Pedro Infante Cruz, el artista que nació siendo una estrella, llegó a este mundo el 18 de noviembre de 1917, para quedarse en la memoria de los mexicanos.

 

Ciudad de México.- Pedro Infante Cruz, el artista que nació siendo una estrella, llegó a este mundo el 18 de noviembre de 1917 en Culiacán, Sinaloa, sin imaginar que a cien años de su natalicio hablaríamos de la leyenda musical en la que se convirtió.

Considerado como un ícono de la cultura mexicana a nivel internacional, el ídolo de Guamúchil posee dos récords en la vida musical de nuestro país, que hasta la fecha ningún otro artista ha logrado superar:  Pedro Infante logró tener 54 discos de manera simultánea a la venta, además su álbum de ‘Las mañanitas’ es el más vendido en la historia de México.

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61 películas en las que se transformó en boxeador, sacerdote, mecánico, carpintero y más, contribuyeron a convertir a Pedro Infante en más que una leyenda del cine nacional; hasta la fecha es un artista capaz de hacernos cantar y llorar.

350 canciones grabadas en estudio son muestra de la voz privilegiada que poseía; rancheras, boleros, valses, huapangos, canciones festivas y hasta infantiles lo colocaron como el intérprete más completo, uno que siempre entendió lo que cantaba.

El éxito del ídolo mexicano no sólo estuvo en las canciones que interpretó o las películas que protagonizó, de manera involuntaria, esos frutos que recibió fueron consecuencia de los principios bajo los que se regía en la vida diaria.

Pedro Infante es un claro ejemplo de perseverancia y disciplina, también de lealtad y honestidad. El actor y cantante estaba identificado con el pueblo, había sinceridad, no pose.

Las personas cercanas a él siempre han contado que era capaz de regalar autógrafos y fotos a quienes acudían a verlo en donde se presentaba, atendía hasta la última persona.    

Con sus canciones no sólo se ganó el cariño del público, también fueron su arma para conquistar a los amores de su vida.

Su carisma lo posicionó como uno de los artistas favoritos del público, pero también de los compositores. De alguna manera, el intérprete sirvió como plataforma para sus amigos como José Alfredo Jiménez, Alberto Cervantes, Chava Flores, entre otros, con quienes no sólo compartió su gusto por la música.

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El grupo de intérpretes y compositores se visitaba, en las anécdotas transmitidas por generaciones se cuenta que a Pedro Infante le gustaba cortarles el cabello a sus amigos y hasta los invitaba a jugar con los trenes que coleccionaba.

El mismo cantante contó que siempre se llevó bien con sus compañeros de trabajo, incluso, hasta con Jorge Negrete, a pesar de que se rumoró que no se soportaban…

En pocos años de carrera, 17 para ser exactos, Pedro Infante consiguió lo imposible: convertirse en el mexicano más inmortal que podemos tener.

 

apc