Pidió más flexibilidad para atender jóvenes, unidad para trabajar con laicos y priorizar a las mujeres y los pobres en la Iglesia católica.

Felipe Monroy

Felipe Monroy

Cuautitlán Izcalli, Edomex.- El representante del papa Francisco en México, Franco Coppola, emitió su tradicional mensaje a los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) reunidos en Asamblea Plenaria del 29 de abril al 3 de mayo. A los más de 130 obispos reunidos, el Nuncio apostólico les compartió tres prioridades del pontífice argentino para la Iglesia latinoamericana e hizo una crítica al ‘clericalismo’, a las élites, al intelectualismo y a la incensación jerárquica que se viven y acostumbran en la Iglesia católica mexicana.

Coppola coincidió con el mensaje del presidente de la CEM, el arzobispo Rogelio Cabrera López, respecto al “tiempo desafiante” que vive la Iglesia católica; por exhortó a los obispos del país a trabajar en las tres prioridades que el Papa Francisco considera como desafíos (las mujeres, los jóvenes y los más pobres) y les pidió construir un proyecto de futuro: “Si continuamos haciendo lo mismo que se hacía algunas décadas atrás, volveremos a recaer en los problemas que necesitamos superar”, parafraseó al pontífice.

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Pero sobre los temas particulares de México, en su experiencia y recorrido por varias diócesis del país, el nuncio Franco Coppola hizo hincapié en “otros desafíos” que reconoce en la Iglesia: la formación de nuevos sacerdotes, el clericalismo, la pastoral con jóvenes y la catequesis (la transmisión y enseñanza de la fe).

Sobre los seminarios mexicanos, el Nuncio censuró la formación de sacerdotes como meros administradores y criticó: “¡Un grado de especialización en teología, a nadie convierte automáticamente en persona apta e idónea para tan trascendental ministerio! […] No se trata de formar administradores, sino de formar padres, hermanos, compañeros de camino; personas que sean testigos de la resurrección de Jesús”.

Por ello sugirió que, para “destinar a los verdaderos artistas” para la formación de futuros sacerdotes se estudie la posibilidad de unificar seminarios diocesanos en seminarios provinciales “en modo de asegurar, con capacitados formadores y medios idóneos, una formación de mucha mayor calidad”.

Sin embargo, el representante del Papa en tierras mexicanas arremetió contra el fenómeno del “clericalismo”. Lo llamó “virus” y “veneno” para la Iglesia y sugirió a todos los obispos del país a que lo extirpen de sus comunidades.

“El clericalismo es un virus que la Iglesia ha venido incubando durante siglos. Una enfermedad que representa la esclerosis de la Iglesia; un sagrado despotismo ilustrado de quienes piensan y deciden: hago y deshago, organizo y desorganizo, pongo y compongo, apruebo y desapruebo, incluyo y excluyo… La tarea de los portavoces del clericalismo consiste en crear un público pasivo y obediente, no un colaborador participante en la toma de decisiones; lo que pretenden es edificar no una iglesia doméstica, sino una iglesia domesticada”.

El Nuncio lamentó que las parroquias no tengan consejo de asuntos económicos para que los propios fieles laicos vigilen y atiendan las necesidades de recursos de sus pastores, de sus templos y de la obra social. Coppola insistió que el fenómeno del ‘clericalismo’ es muy fuerte entre los pueblos latinoamericanos: “Los laicos no saben qué hacer si no se lo preguntan al sacerdote… la conciencia del papel de los laicos en América Latina está muy atrás”.

El italiano también lamentó que los ministros de culto traten como “mandaderos” a ciertos fieles laicos; mientras que, “sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas de los curas y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe”.

“Y, ¿cuál puede ser el antídoto contra el veneno del clericalismo? -planteó el Nuncio Coppola- Sin duda la sinodalidad […]  Caminar juntos es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica […] supone consulta y escucha de todo el pueblo de Dios […] es igualdad y unidad […] acercamiento, comunión, colaboración, corresponsabilidad en todas las instancias eclesiales y a todos los niveles”.

El Nuncio apostólico pidió a los obispos a acabar con una práctica común en las misas: “Se trata de esa incensación al ofertorio que hacen según grados: obispos, sacerdotes, laicos. Es un acto, una manifestación externa de clericalismo que no tiene ningún fundamento litúrgico, una manera desviada de concebir al clero, una deferencia y una tendencia a reconocerle una superioridad”.

Finalmente, Coppola pidió a los pastores católicos a encontrar caminos nuevos, creativos y audaces “donde la Iglesia institucional sea más flexible y sinodal” con los jóvenes y la formación en catequesis sea “experiencial… no un adoctrinamiento o simple enseñanza de conocimientos”.

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