Columna Invitada
¿Escuelas vacías? no es deserción sino baja natalidad
Por ConParticipación
Los pasillos de la Escuela Inglesa, en Pachuca, Hidalgo, han visto correr a niños desde 1844. Pero eso está en riesgo de terminar. Esta escuela, que fue fundada por mineros ingleses, ha estado en riesgo de desaparecer. El COVID afectó sus finanzas, así es. Pero a tres años de concluir la pandemia otra realidad se ha hecho presente: la falta de alumnos. Ya no hay niños para esta escuela, ni para muchas otras. En el estado de Hidalgo hay 650 escuelas con menos de 15 alumnos, de las cuales 224 tienen menos de 10 alumnos. Esto es señal de un grave problema: la caída de la natalidad [1].
Esta historia se repite por todo el país. Los salones de las escuelas en México parece que se van haciendo más grandes, pero lo que sucede es que hay menos alumnos. Algunos lo atribuyen a la dispersión de población y la deserción —la cual existe y debe atenderse—, pero no es la principal causa de que haya menos alumnos en los centros educativos. La razón que se asoma es clara y las autoridades federales en México parecen voltear hacia otro lado: hay una acelerada caída en la natalidad, y eso empieza a crear problemas a corto, mediano y largo plazo.
Entre 2010 y 2025 el número de alumnos en preescolar, primaria y secundaria cayó en aproximadamente dos millones y medio de alumnos. Esto es relevante porque la deserción escolar es significativamente menor en esos niveles de estudios. Y en primaria se nota más, puesto que la población matriculada en primaria por sí sola descendió en 1.7 millones entre 2010 y 2025 [2].
Esto va a traer como consecuencia una disminución en años próximos en el número de alumnos matriculados en educación media. Y no porque los alumnos que terminen secundaria no ingresen a preparatoria debido a la deserción escolar, sino porque en números reales llegará el momento en que disminuirá el número de alumnos en secundaria por la disminución de la natalidad. En síntesis: el número de alumnos en educación inicial, preescolar y primaria disminuyó más de 400 mil alumnos entre el ciclo 2021/2022 y 2023/2024, ya después de la pandemia [3].
El colapso de nacimientos: datos de 2010 a 2025
Entre 2010 y 2024 el número de nacimientos se ha reducido en un 36%. En ese mismo lapso, el número de nacimientos disminuyó cerca de 970 000 bebés. Es decir, en números específicos, en 2010 nacieron más de 2.6 millones de mexicanos [4], mientras que en 2024 solo nacieron 1.67 millones [5]. El índice o tasa bruta de natalidad descendió de 20.5 por cada mil habitantes (datos de 2010) a 15.45 por cada mil habitantes (datos de 2024) [6].
La tasa global de fecundidad en México se ha reducido a menos de 2 hijos por mujer [7]. En 2024 “La tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres en edad fértil (15 a 49 años) fue de 47.7. La disminución fue de 4.5 respecto al año anterior” [8].
Las mujeres nacidas posteriormente al año 2000 están retrasando notablemente la maternidad, y aunque sean madres lo hacen limitando el número de hijos. Actualmente, son las generaciones nacidas en el siglo XX las que aún mitigan el impacto de la reducción de la natalidad. A medida que avance el tiempo, se espera un envejecimiento acelerado, debido a que se incrementará la proporción de la población adulta y de tercera edad, mientras que la pirámide poblacional se estrechará aceleradamente por la reducción en el número de hijos en las mujeres que ahora son más jóvenes. “Hacia el año 2019, 21 de las 36 entidades federativas ya se encontraban por debajo del reemplazo poblacional, siendo Baja California y la Ciudad de México aquellas con la fecundidad más baja del país, con 1.7 y 1.4 hijos/as por mujer, respectivamente” [9].

El Consejo Nacional de Población (CONAPO) señala que la curva de crecimiento poblacional ya casi es plana y que para el año 2052 comenzará a disminuir la población total del país [10].
Impacto económico
Para 2030, “la Ciudad de México será una población envejecida (20.45% de su población tendrá 60 años y más), mientras que el resto de los estados se encontrarán en proceso de transición, con proporciones de adultos mayores entre 10.63 y 16.47 por ciento” [11]. El resto del país experimentará un envejecimiento similar posteriormente. Se prevé que en 2028 el 14% tenga más de 60 años y esa proporción supere el 20% en 2044 [12].
