Opinión
El sentido común, el menos común de los sentidos
Nuestro querido presidente, en gira por el Estado de México -bastión priista, cuna del Grupo Atlacomulco– afirmo que: “Eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es tan apegado a la realidad; la política tiene que ver más con el sentido común, que es el menos común, eso sí, de los sentidos”.
Pero ¿qúe es este sentido tan poco común? Después de consultar al Dr. Google encontré varias definiciones que bien podrían resumirse en:
“la habilidad básica para percibir, entender y juzgar cosas, el cual es compartido por el ‘común’ de la gente y puede ser esperado y aceptado por la mayoría sin necesidad de debate”.
Ahora entendemos perfectamente a nuestro señor presidente cuando dice que el pueblo sabio manda, ya que este es el poseedor del sentido común. Lo que sí quedó un poco a la deriva es la parte de “sin necesidad debate”, ya que la mayoría de las decisiones tomadas por nuestro presidente se basan en su sentido común caen precisamente en esto, un debate ¿Será que su sentido común tiene “otros datos”?
También vale la pena mencionar que la mayoría de los autores que se refieren a este sentido común observan que este también falla, y seguido. No debemos entender que hacer lo que haría la mayoría es lo mejor.
AMLO revisará situación del IMER
Y no nos queda más que darle la razón a nuestro presidente, aunque sólo sea en la parte de qué “es el menos común”, ya que definitivamente gobernar es una acción sumamente compleja en la que se requieren amplios conocimientos en diversas materias y tener la capacidad sobre todo de escuchar a los expertos, analizar cifras, proyectar al futuro para así poder tomar una solución, que como el mismo dijo: ”permita a la autoridad servir a sus semejantes, servir al prójimo”.
¿Pero cómo le vamos a pedir que logre analizar cosas más complejas si la simple regla de la economía de escala la desconoce? Olvidémonos de temas financieros más complejos, ya decidió que los recursos para las guarderías se las dará directo a los beneficiarios. No entiende que si una guardería que ya tiene por contrato garantizado un volumen de inscritos puede reducir su costo ante la seguridad económica que esto le da.
Tan sencillo que parece, en vez de estar pagando sueldos de funcionarios para realizar las licitaciones de medicamentos, bodegas, traslados de medicinas, manejo de inventario y control de caducidad de estas, ¿por qué no mejor les dan directamente a los enfermos los recursos para que compren sus medicinas? ¿o aquí el sentido común de nuestro presidente si tenia los mismos datos que nosotros?
¡Qué bien empleados van a estar los recursos para mejoramiento de escuelas! Los profesores y padres de familia van a conseguir un mejor precio en la pintura comprando sus 20 litros en la miscelánea de Don Simón, que aquel que compra millones de litros.
Aquí la ventaja es que los alumnos de cuarto de primaria estarán ayudando en la toma de estas decisiones, eso siempre y cuando saquen 10 en matemáticas y puedan resolver la siguiente ecuación: 340 mil toneladas de sargazo son el 3% de las 13 mil toneladas de basura de la CDMX. Si pueden resolver este complejo problema matemático, entonces tienen la capacidad y el sentido común necesario para aconsejar y asesorar a sus profesores y padres.
Este jueves, sin analizar cómo están conformadas nuestras reservas petroleras, qué opciones para explotación existe para cada una de ellas, los volúmenes y costos de extracción de gas y petróleo, la afectación ecológica y una gran cantidad de variables que hay que tomar en cuenta, anuncia que ordenó suspender la autorización del uso del fracking en Huampa, Tampico, y que ya dio las instrucciones correspondientes al director de Pemex, quien ya tomó cartas en el asunto.
Él puede pedirle al director de Pemex lo que guste y ya el consejo de administración decidirá que hace, pero no puede suspender una autorización de una entidad llamada Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), la cual se creó en 2008 precisamente para ser autónoma e independiente del ejecutivo, su órgano de gobierno está constituido por 7 comisionados los cuales son propuestos, a través de ternas, por el presidente de la República y designados por el Senado de la República.
