primer puente construido por el hoy cardenal electo: entre la muchas veces rígida e inexpugnable institucionalidad católica y la poliédrica realidad de las comunidades creyentes. Arizmendi apostó por seguir los cauces institucionales que concretaran el encuentro entre la cultura indígena y la Iglesia católica. Entre los frutos de ese encuentro están: la autorización de la Santa Sede para la traducción oficial de los recursos litúrgicos y la formal celebración de la Misa en lengua náhuatl; el trabajo conjunto de la Conferencia del Episcopado Mexicano para la traducción de la Biblia católica al tzotzil de Zinacantán.


Y dos gestos que también simbolizan el éxito de ese puente: la visita del papa Francisco a la tumba de don Samuel Ruíz y el levantamiento de la prohibición del Vaticano en la ordenación de diáconos permanentes en la diócesis de San Cristóbal.


El segundo puente que el obispo Arizmendi ha ayudado a levantar es el del diálogo cultural. Para el obispo es claro que la Iglesia católica tiene en abundancia doctrina, magisterio, tradición y riqueza cultural que deben tener un espacio en el plural diálogo contemporáneo. Este nuevo cardenal ha bajado del púlpito y de la cátedra para escribir con la humildad del periodista, cuya sola disciplina y compromiso hace llegar un artículo semanal de interés social prácticamente a todos los rincones de México y América Latina. Su método de escritura es, además, el que ha colocado a la Iglesia latinoamericana en el concierto católico universal: Ver-Juzgar-Actuar.


Arizmendi se da la oportunidad de mirar la realidad y, sin prejuicios, la nombra y describe; después explora en las fecundas venas de las Sagradas Escrituras, el Magisterio Eclesial y la Tradición de la Iglesia, las enseñanzas que ayudan al lector a discernir con justicia, verdad y caridad; finalmente hace una propuesta que busca enfrentar los desafíos previstos o fortalecer las bondades que aún no se agotan en el ser humano.


En conclusión, con la creación de Felipe Arizmendi como cardenal, el papa Francisco hace un decidido reconocimiento a un estilo episcopal que se atreve a levantar puentes de ida y vuelta entre la Iglesia, la sociedad y la cultura. Un nombramiento que también, no podemos omitirlo, evidencia la distancia que el pontífice argentino tiene con el obsoleto estilo de pastores que, desde la cátedra homilética tradicional, sólo repiten ideas sobre la ‘Iglesia en salida’ mientras siguen protegiendo, tras el encierro y los muros del secretismo anacrónico, las mistéricas dinámicas eclesiásticas institucionales; que no promueven diálogo con los medios de comunicación, los sectores populares, la sociedad civil, las otras religiones o las comunidades reales a ras de suelo; en fin, que no son en realidad ‘cardinis’ -bisagras, en el sentido etimológico- entre la Iglesia del siglo XXI y la civilización misma.

*Analista de asuntos religiosos. Director VCNoticias.com


@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Abusos sexuales en la Iglesia, después del Informe McCarrick

Felipe Monroy

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Hay que decirlo con claridad: La publicación y extensa divulgación del Informe MacCarrick supone un inmenso cambio de paradigma en la acción de la Santa Sede y el Estado Vaticano respecto al flagelo del abuso sexual de menores cometidos por ministros religiosos.

Por primera vez, la Iglesia católica permite al mundo entero echar un vistazo a las entrañas relacionales y operativas de la institución cuyos lenguajes, prácticas, complicidades e ignorancias no sólo facilitaron la comisión delitos contra personas vulnerables, sino que constituyeron un espacio seguro para los perpetradores cobijados por un ominoso silencio que incluso permite a los sospechosos criminales ascender posiciones de la jerarquía eclesiástica. El caso McCarrick resultará paradigmático pero, por desgracia, no es único en su especie.

