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Columna Invitada

Un nuevo Papa

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Hemos estado, en estas últimas semanas, en un tiempo de sorpresas. La muerte del querido Papa Francisco, precisamente cuando nos habían anunciado que iba mejor y ya no se esperaba que empeorara su situación. Luego, la elección de su sucesor, que también estuvo sembrada con sorpresas.

No del todo: el nuevo Papa estuvo encargado por un buen tiempo de la Congregación de los Obispos, en la Curia del Vaticano, de manera que tiene una visión bastante profunda de la estructura de la Iglesia, ya que se encargaba de proponer al Papa a los nuevos obispos de distintas diócesis. De manera que no es un recién llegado que desconozca los organismos del Vaticano. Pero, claramente, lo más importante de su trabajo eclesiástico ocurrió como misionero. Siendo un sacerdote de los Estados Unidos, pasó la mayor parte de su vida sacerdotal en América Latina. Además, se nacionalizó como peruano.

Interesantemente, también es miembro de una orden religiosa. Como muchos de ustedes saben, el clero se divide en dos grandes grupos: el llamado clero secular, que son sacerdotes que les reportan a los obispos de cada diócesis y, por otra parte, el llamado clero regular, que están sujetos a una regla y que reportan a una asociación de clérigos que en muchas ocasiones es mundial. Es interesante que, desde el 1769, no había habido ningún Papa que viniera del clero regular. Ahora, en estos últimos tiempos hemos tenido dos Papas que lo son: el Papa Francisco, jesuita, y ahora el Papa León XIV, que procede de la orden de los sacerdotes agustinos.

Ha sido muy interesante el interés que generaron tanto la muerte del Papa Francisco como la elección del Papa León XIV. En el sepelio de Francisco, hubo la presencia de una buena cantidad de jefes de Estado y de Gobierno, y para reportar el conclave, se presentaron alrededor de seis mil comunicadores, procedentes de todo el mundo. Algo verdaderamente fuera de lo común. En nuestro país, por primera vez que yo recuerde, se preguntó al jefe del Ejecutivo si iba a asistir al sepelio del Papa Francisco, o si va a asistir a la toma de posesión formal de León XIV. Algo que nunca se le cuestionaba al presidente, porque no se consideraba que fuera algo de interés. Se hizo el cuestionamiento y la Presidenta designó a quien la va a representar. Además, anunció una invitación formal para que venga el Papa a México, cuando en otras ocasiones la invitación la hacían los obispos mexicanos. Cambios que están ocurriendo y que muestran el interés de los gobiernos por la figura del Papa.

Es interesante el nombre que escogió este Papa. Hay quien dice que en su nombre se está anunciando su programa. El propio Papa dice que lo ha escogido como un homenaje a León XIII, el Papa que estuvo rigiendo la iglesia entre el fin del siglo XIX y el inicio del siglo XX. Quién es conocido mayormente por su aportación a la creación de la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene un interés muy particular por la situación del Trabajo. El Papa León XIII rechazó, tanto el extremo del socialismo como el del capitalismo salvaje.

Fue un Papa que estuvo a favor de los proletarios que sufrían en esa época los resultados de la Revolución Industrial, que los habían dejado como la parte más pobre de la Sociedad. Ese Papa estuvo hablando a su favor, pidiendo cosas como un salario digno, que no era un punto que se considerara importante, promoviendo la creación de sindicatos, incluso de sindicatos católicos, propiciando la creación de las cajas de ahorro, para construir ese hábito fundamental y proveer préstamos a intereses justos. Y más.

Cuando el nuevo Papa fue presentado en la plaza de San Pedro, empieza con un mensaje que está cargado de simbolismo: “La paz sea con ustedes, paz para ustedes”. Esta petición repetida en el rezo de la Regina Coeli y de nuevo en la reunión con los comunicadores del siguiente lunes. No cabe duda de que se trata, solamente, de reconocer que hay grandes situaciones peligrosas para la paz, mismas que comenta el Papa. Pero habló también de las naciones donde se ataca y se persigue el periodismo, por el mero hecho de buscar la verdad. Es algo importante, juntar el concepto de la paz en términos geopolíticos, el de la paz entre las naciones, con la paz al interior de las naciones.