¿Qué acaso su sentido común no le dice que el no tiene la autoridad para hacer eso? ¿o ya estamos en la antesala de “yo tengo otras leyes”?
Además, que el mismo dio cifras de la próxima recuperación de Pemex, cuyo plan de trabajo incluye ingresos basados en autorizaciones que la CNH.
El sentido común de nuestro presidente le dice: “yo puedo lograr lo que se planeó hacer, sin hacer lo que planeó hacer”, llegamos por fin a la era del “sentido común con otros datos”. A ver qué ciencia logra explicar esto.
Ante la abundancia de recursos que nos esta acarreando el fin del huachicol, el terminar con el robo en estancias infantiles, la compra de medicinas a precios justos, aunque no importe que sea 8 meses después de que se necesitaban, lo que nos ahorramos de la corrupción del NAIM, aunque Javier Jiménez diga lo contrario, los 500 millones que se les daban a los fifís para sus carreritas carros, que dejaban una bicoca de derrama de más de 8 mil millones que ya no necesitamos, sin contar los 13 mil 500 empleos que desaparecerán, al fin ya están colocados con mejor sueldo y mejores prestaciones y un sinnúmero más de ahorros logrados en base al sentido común de nuestro presidente, por fin podemos darnos el lujo de hacer el bailongo del 1 de julio en el Zócalo para celebrar el fin de la tiranía neoliberal lograda hace un año.
Todavía nos quedó cambio para mandar traer en avión privado -que ni López lo tiene- al presidente que vino a México como presidente electo, pero no era presidente, aunque por fin ya vino como presidente y que nos felicitó ya que después de 200 años de pobreza el sentido común nos está llevando a la tan mencionada abundancia prometida pero nunca cumplida por los neoliberales, el Sr. Nayib Bukele de regalarle tan solo 30 millones de dólares.
Aunque me quedé esperando la consulta a dedo alzado si se debía de dar este regalo o teníamos algo más necesario. Será para la otra. Mientras, ahí nos vemos el 1 de julio en el Zócalo, con nuestras mejores galas y los zapatos bien boleados para darle vuelo a la hilacha y eso sí, con el dedito bien preparado. No se le vaya a ocurrir hacer una consulta a nuestro señor presidente.
Domingo Días
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Felipe Monroy
La fábula venezolana: ‘Cabeza de rata, cuello de buey’
A pesar de lo espectacular de las imágenes y de la virulencia de los discursos, en realidad no era difícil imaginar cómo se desarrollaría el curso de los acontecimientos entre los Estados Unidos y Venezuela desde la manifestación de las intenciones de sus respectivos líderes. Durante semanas, Trump y Maduro desplegaron sus propias estrategias de fanfarronería, autocomplacencia y extralimitaciones ilegales: frases incendiarias propagandísticas con las que buscaron redefinir realidades y conceptos, mientras organizaban en el ego de su fantasía los recursos militares a su alcance.
Los déspotas están incapacitados para imaginar fuera de sus obsesiones, su mundo es estrecho y simple. Y, como en este caso, ambos se miraron de frente y a los ojos pensando que su respectiva individualidad era el todo. Es un problema común que un tête-à-tête entre líderes políticos se confunda con un conflicto social o nacional a gran escala; pero la realidad está allí, terca y masiva, para humillar a quien se ensalza más.
El éxito operativo de Trump para tomar por prisionero a Maduro y derrumbar los símbolos del liderazgo de la revolución bolivariana es innegable: una noche de bombardeos para llegar al líder de un régimen nacional y secuestrarle para tratarlo como a cualquier criminal de poca monta se dice fácil y quizá el ejército norteamericano lo tuvo relativamente sencillo; pero fuera de las pantallas la historia suele ser mucho más compleja. Será el tiempo el que revele los detalles que favorecieron este resultado y que aún permanecen ocultos en las sombras de esa madrugada del 3 de enero.