El martes 10 de noviembre, la página oficial de noticias de la Santa Sede (Vatican News) publicó un extenso artículo del experimentado vaticanista Andrea Antonielli, editor en jefe del servicio de información. El texto básicamente es un prólogo introductorio al hoy ya célebre ‘Informe McCarrick’ de 461 páginas que en realidad se titula: “Reporte sobre el conocimiento institucional y el proceso en la toma de decisiones de la Santa Sede respecto al ex cardenal Theodore Edgar McCarrick 1930-2020) que la Iglesia también divulgó íntegramente en su traducción italiana.

Theodore McCarrick nació en Nueva York en 1930, fue sacerdote, obispo y cardenal hasta febrero del 2019 cuando fue expulsado del sacerdocio tras ser hallado “culpable de delitos de solicitación y abusos sexuales a menores y adultos con el agravante de abuso de poder”. A lo largo de su carrera eclesiástica iniciada en 1958, McCarrick ascendió todos los escalafones posibles de la jerarquía: primero fue obispo auxiliar en su ciudad natal, posteriormente le tocó iniciar la andadura pastoral de la nueva diócesis de Metchuen; fue promovido a arzobispo de Newark y en el 2000 fue designado a la poderosa sede de Washington y proclamado cardenal tres meses más tarde.

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Según el Informe, en los años noventa, McCarrick fue considerado para ser promovido de Newark a los arzobispados de las grandes ciudades en Chicago o Nueva York, pero ya había acusaciones sobre la desviada conducta sexual del obispo desde su paso por Metchuen. El Informe deja en claro que los rumores y los señalamientos preocuparon a Roma antes de ser promovido a Washington, pero los obispos consultados dieron informaciones parciales, incompletas y sesgadas (en ese lenguaje ‘vaticanés’ que suele disfrazar la verdad con frases grandilocuentes, eufónicas, pseudo piadosas y obsequiosas); además, en el balance, la Santa Sede prefirió el talento de McCarrick para granjearse amigos poderosos en Estados Unidos, su capacidad para hacerse de recursos económicos y, como el propio excardenal lo reconoció: “para dar obsequios a los funcionarios de la Curia romana”.

A lo largo de la lectura del Informe también queda claro que sin las denuncias mediáticas contra los ministros religiosos perpetradores de abusos sexuales, la Iglesia católica jamás hubiera comprendido la gravedad de los hechos ni de la información que corría entre despechos eclesiásticos sin ninguna consecuencia; y que, el dinero, por desgracia, sigue siendo esa red de seguridad de compra de conciencia y silencios que desoye la voz de las víctimas y premia a la figura encumbrada.

El Informe además nos obliga a preguntarnos si actualmente hay otros casos semejantes al de McCarrick. Es decir: ¿Hay otras informaciones sobre ministros acusados de actos criminales que saltan entre parroquias, obispados o nunciaturas y que siguen atadas por intereses de autopreservación o beneficio económico? ¿Hay personajes encumbrados en la Iglesia católica que gozan del silencio cómplice de sus homólogos o subalternos ya sea por ‘prudencia’ o por ‘vergüenza’?

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Por fortuna, la larga y dolorosa ruta de la ‘Tolerancia cero’ al abuso sexual dentro de la Iglesia católica avanza poco a poco y se institucionaliza a través de diferentes organismos especializados.

Hay muchos católicos que verdaderamente buscan hacer un cambio real en esta materia; y el Informe (junto a las reacciones de los involucrados en el caso) es materia de imprescindible lectura para sacerdotes, religiosos, obispos y laicos; para las organizaciones eclesiásticas, diócesis, seminarios, prelaturas, órdenes religiosas e instituciones apostólicas

Por fortuna, hoy en día la convicción por la Protección de Menores y Personas Vulnerables comienza a ser más relevante entre los fieles y las estructuras eclesiales; sólo hay una sombra que se asoma en el horizonte de la crisis económica de las iglesias derivada de la pandemia: Que este cambio quede relegado ante la necesidad hoy apremiante de la recolección de fondos. Un talento que la Iglesia católica recompensó a McCarrick a pesar de los comentarios en su contra.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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