Otro aspecto poco comentado de estos mensajes que está mandando el Papa, tiene que ver con el nombre del primer Papa que se llamó León. Hablamos de San León Magno, un Papa del siglo V, poco conocido, el primer Papa que se le llama Magno. Un Papa sumamente interesante: Doctor de la Iglesia, autor de estudios teológicos muy importantes, dando base a las declaraciones dogmáticas del Concilio de Calcedonia.

Muy significativo, un hecho de cómo intervino ese Papa para lograr la paz. Alrededor del año 452, un guerrero muy poderoso, Atila, el rey de los Hunos, invade gran parte del imperio romano, derrota a varios grupos de su ejército, llega a presentarse ante Roma y está dispuesto a destruirla. Y este Papa sale a convencerlo de que respete la ciudad y que se retire sin hacerle daño. Se habla de que uno de los dichos de Atila era que donde su caballo pisaba ya no volvía a crecer la hierba. Efectivamente, el temor era no solamente el que ganara una batalla o una guerra importante, sino la destrucción que iba a causar en lo que fue el imperio romano. No nos podemos imaginar los efectos que hubiera tenido su victoria. Si este Papa no hubiera logrado que Atila se retirara sin dañar el centro del imperio, hubiera sido un daño muy importante a la cultura y de alguna manera también hacia la propia iglesia católica. Ese es otro aspecto relevante del nombre que ha escogido este Papa. Una visión como un pacificador, como alguien que puede y debe intervenir para evitar los grandes problemas de la humanidad.

Habría que hablar un poco de qué es lo fundamental del papel de un Papa. ¿Cuál es el rol que debe de seguir? Nos encontramos con el encargo que Jesús le da a Pedro: el de confirmar a sus hermanos, a todos nosotros, en la Fe. Ese es uno de los papeles cruciales del Papa. Confirmarnos, para que tengamos un solo corazón y una sola alma. Que podamos entender la Fe de la misma manera. Es un encargo significativo.

Por supuesto, qué bueno que tenga otros roles. Es necesario que una institución, como es la Iglesia, tenga esa capacidad de convocar, de reunir y lograr la pacificación entre naciones, entre países, para que puedan lograr una paz duradera. ¿Qué es lo que este Papa está pidiendo? Fundamentalmente, que cumpla su rol fundamental, el que el mismo Jesús, les encomendó a Pedro y a sus sucesores. Esperemos que logremos ser colaboradores fieles de este Papa, que es una promesa para nuestros tiempos.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Los Reyes Magos: la primera gran red global

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Vivimos en la era de TikTok, de los virales y de los mensajes breves. Nos cuesta imaginar un tiempo sin redes, sin satélites o sin imprenta. Y sin embargo, la humanidad siempre ha tenido formas de transmitir ideas poderosas. Una de las más antiguas y eficaces es la historia de los Reyes Magos.

Cada año repetimos la escena: tres hombres, un niño, una estrella, regalos. La postal es tan conocida que olvidamos lo que realmente es: uno de los relatos más profundos de la historia. Los Reyes Magos no son un adorno del nacimiento de Cristo: son un símbolo del ser humano en camino hacia una verdad.

Si somos intelectualmente honestos, hay que empezar por lo básico. El Evangelio de Mateo solo dice que “unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén”. No dice cuántos eran, ni que fueran reyes, ni sus nombres o su origen. La palabra magoi designaba a sabios y astrónomos orientales, sobre todo de Persia y Babilonia. Heródoto, Estrabón y Plinio el Viejo usan ese término para esa casta intelectual-religiosa. Eran, literalmente, parte de una red internacional de conocimiento: observaban los astros, interpretaban signos y compartían saber entre regiones lejanas.

Estos hombres no pertenecían al mundo judío ni esperaban al Mesías de Israel. Y sin embargo, interpretan un signo en el cielo y emprenden un viaje larguísimo. Antes de que existieran internet o las redes sociales, ya había una red invisible: la de las ideas que cambian la historia. Un rumor en Oriente, una señal en el cielo, un viaje, un mensaje que se expande por todo el mundo conocido.