La baja natalidad genera un envejecimiento acelerado con impactos económicos profundos. Entre otros [13]:
- Se reduce la fuerza laboral. Dado que México es un país que se destaca por la manufactura, esta reducción de la fuerza laboral conlleva una disminución importante en la competitividad del país y el atractivo para inversiones.
- Presión sobre el sistema de pensiones. Al incrementar la proporción de población adulta que no aporta a la economía, la población en edad productiva se ve cargada con un incremento en las contribuciones para las pensiones y para los sistemas de salud.
- Incremento de los servicios de salud a cargo de contribuyentes jóvenes. Los jóvenes, además, deberán contribuir al sostenimiento de los servicios de salud que atienden a una población cada vez de mayor edad. Esto curiosamente era lo que se suponía que se quería “invertir” al reducir la natalidad. Pero lo que ha traído es una desproporción entre población que produce y población que consume…, solo que ahora esta última no es la de los niños y adolescentes, sino de los ancianos.
Caminar mirando hacia atrás
Existe un valor intangible, que ConParticipación propone, y que consiste en la agenda social proyectada hacia el futuro. ¿En qué consiste? Es el peso que tienen los temas relacionados con el futuro de la sociedad en relación con el peso de los temas relacionados con el pasado. Una sociedad tiene una proporción de niños y jóvenes respecto a la cantidad de adultos y personas de tercera edad.
Cuando la pirámide poblacional es más ancha en la base, eso significa que el peso social de los temas de infancia y adolescencia es más relevante y por tanto, dirige la agenda social hacia el futuro de dicha población. Eso es una proyección a futuro.
Cuando la pirámide poblacional se invierte, la sociedad comienza a asemejar a una persona que avanza mirando hacia atrás, hacia el pasado. Los temas de agenda social de mayor peso son los que tienen que ver con el pasado de dicha sociedad.
México, en cierto sentido, corre el riesgo de cambiar de mentalidad. En vez de vivir pensando en su futuro pasará a sobrevivir cargando el pasado.
Una política pública que permita pensar en la familia y los hijos
El estudio “La verdadera crisis de la fecundidad” del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por sus siglas en inglés), señala que el 35% de las mujeres en edad fértil limita el tener un hijo por las restricciones económicas, el 23% por problemas de vivienda, y el 21% por la precariedad laboral [14].
Existen numerosos cambios en la percepción de la paternidad y la maternidad. No obstante, al tratarse de un fenómeno humano fundamental, es necesario reflexionar qué peso dan la sociedad y las autoridades a facilitar las condiciones para tener un hijo y formar una familia. En este sentido, existe el reto de que CONAPO privilegie la acción en favor de una recuperación del índice de natalidad.
Como sociedad, requerimos un cambio en la política nacional sobre población. Es preciso superar interpretaciones que no reflejan el escenario presente, como sucedió cuando CONAPO habló sobre el envejecimiento del país diciendo que: “México empieza a envejecer porque ha sido un país que se ha desarrollado” [15].
La mirada moderna y realista de México debe advertir lo que ha sucedido en otros países. En Japón la población total disminuye en más de 500 mil habitantes cada año y más del 25% de la población supera los 60 años. En Corea del Sur más del 30% de la población en edad fértil no tiene hijos —por factores económicos y de vivienda en muchos casos—. En Europa también se ve una situación crítica. Solo algunos países, como Hungría, han emprendido acciones y estímulos sociales con políticas de exención de impuestos para las parejas con hijos y con políticas familiares.
México no envejece porque se ha desarrollado, sino que envejece porque mira hacia atrás. La mirada al futuro debe ser la que privilegia la dignidad de la persona y el bienestar de la familia para alcanzar un auténtico desarrollo social.