Sin embargo, son las consecuencias de estos actos centrados en las bravuconadas de dos cabecillas enquistados en sus respectivos tronos de vanidad las que preocupan ahora; porque, tal como advirtió Miyamoto Musashi en ‘El libro de los Cinco Anillos’, cuando las confrontaciones entre los duelistas se enfrascan en los pequeños detalles se suele olvidar el gran panorama. A esto le llamó el problema de la ‘cabeza de rata y el cuello de buey’.
Desde la perspectiva de la ‘cabeza de rata’, el triunfo de Trump y la derrota de Maduro resuelve el conflicto o por lo menos lo desvela. Y la propaganda suele vender esto de formas muy creativas, especialmente para seducir a las poblaciones y a las audiencias de tomar algún bando ideológico.
El duelo reducido a una estrategia entre las cabezas implicaría que, cuando cae una de ellas, la guerra ha concluido; pero Musashi nos advierte, detrás de cada ‘cabeza de rata’ suele haber un ‘cuello de buey’ que implica un desafío mayor.
En este caso, el grueso cuello con el que se debe lidiar tanto al interno de Venezuela como en el marco internacional contempla varios aspectos: el control militar y económico de la región, la reconfiguración del régimen chavista, los procesos decisionales y democráticos en Venezuela y en varios países americanos, el retorno de la doctrina Monroe en el continente, el papel de los organismos internacionales (si es que sobreviven), la reacción defensiva de las naciones frente al intervencionismo, el renovado tráfico de armas ‘para la resistencia’, el reajuste político al mercado petrolero, la recalibración de los CEO’s de la droga –porque los EU la seguirán consumiendo y traficando masivamente–, la recomposición de acuerdos comerciales entre países sudamericanos, el militarismo cultural, la validación explícita a las invasiones y ataques unilaterales sustentados en la fuerza armada, etcétera.
Es difícil prever hasta dónde llegará la amplitud de la onda de choque que ha producido el ataque norteamericano a Caracas en el arranque de este 2026; pero si hacemos caso al estratega Musashi, después de vencer el ‘cuello de buey’ seguirá otro duelo entre ‘cabezas de ratas’ sólo que, como en el ajedrez, es claro que los reyes están limitados por su alcance, no por su versatilidad.
*Director VCNoticias.com @monroyfelipe
Columna Invitada
Los Reyes Magos: la primera gran red global
Vivimos en la era de TikTok, de los virales y de los mensajes breves. Nos cuesta imaginar un tiempo sin redes, sin satélites o sin imprenta. Y sin embargo, la humanidad siempre ha tenido formas de transmitir ideas poderosas. Una de las más antiguas y eficaces es la historia de los Reyes Magos.
Cada año repetimos la escena: tres hombres, un niño, una estrella, regalos. La postal es tan conocida que olvidamos lo que realmente es: uno de los relatos más profundos de la historia. Los Reyes Magos no son un adorno del nacimiento de Cristo: son un símbolo del ser humano en camino hacia una verdad.
Si somos intelectualmente honestos, hay que empezar por lo básico. El Evangelio de Mateo solo dice que “unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén”. No dice cuántos eran, ni que fueran reyes, ni sus nombres o su origen. La palabra magoi designaba a sabios y astrónomos orientales, sobre todo de Persia y Babilonia. Heródoto, Estrabón y Plinio el Viejo usan ese término para esa casta intelectual-religiosa. Eran, literalmente, parte de una red internacional de conocimiento: observaban los astros, interpretaban signos y compartían saber entre regiones lejanas.
Estos hombres no pertenecían al mundo judío ni esperaban al Mesías de Israel. Y sin embargo, interpretan un signo en el cielo y emprenden un viaje larguísimo. Antes de que existieran internet o las redes sociales, ya había una red invisible: la de las ideas que cambian la historia. Un rumor en Oriente, una señal en el cielo, un viaje, un mensaje que se expande por todo el mundo conocido.
Con el paso de los siglos, la Iglesia leyó este episodio a la luz del Antiguo Testamento: Isaías habla de pueblos que traerán oro e incienso, y el Salmo 72 de reyes de tierras lejanas que ofrecerán dones. Así, teológicamente, los sabios se convierten en reyes. No por historia, sino por mensaje: no solo los sabios, también el poder y las naciones se postran ante algo que los supera. Es catequesis simbólica.

