No sólo es una película "bonita", ‘La forma del agua’ (‘The Shape of Water’) es profunda; con una dosis alta de humanidad.

Ciudad de México.- No sólo es una película "bonita", ‘La forma del agua’ (‘The Shape of Water’) es profunda; con varias capas para analizar y con una dosis alta de humanidad. El mensaje es universal y contundente: el amor no discrimina, el amor es amor.

‘La forma del agua’ se desarrolla a inicios de los años 60, cuenta la historia de Elisa (Sally Hawkins), una chica muda que vive sola pero que tiene un par de amigos, su vecino Giles (Richard Jenkins) y Zelda (Octavia Spencer), con quien trabaja ayudando a la limpieza de un laboratorio militar.

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Un día, llega a las instalaciones un "activo" que fue capturado en Sudamérica y forma parte de un experimento. Elisa, quien presenció el arribo de la criatura acuática, genera al paso de los días una relación con esta especie que la llevará a cometer una "locura", de esas que justificamos en nombre del amor.

Guillermo del Toro retoma la fórmula de una "bestia" y una "bella" que, afortunadamente, no tiene un desenlace de perfección como en los cuentos tradicionales. Aquí vemos personajes imperfectos, capaces de aceptar sus diferencias y, al mismo tiempo, encontrarse en ellas.

De esta manera, la cinta cobra sentido más allá de la pantalla para criticar fuertemente momentos históricos que encuentran su justificación en las diferencias raciales o de género. ‘La forma del agua’ es una crítica al ángulo desde el que miramos el mundo.

Sobre los personajes principales llama la atención su incapacidad de comunicarse a través de palabras, sin embargo, surge entre ellos una “conexión”, un lenguaje que permite que el mensaje de la cinta sea universal.  

Al mismo tiempo, es un reto para el director sostener una cinta de más de dos horas en dos personajes “sin voz”, pero que están cobijados por un contexto que nos ayuda a comprender los vacíos y que no aburre al espectador.

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Incluso, esas características de los personajes permiten que tengamos momentos de descanso a lo largo del drama que presenta la película; momentos divertidos que arrancan carcajadas, sin desviarnos del tema principal; muy al estilo de la personalidad del director mexicano.  

La banda sonora de la película creada por Alexandre Desplat acompaña los silencios de los personajes y por momentos da la sensación de que estamos en un musical. Es festiva y memorable, característica que debe poseer una partitura musical para hacer historia en el cine.

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Técnicamente, en ‘La forma del agua’ se introduce sutilmente al espectador a ese mundo de fantasía creado minuciosamente por Guillermo del Toro. Gracias a los movimientos de cámara, podemos ser parte de la acción de los personajes. Sobre todo, en las escenas en las que el agua cobra protagonismo para hacernos sentir atmósferas; fluir poco a poco junto a las situaciones y personajes.

El agua es ese espacio en el que Elisa y la criatura permanecen cómodos, pueden ser quienes son sin temores. Otorga seguridad, como nuestros propios espacios. Todos tenemos uno.

El sello que otorga Del Toro a la cinta nos muestra la fidelidad del director a la oscuridad de su imaginación, que en el fondo arroja más luz de la que podamos ver a simple vista, tal como lo hace en otras de sus películas.

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‘La forma del agua’ se estrena este 12 de enero en 1200 pantallas de nuestro país, de cara a la temporada de premios que augura un buen año para Guillermo del Toro, creador, director y productor de esta historia.