Artículo original publicado en: https://conparticipacion.mx/escuelas-vacias-no-es-desercion-sino-baja-natalidad/
Fuentes:
[1] https://www.cronicahidalgo.com/2025/03/10/escuelas-en-riesgo-de-cierre-por-la-falta-de-estudiantes/
https://www.milenio.com/sociedad/escuela-pachuca-riesgo-cerrar-falta-estudiantes
[4]https://www.inegi.org.mx/rnm/index.php/catalog/287/datafile/F4/V168
[5] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enr/enr2024_CP.pdf
[6] https://conapo.segob.gob.mx/work/models/CONAPO/pry23/PP/index.html
[7] http://www.omi.gob.mx/work/models/OMI/Seccion_Publicaciones/MigracionySalud/2023/MyS_2023_Completo_211123_PLIEGO.pdf pág. 49, y https://conapo.segob.gob.mx/work/models/CONAPO/pry23/PP/index.html
[8] Cf. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enr/enr2024_RR.pdf pág. 2
[9] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/1001571/Proyecciones_Poblacion_280525_V2.1.pdf pág. 50
[10] https://www.gob.mx/conapo/articulos/disminuye-la-poblacion-infantil
[11] Cf. http://www.conapo.gob.mx/work/models/CONAPO/Resource/2702/06_envejecimiento.pdf pág. 113
[12] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/1018911/00_RM.pdf
[15] Cf. https://www.gob.mx/conapo/articulos/foro-envejecimiento-el-reto-demografico
Otras fuentes:
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enr/enr2024_RR.pdf
https://www.gob.mx/conapo/articulos/disminuye-la-poblacion-infantil
https://conapo.segob.gob.mx/work/models/CONAPO/pry23/DB/ConDem50a19_ProyPob20a70.zip

CONCIENCIA Y PARTICIPACIÓN es una organización ciudadana que vincula a quienes desean promover valores humanos fundamentales, como son: la búsqueda del bienestar social general, la justicia social, el respeto de la vida humana en todas sus etapas, la solidez de los hogares y de los matrimonios, la salud y la educación integral para todos.
La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx
Columna Invitada
Construyendo la Paz
En esta época festiva, donde todos estamos pensando en los regalos que daremos y los que nos gustaría recibir, ¿cuál es el regalo que más nos gustaría, como sociedad civil? Si se hiciera una encuesta imparcial, seguramente el resultado sería que la población quisiera tener el regalo de la Paz. Una paz completa, confiable, duradera y que alcance a toda la población, a todos los niveles sociales.
Valdría la pena preguntarnos qué es lo que puede hacer la sociedad civil, de qué manera podría estar contribuyendo, probablemente de un modo decisivo, a que se reduzca el nivel de violencia que estamos sufriendo en este momento. Cosa que, por otro lado, también ya había sido advertida: que las soluciones que se proponen como las más efectivas son, precisamente, las de largo plazo. Las soluciones de corto plazo, siendo importantes, no dan soluciones completas. Sí, se requiere una reforma de fondo de la Sociedad, de nuestra cultura. Lo cual es algo verdaderamente lento y particularmente difícil.
La renovación debe ser de la Sociedad y también en la persona, porque al final de cuentas los cambios en la Sociedad son el resumen de los cambios en las personas. A nivel privado, valdría la pena cuestionarnos: ¿qué tanto tengo una actitud violenta en mi vida diaria? ¿Cuáles son los cambios que requiero en lo personal? ¿Soy realmente alguien que promueve la Paz? ¿Cómo es mi manera de ver la vida, es verdaderamente pacífica? ¿O soy de los que ataco a otros que no piensan lo mismo que yo?
También necesitamos un cambio en el trato. En la vida diaria, donde también puede haber conflictos y recriminaciones. Cuando tenemos alguna diferencia, ¿podemos decir que somos constructores de la Paz? Porque al final del día, cualquier conflicto humano es porque alguno quiere imponer a otro su voluntad y convencer o hacer creer que sus principios y sus valores son los que verdaderamente valen.
Tenemos que encontrar medios para lograr una conversión, un cambio de valor; un cambio de corazón si queremos construir realmente la Paz. Ya sé que seguramente a más de uno le molesta este tipo de afirmación. La conversión del país no se va a lograr únicamente por medios violentos. Hay que respondernos en silencio para nosotros mismos: ¿qué tanto la violencia que estamos padeciendo solo es la exageración de nuestras costumbres familiares y sociales? Me temo que si hacemos esta pregunta y la tratamos de contestar honestamente, podremos encontrar muchas semillas de la violencia en nuestro trato diario, que no escala, que no llega a las alturas de lo que estamos viviendo. Pero, finalmente, es el mismo concepto: imponer mi voluntad a la voluntad del otro, sin respetar sus propias necesidades y sus propios derechos.