Con el paso de los siglos, la Iglesia leyó este episodio a la luz del Antiguo Testamento: Isaías habla de pueblos que traerán oro e incienso, y el Salmo 72 de reyes de tierras lejanas que ofrecerán dones. Así, teológicamente, los sabios se convierten en reyes. No por historia, sino por mensaje: no solo los sabios, también el poder y las naciones se postran ante algo que los supera. Es catequesis simbólica.

En la Edad Media, el mundo conocido tenía tres continentes: Europa, Asia y África. Y el cristianismo, consciente del poder de la imagen, construyó una gran narrativa visual: un rey europeo, uno asiático y uno africano; uno joven, uno adulto y uno anciano. Luego vinieron los símbolos: camello, caballo y elefante. Nada de esto viene de la Biblia, sino del arte medieval. Como la mayoría no sabía leer, la imagen comunicaba más rápido que el texto. El mensaje era claro: Cristo es reconocido por toda la humanidad.

En el relato aparece Herodes, el político que teme perder el poder. Frente a él están los Reyes, que teniendo poder y prestigio reconocen algo superior. Ahí está un conflicto eterno: el poder que quiere controlarlo todo y la verdad que solo puede ser reconocida. Hoy seguimos viendo sistemas que temen a la verdad, y personas que, aun a costo personal, la siguen.

En un mundo donde el poder suele imponerse por la fuerza, los Reyes llegan con regalos. No conquistan: reconocen. Y no eran ingenuos: eran sabios, analistas del universo de su tiempo. Como hoy con el James Webb o la inteligencia artificial, buscaban comprender. Pero nos dejaron una lección vigente: usaron el conocimiento no para dominar, sino para arrodillarse ante la verdad.

Hoy hablamos de globalización como si fuera algo nuevo, pero el cristianismo entendió antes que nadie que un mensaje universal debe contarse de modo que todos se sientan dentro. Los Reyes Magos no son un dato histórico exacto, sino una construcción teológica genial para decir una verdad mayor: Cristo no nace para un pueblo, sino para todo el mundo.

Hoy las ideas viajan por redes y medios, pero hay una diferencia esencial: ellos no compartían entretenimiento, compartían una verdad que transformaba la vida. No necesitó likes, pauta ni algoritmo. Cuando un mensaje tiene sustancia, encuentra su camino.

Quizá el verdadero milagro no fue la estrella. Quizá fue esto: que en un mundo sin redes ni tecnología, se creó el mensaje más persistente de la historia.

Tal vez por eso su historia sigue viva. Porque no habla del pasado. Habla de nosotros.


Mtro. Guillermo Moreno Ríos
Ingeniero civil, académico, editor y especialista en Gestión Integral de Riesgos y Seguros. Creador de Memovember, Cubo de la Resiliencia y Promotor del Bambú.
[email protected]

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Construyendo la Paz

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En esta época festiva, donde todos estamos pensando en los regalos que daremos y los que nos gustaría recibir, ¿cuál es el regalo que más nos gustaría, como sociedad civil? Si se hiciera una encuesta imparcial, seguramente el resultado sería que la población quisiera tener el regalo de la Paz. Una paz completa, confiable, duradera y que alcance a toda la población, a todos los niveles sociales.

Valdría la pena preguntarnos qué es lo que puede hacer la sociedad civil, de qué manera podría estar contribuyendo, probablemente de un modo decisivo, a que se reduzca el nivel de violencia que estamos sufriendo en este momento. Cosa que, por otro lado, también ya había sido advertida: que las soluciones que se proponen como las más efectivas son, precisamente, las de largo plazo. Las soluciones de corto plazo, siendo importantes, no dan soluciones completas. Sí, se requiere una reforma de fondo de la Sociedad, de nuestra cultura. Lo cual es algo verdaderamente lento y particularmente difícil.

La renovación debe ser de la Sociedad y también en la persona, porque al final de cuentas los cambios en la Sociedad son el resumen de los cambios en las personas. A nivel privado, valdría la pena cuestionarnos: ¿qué tanto tengo una actitud violenta en mi vida diaria? ¿Cuáles son los cambios que requiero en lo personal? ¿Soy realmente alguien que promueve la Paz? ¿Cómo es mi manera de ver la vida, es verdaderamente pacífica? ¿O soy de los que ataco a otros que no piensan lo mismo que yo?

