Una de las consecuencias perversas de vivir en la ciudad de México (CDMX), es alejarse de la realidad que enfrenta el resto del país.

Una de las consecuencias perversas de vivir en la CDMX, frente a un conjunto numeroso de beneficios que les significan ahorros considerables a quienes aquí sobreviven, es alejarse de la realidad que enfrenta el resto del país.

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Si bien sería una locura pretender siquiera pensar que la vida en la CDMX es como vivir en el paraíso terrenal -versión CONASUPO-, también lo es afirmar que la vida aquí, es la misma que en el resto de este sufrido México.

Si bien los mexicanos que viven fuera de la CDMX poco conocen de lo que aquí es cotidiano, algo saben; lo contrario, no es verdad. Dicho de otra manera, conocen más de aquí los que viven en el resto del país, que lo que los de aquí conocen de allá.

¿Tiene importancia este desconocimiento mutuo? ¿Es algo que deberíamos tomar en cuenta para recudir lo que unos ignoramos de la vida de los otros, particularmente quienes gobiernan y legislan?

Las separaciones entre regiones en un país, tanto de índole económica como de la calidad de vida en general, de no enfrentarse correcta y oportunamente, podrían desembocar en conflictos políticos los cuales, en determinadas coyunturas, dar lugar a divisiones más profundas que amenazarían la gobernabilidad.

Si usted es de los que debe viajar a diferentes ciudades del país como consecuencia de su trabajo, sin duda ha enfrentado de sus interlocutores, si no el franco y abierto rechazo y a veces desprecio, sí cierta desconfianza en el trato.

Ya en las confianzas, las críticas a los beneficios de los cuales gozan quienes aquí sobrevivimos -porque eso de vivimos es discutible-, son expresados sin la menor reticencia.

Por otra parte, la realidad política que da por resultado que, prácticamente todo asunto de cierta relevancia deba decidirse aquí, aunado a este hecho la ignorancia ofensiva de una burocracia corrompida de la realidad que enfrentan las regiones y estados del país, lejos de contribuir a reducir la desconfianza mutua, la incrementa.

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Por eso le pregunto, ¿qué tanto conoce usted de la realidad en todos aspectos, de esos millones de mexicanos que sobreviven fuera de la CDMX? Y por favor, no olvide que esos a los que usted quizás sin pensarlo y menos proponérselo ofende, son casi 15 veces más que los aquí habitan.

De ahí pues, por simple aritmética, soy de la idea de que convendría empezar a conocer a esas muchas decenas de millones de mexicanos que al igual que aquí, ellos también allá sobreviven cotidianamente.

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