Es algo que valdría la pena estar meditando en esta época de fin de año, donde se habla de paz y armonía con una frecuencia mayor; recordamos canciones donde habla de la noche de paz y temas parecidos. Podría ser un asunto interesante de reflexión personal. Empezar a decir dónde puedo transformar mi actitud, mi manera de ver las cosas, precisamente en esta época donde le cantamos a la Paz, pero no necesariamente la estamos construyendo.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx
Columna Invitada
El tesoro de la paz
TU DECIDES
Por Pablo Mier y Terán
Hay palabras que, cuando se pronuncian, parecen encender una luz suave en medio del ruido cotidiano. Eso ha sucedido esta semana con el mensaje Urbi et Orbi de León XIV, un texto que no pretende dividir, sino tender puentes. Más allá de credos y banderas, su invitación es sencilla y profunda: “la paz no es un sueño ingenuo; es una tarea compartida”.
León XIV nos recuerda que la paz empieza en lo pequeño: en la mesa familiar donde vuelve el diálogo, en la escuela donde nadie queda fuera, en la calle donde un saludo puede ser el primer gesto de reconciliación. Su mensaje no se instala en la nostalgia ni en el reproche; se abre al futuro con esperanza, como quien confía en que cada persona guarda dentro un tesoro capaz de iluminar a los demás.
Ese tesoro, dice el Papa, es la “dignidad humana”, innegociable e igual para todos. No depende de la edad, del barrio, del idioma, de la fe o de la falta de ella. Cada vida cuenta. Cada voz merece ser escuchada. Cada herida pide cuidado. En un mundo que a veces parece acostumbrarse a la prisa y al conflicto, estas palabras caen como lluvia mansa en tierra árida.
Y en el centro de este mensaje aparece una imagen cargada de simbolismo: “la figura del Niño Dios”. León XIV recuerda que «el Niño que hoy nace en Belén es el mismo Jesús que menciona: “les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33)». Para los creyentes, este niño frágil representa la fuerza serena que vence al miedo sin violencia, la certeza de que incluso en medio de la dificultad puede brotar una paz interior que sostenga y acompañe. Y aun para quienes no comparten esta fe, la imagen del niño recién nacido sigue siendo un símbolo universal: la vida que empieza, la confianza, la posibilidad de un nuevo comienzo”.
El mensaje insiste también en algo esencial: la paz no es pasiva. No se trata solo de desearla, sino de construirla. Se levanta con gestos solidarios, con políticas que incluyan, con economías que no olviden a nadie, con comunidades que celebren la diversidad sin miedo. Con un verdadero respeto y amor por la vida. León XIV nos invita a mirar al otro no como rival, sino como compañero de camino. Nos recuerda que nadie pierde cuando gana la fraternidad.
Quizá lo más valioso de este mensaje es que no habla desde lo alto, sino a la altura de las personas. Reconoce las luchas de quienes trabajan, de quienes cuidan, de quienes buscan oportunidades, de quienes atraviesan duelos, migraciones o incertidumbres. A todos les dirige una palabra de aliento: “la paz es posible, y empieza en ti”.
Y así, su llamado no queda encerrado en los muros de ningún templo. Sale a las plazas, a los hogares, a las redes, a los medios. Se vuelve conversación abierta, invitación amplia. Porque la paz, cuando es verdadera, no excluye a nadie.
Quizá este sea el mayor tesoro que hoy descubrimos en León XIV: una voz que recuerda lo esencial, que no grita, que no impone, pero que señala un horizonte común. En tiempos de ruido, la serenidad también es noticia.
Construir la paz será siempre un desafío. Pero mientras existan palabras como estas —claras, humanas, esperanzadas— tendremos brújula. Lo demás dependerá de nosotros: de nuestras manos, nuestras decisiones, nuestras ganas de cuidar la vida. De nuestra decisión para viajar con la mirada, la imaginación, la fe y el amor al Belén de hace 2000 años para contemplar el momento en el que Dios se hace hombre e inevitablemente enseña el camino de la paz a cada corazón y al mundo entero.