En la Edad Media, el mundo conocido tenía tres continentes: Europa, Asia y África. Y el cristianismo, consciente del poder de la imagen, construyó una gran narrativa visual: un rey europeo, uno asiático y uno africano; uno joven, uno adulto y uno anciano. Luego vinieron los símbolos: camello, caballo y elefante. Nada de esto viene de la Biblia, sino del arte medieval. Como la mayoría no sabía leer, la imagen comunicaba más rápido que el texto. El mensaje era claro: Cristo es reconocido por toda la humanidad.
En el relato aparece Herodes, el político que teme perder el poder. Frente a él están los Reyes, que teniendo poder y prestigio reconocen algo superior. Ahí está un conflicto eterno: el poder que quiere controlarlo todo y la verdad que solo puede ser reconocida. Hoy seguimos viendo sistemas que temen a la verdad, y personas que, aun a costo personal, la siguen.
En un mundo donde el poder suele imponerse por la fuerza, los Reyes llegan con regalos. No conquistan: reconocen. Y no eran ingenuos: eran sabios, analistas del universo de su tiempo. Como hoy con el James Webb o la inteligencia artificial, buscaban comprender. Pero nos dejaron una lección vigente: usaron el conocimiento no para dominar, sino para arrodillarse ante la verdad.
Hoy hablamos de globalización como si fuera algo nuevo, pero el cristianismo entendió antes que nadie que un mensaje universal debe contarse de modo que todos se sientan dentro. Los Reyes Magos no son un dato histórico exacto, sino una construcción teológica genial para decir una verdad mayor: Cristo no nace para un pueblo, sino para todo el mundo.
Hoy las ideas viajan por redes y medios, pero hay una diferencia esencial: ellos no compartían entretenimiento, compartían una verdad que transformaba la vida. No necesitó likes, pauta ni algoritmo. Cuando un mensaje tiene sustancia, encuentra su camino.
Quizá el verdadero milagro no fue la estrella. Quizá fue esto: que en un mundo sin redes ni tecnología, se creó el mensaje más persistente de la historia.
Tal vez por eso su historia sigue viva. Porque no habla del pasado. Habla de nosotros.
Mtro. Guillermo Moreno Ríos
Ingeniero civil, académico, editor y especialista en Gestión Integral de Riesgos y Seguros. Creador de Memovember, Cubo de la Resiliencia y Promotor del Bambú.
[email protected]

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx
Felipe Monroy
Un mundo nuevo: de la psicosis por chatbot a los sicofantes digitales
El mundo nuevo ya vive, por desgracia, los efectos de la ‘psicosis por chatbot’
Frente a las esperanzas del reinicio del año civil, es común la expresión ‘Año nuevo, vida nueva’ pero quizá como nunca antes, los escenarios esperados para los próximos meses nos hablan de un auténtico mundo nuevo al que estaremos obligados a mirar tal como los exploradores y navegantes de hace algunos siglos hicieron: con ilusión, sin mapas cartográficos y con un auténtico temor ante lo desconocido.
Por supuesto es ya sabido que cada vez con mayor frecuencia deberemos acostumbrarnos a interactuar en el espacio público y privado con réplicas conversacionales o visuales de personas (incluso de nuestros más íntimos conocidos) mediante modelos de lenguaje masivo y deepfakes. Los avances tecnológicos son ya muy precisos en la imitación a través de síntesis de voz hiperrealista y videos generativos en tiempo real. Los riesgos son evidentes: Fraude y suplantación de identidad (mediante el phishing o a través de ingeniería social), manipulación del comportamiento de los interactuantes, erosión de la confianza en cualquier interacción digital e incluso una profunda anomia conductual.