Pablo Mier y Terán @pablomieryteran
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Columna Invitada
Cuando la coyuntura se vuelve destino
Para INCIDE existen momentos en los que los temas no se eligen: se imponen, porque la realidad habla con demasiada claridad para ignorarla. La revisión de las ediciones de este año confirma que no abordamos asuntos aislados, sino un mismo proceso observado desde distintos ángulos. Agua, ciudad, infraestructura, economía, juventud, marco legal y gobernanza dejaron de ser temas separados para convertirse en un solo sistema.
Hoy es evidente que las decisiones postergadas ya generan consecuencias y que discusiones antes técnicas se han transformado en asuntos de estabilidad social, viabilidad económica y futuro territorial.
De la urgencia al límite
Al inicio el agua apareció como preocupación estructural; después como problema operativo; más tarde como derecho; y finalmente como factor de gobernabilidad. No como crisis episódica, sino como resultado acumulado de crecimiento desordenado, rezagos históricos, planeación desconectada de la realidad y decisiones postergadas durante décadas.
Por eso dejó de ser un tema exclusivo de organismos operadores o ingenierías especializadas. Se convirtió en una variable que condiciona inversión, cohesión social y continuidad del desarrollo.
La ciudad como protagonista del problema
Algo similar ocurrió con la infraestructura y el territorio. La obra dejó de entenderse como sinónimo de progreso automático. La conversación se desplazó hacia la calidad, el sentido y la resiliencia de lo que se construye.
Movilidad, normatividad urbana, ordenamiento territorial y servicios básicos comenzaron a leerse como un mismo sistema. Las ciudades ya no son solo escenario: son actores que pueden amplificar o mitigar los riesgos que enfrentan.
El contexto internacional tocó la puerta
El viraje más evidente fue económico. La región dejó de analizarse en clave local para entenderse como parte activa de Norteamérica. Nearshoring, cadenas de valor, energía, minería y comercio dejaron de ser promesas abstractas para convertirse en presiones reales.
La lectura fue clara: las oportunidades mal gestionadas también generan riesgos. Atraer inversión sin infraestructura adecuada, sin agua, sin energía confiable, sin talento y sin reglas claras no es estrategia; es improvisación costosa.
El futuro dejó de ser discurso
Otro cambio relevante fue la manera de hablar de juventud y relevo. Se abandonó el lenguaje aspiracional para asumir una realidad incómoda: los modelos actuales se están agotando y alguien tendrá que tomar decisiones en escenarios más complejos que los de hoy.
La profesionalización, la capacitación continua y la certificación dejaron de ser complementos para convertirse en condiciones mínimas de competitividad. Sin capital humano preparado, no hay continuidad institucional ni desarrollo sostenible posible.
Cuando la omisión también es riesgo
En paralelo, el análisis normativo y de gobernanza se volvió constante. No como debate ideológico, sino como diagnóstico práctico. La ley suele ir detrás de los hechos, y cuando eso ocurre, los costos los pagan las ciudades, los sectores productivos y la sociedad.
La regulación, la mejora administrativa, la certidumbre jurídica y la corresponsabilidad social aparecieron como infraestructura invisible, pero determinante. Sin reglas claras, el desarrollo se fragmenta; sin gobernanza, la sostenibilidad se debilita.
Entre la gestión y la contienda
México entra al 2026 en un entorno de crecimiento moderado, alta exposición externa y una complejidad política cada vez mayor. A este escenario se suma un factor determinante: el calendario electoral del 2027 comienza a imponerse sobre la conversación pública y, con ello, sobre la toma de decisiones que deberían concentrarse en lo esencial.
En este contexto, la economía deja de ser ya el único indicador relevante. Conforme se acerca el relevo político, la atención institucional se desviará hacia la contienda, mientras problemas estructurales quedarán en segundo plano.
Para Sonora, las fortalezas existen, pero no son automáticas ni permanentes. Además de competir por inversión y talento, el mayor riesgo es la distracción de un relevo político no puede ni debe significar borrón y cuenta nueva. La continuidad técnica, la institucionalidad y la responsabilidad pública serán el verdadero factor de competitividad en un entorno cada vez más exigente.
Lo que viene no será un tiempo de certezas, sino de decisiones y caprichos forzados por la presión del contexto que marcarán el rumbo del estado mucho después de la coyuntura electoral. Esperemos que los políticos estén a la altura, que el sector productivo actúe con visión y que la sociedad no renuncie a exigir un verdadero bienestar conjunto.
Cerramos este año con la convicción de que aún estamos a tiempo.
Deseamos una Feliz Navidad y que el próximo año sea, de verdad, un buen año para todos.
Mtro. Guillermo Moreno Ríos
Ingeniero civil, académico, editor y especialista en Gestión Integral de Riesgos y Seguros. Creador de Memovember, Cubo de la Resiliencia y Promotor del Bambú.
[email protected]

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Columna Invitada
Inteligencia artificial y temores
Probablemente, las innovaciones tecnológicas más sonadas en los años 2024 y 2025 tienen que ver con la inteligencia artificial. Algo que no es realmente nuevo, aunque este nombre sí lo es; el término es novedoso y atractivo desde el punto de vista mercadológico.
Estas innovaciones están generando miedos, que se están usando para hacer crecer este negocio. Buscan convencer al público en general de que, si no entra rápidamente a la inteligencia artificial, perderá sus negocios o su empleo. Por otro lado, también usan los miedos aquellos que se oponen a estas innovaciones, diciendo que usar la inteligencia artificial es dejar abierta toda la información de la empresa para ser mal usada. Además, organizaciones sociales enfatizan el problema ético que pueden causar estas nuevas tecnologías. Siendo temas importantes, el problema es que esos temores nos impiden ver las ventajas de estas innovaciones. Nos ocupamos de evitar los daños, cuando habría que pensar en los beneficios que podrían traer para todos.
Hay campañas impresionantes orientadas a la población, sobre todo a la clase media educada. Tratan de convencernos de que quienes tienen más de 40 años ya están fuera de la jugada. “No tienen las capacidades que poseen los jóvenes para entrar a estas tecnologías”, nos dicen. Y se están creando grandes cantidades de cursos donde específicamente se afirma: “Estamos buscando personas de más de 40 años y que no tengan conocimientos de cómputo”. Y ofrecen, por ejemplo, una maestría en inteligencia artificial dedicándole 30 días, 15 minutos por día, con lo cual le van a dar el equivalente a ese grado. Es de esperarse que se necesite más que eso.
Recientemente se congregaron, en el Vaticano, 50 expertos en una reunión sobre el asunto. Entre sus presentaciones, predominaron las llamadas a cuidar la ética, pidiendo reconocer que hay riesgos, así como pidiendo reglamentación y la intervención de diferentes autoridades para limitar estos males. Riesgos interesantes, pero que ocurren en todo tipo de comunicación. Con la diferencia del enorme alcance y velocidad de estos nuevos instrumentos. Por otro lado, muchas empresas están prohibiendo a sus empleados utilizar la inteligencia artificial, y han vetado todo lo que se estaba manejando con estos instrumentos. Alegando que no hay una certeza de que esa información no pueda ser mal utilizada.
Los mencionados expertos hablaron debeneficios de la inteligencia artificial. Señalaron aspectos muy positivos. Se habla de la mejora en la salud, educación accesible, sostenibilidad ambiental, eficiencia en los procesos y, aunque parezca raro, promoción de la paz. En términos muy genéricos, sin entrar a detalle como lo hicieron en el campo de los peligros de la inteligencia artificial. Habrá que estudiar a fondo los posibles beneficios de esta.
Hay que profundizar en esto y discernir sus consecuencias. Este es el nuevo mundo que se nos está presentando. No es la solución abandonar esta innovación. No es sensato usar los miedos para obstaculizar o hacer más rápida la adopción de estas tecnologías. Hay que balancear, en nuestros análisis, los riesgos, y los beneficios. Y, sobre todo, estar preparados para aprovecharlos. No son los miedos el mejor consejero para aceptar las innovaciones de tipo tecnológico o en cualquier otro campo. Un tema para debatir, participar y opinar. Se necesitan más opiniones. Las de otros, como usted y yo, reflexionando con sentido común, sobre nuestro papel en este tema.

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