Por otro lado, la utilización comercial o política de los datos, metadatos y códigos digitales que cada usuario va alojando en el océano informativo para entrenar modelos de patrones de pensamiento y discurso representa una atractiva frontera no sólo para los mercados de productos o de ideas sino también para la reestructuración o redefinición de las más complejas dinámicas de interacción humana y que han configurado el propio principio civilizatorio. Así, por ejemplo, el aprendizaje, el trabajo, los cuidados, el placer y hasta la espiritualidad están ya traspasados por esta nueva mediación tecnológica de la memoria y la imaginación; lo que supondrá una nueva relación no sólo con el progreso sino también con la historia.
Si nos colocamos más de lado de los integrados que de los apocalípticos en este nuevo mundo cultural (bajo los conceptos clásicos de Umberto Eco) podríamos ver no sólo con benevolencia sino con auténtico interés utilitario el cómo beneficiarnos de las superinteligencias digitales para mejorar nuestra productividad, para otorgarnos más tiempo libre (que después esté secuestrado por medios digitales ya es otra cosa) y para auxiliarnos a mejorar nuestra calidad de vida. Para los entusiastas del vibe coding, por ejemplo, la posibilidad de crear todo el software personalizado y necesario para la vida cotidiana sin contar con los más mínimos conocimientos en programación, básicamente nos pone al mando del sueño idealizado de construir un espacio social donde todos puedan participar y se les tome en cuenta en sus necesidades, donde se cree un mercado de intercambio de beneficios (y no de esfuerzos o trabajos) y en el que sean los agentes de inteligencia artificial con autonomía creciente los encargados de tomar decisiones y ejecutar acciones complejas bajo nuestra complaciente y esporádica supervisión.
Pero, para no perder los pies de la tierra hay que atender las inquietudes de los apocalípticos (pues “la mera idea de una cultura compartida por todos, producida de modo que se adapte a todos, y elaborada a medida de todos, es un contrasentido monstruoso”, diría Eco); pues la inteligencia agéntica no solo será responsable de crear acciones dañinas inmediatas como el desplazamiento laboral o la dependencia digital sino de reformular valores culturales y objetivos globales que muy probablemente no coincidan con el bienestar humano (en lo individual, colectivo, político, ecológico, económico, etcétera). Porque ¿a dónde van las interfaces cerebro-computadora o los dispositivos de la neurotecnología? ¿Cuál será el alcance de estas herramientas capaces de “leer la mente” o de estimular virtualmente la actividad cerebral de los usuarios? ¿Qué tipo de cultura de masas podría homogeneizar la realidad social desde esta privacidad mental última, con mecanismos capaces de manipular los pensamientos y los recuerdos, con algoritmos totalizantes que sentencien la realidad y amplifiquen tanto las desigualdades físicas como las cognitivas?
El mundo nuevo ya vive, por desgracia, los efectos de la ‘psicosis por chatbot’ (dependencia emocional, confusión depresiva y hasta suicidio); y el análisis social y cultural se alimenta hoy de sicofantes digitales, es decir, de sistemas que buscan obtener estatus de veracidad mediante la adulación hacia los usuarios (aún hay ingenuos que piensan que ‘vencieron a la IA’ porque alguno de los chatbots “les dio la razón”).
Pensemos en solo uno de los muchos usos de estas tecnologías. En los últimos días ha crecido la reflexión sobre si debemos enfrentarnos o adaptarnos a los griefbots (también llamados deathbots) que no son sino muy audaces simulaciones de la personalidad de una persona que ha fallecido. Con las herramientas de IA correctas y mediante modelos de simulación de lenguaje, machine learning y reproducción iterada de análisis discursivos de la ‘huella digital’ (es decir la data personal almacenada en la red) es posible crear una personalidad virtual capaz de interactuar en tiempo real y con cierta complejidad de razonamiento que, en principio, imite la voz y los gestos, las actitudes y las palabras que una persona fallecida hacía en vida. Actualmente empresas como HereAfter AI, Re-memory y Project December ya ofrecen este servicio.
Esto ya ha sido usado con especial frivolidad, utilitarismo y superficialidad por el marketing político para ‘crear emociones’ y ‘legitimar’ discursos ideológicos, plataformas o personajes políticos al “regresar de la tumba” a líderes históricos o personalidades públicas. Sin embargo, aún hay muchas lagunas de reflexión (legal, ética y moral) respecto al necesario consentimiento póstumo del uso de nuestra ‘huella digital’, sobre el impacto psicológico en el duelo que esto puede provocar, sobre los derechos de la identidad digital o el uso comercial de identidades finadas.
Por ello, antes de que este gran salto tecnológico genere su propio ‘tecnocidio’ habrá que ponderar si la muerte y la identidad deben o no ser negociables; si la privacidad debe limitarse a los datos o la ‘esencia’ de la persona; y si debemos soltar o no responsabilidades sociales ante la complejidad de los sistemas que ya recrean el mundo que estamos por vivir. Esas serán nuestras ataduras al mástil de la cordura para que, como hiciera Odiseo, naveguemos sobre las olas dominadas por el canto de las sirenas digitales sin caer en el hechizo de su algorítmica voz.
*Director VCNoticias.com @monroyfelipe
Columna Invitada
Construyendo la Paz
En esta época festiva, donde todos estamos pensando en los regalos que daremos y los que nos gustaría recibir, ¿cuál es el regalo que más nos gustaría, como sociedad civil? Si se hiciera una encuesta imparcial, seguramente el resultado sería que la población quisiera tener el regalo de la Paz. Una paz completa, confiable, duradera y que alcance a toda la población, a todos los niveles sociales.
Valdría la pena preguntarnos qué es lo que puede hacer la sociedad civil, de qué manera podría estar contribuyendo, probablemente de un modo decisivo, a que se reduzca el nivel de violencia que estamos sufriendo en este momento. Cosa que, por otro lado, también ya había sido advertida: que las soluciones que se proponen como las más efectivas son, precisamente, las de largo plazo. Las soluciones de corto plazo, siendo importantes, no dan soluciones completas. Sí, se requiere una reforma de fondo de la Sociedad, de nuestra cultura. Lo cual es algo verdaderamente lento y particularmente difícil.
La renovación debe ser de la Sociedad y también en la persona, porque al final de cuentas los cambios en la Sociedad son el resumen de los cambios en las personas. A nivel privado, valdría la pena cuestionarnos: ¿qué tanto tengo una actitud violenta en mi vida diaria? ¿Cuáles son los cambios que requiero en lo personal? ¿Soy realmente alguien que promueve la Paz? ¿Cómo es mi manera de ver la vida, es verdaderamente pacífica? ¿O soy de los que ataco a otros que no piensan lo mismo que yo?
También necesitamos un cambio en el trato. En la vida diaria, donde también puede haber conflictos y recriminaciones. Cuando tenemos alguna diferencia, ¿podemos decir que somos constructores de la Paz? Porque al final del día, cualquier conflicto humano es porque alguno quiere imponer a otro su voluntad y convencer o hacer creer que sus principios y sus valores son los que verdaderamente valen.
Tenemos que encontrar medios para lograr una conversión, un cambio de valor; un cambio de corazón si queremos construir realmente la Paz. Ya sé que seguramente a más de uno le molesta este tipo de afirmación. La conversión del país no se va a lograr únicamente por medios violentos. Hay que respondernos en silencio para nosotros mismos: ¿qué tanto la violencia que estamos padeciendo solo es la exageración de nuestras costumbres familiares y sociales? Me temo que si hacemos esta pregunta y la tratamos de contestar honestamente, podremos encontrar muchas semillas de la violencia en nuestro trato diario, que no escala, que no llega a las alturas de lo que estamos viviendo. Pero, finalmente, es el mismo concepto: imponer mi voluntad a la voluntad del otro, sin respetar sus propias necesidades y sus propios derechos.
Es algo que valdría la pena estar meditando en esta época de fin de año, donde se habla de paz y armonía con una frecuencia mayor; recordamos canciones donde habla de la noche de paz y temas parecidos. Podría ser un asunto interesante de reflexión personal. Empezar a decir dónde puedo transformar mi actitud, mi manera de ver las cosas, precisamente en esta época donde le cantamos a la Paz, pero no necesariamente la estamos construyendo.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx
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