También necesitamos un cambio en el trato. En la vida diaria, donde también puede haber conflictos y recriminaciones. Cuando tenemos alguna diferencia, ¿podemos decir que somos constructores de la Paz? Porque al final del día, cualquier conflicto humano es porque alguno quiere imponer a otro su voluntad y convencer o hacer creer que sus principios y sus valores son los que verdaderamente valen. 

Tenemos que encontrar medios para lograr una conversión, un cambio de valor; un cambio de corazón si queremos construir realmente la Paz. Ya sé que seguramente a más de uno le molesta este tipo de afirmación. La conversión del país no se va a lograr únicamente por medios violentos. Hay que respondernos en silencio para nosotros mismos: ¿qué tanto la violencia que estamos padeciendo solo es la exageración de nuestras costumbres familiares y sociales? Me temo que si hacemos esta pregunta y la tratamos de contestar honestamente, podremos encontrar muchas semillas de la violencia en nuestro trato diario, que no escala, que no llega a las alturas de lo que estamos viviendo. Pero, finalmente, es el mismo concepto: imponer mi voluntad a la voluntad del otro, sin respetar sus propias necesidades y sus propios derechos. 

Es algo que valdría la pena estar meditando en esta época de fin de año, donde se habla de paz y armonía con una frecuencia mayor; recordamos canciones donde habla de la noche de paz y temas parecidos.  Podría ser un asunto interesante de reflexión personal. Empezar a decir dónde puedo transformar mi actitud, mi manera de ver las cosas, precisamente en esta época donde le cantamos a la Paz, pero no necesariamente la estamos construyendo.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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El tesoro de la paz

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TU DECIDES

Por Pablo Mier y Terán

Hay palabras que, cuando se pronuncian, parecen encender una luz suave en medio del ruido cotidiano. Eso ha sucedido esta semana con el mensaje Urbi et Orbi de León XIV, un texto que no pretende dividir, sino tender puentes. Más allá de credos y banderas, su invitación es sencilla y profunda: “la paz no es un sueño ingenuo; es una tarea compartida”.

León XIV nos recuerda que la paz empieza en lo pequeño: en la mesa familiar donde vuelve el diálogo, en la escuela donde nadie queda fuera, en la calle donde un saludo puede ser el primer gesto de reconciliación. Su mensaje no se instala en la nostalgia ni en el reproche; se abre al futuro con esperanza, como quien confía en que cada persona guarda dentro un tesoro capaz de iluminar a los demás.

Ese tesoro, dice el Papa, es la “dignidad humana”, innegociable e igual para todos. No depende de la edad, del barrio, del idioma, de la fe o de la falta de ella. Cada vida cuenta. Cada voz merece ser escuchada. Cada herida pide cuidado. En un mundo que a veces parece acostumbrarse a la prisa y al conflicto, estas palabras caen como lluvia mansa en tierra árida.

Y en el centro de este mensaje aparece una imagen cargada de simbolismo: “la figura del Niño Dios”. León XIV recuerda que «el Niño que hoy nace en Belén es el mismo Jesús que menciona: “les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33)». Para los creyentes, este niño frágil representa la fuerza serena que vence al miedo sin violencia, la certeza de que incluso en medio de la dificultad puede brotar una paz interior que sostenga y acompañe. Y aun para quienes no comparten esta fe, la imagen del niño recién nacido sigue siendo un símbolo universal: la vida que empieza, la confianza, la posibilidad de un nuevo comienzo”.

El mensaje insiste también en algo esencial: la paz no es pasiva. No se trata solo de desearla, sino de construirla. Se levanta con gestos solidarios, con políticas que incluyan, con economías que no olviden a nadie, con comunidades que celebren la diversidad sin miedo. Con un verdadero respeto y amor por la vida. León XIV nos invita a mirar al otro no como rival, sino como compañero de camino. Nos recuerda que nadie pierde cuando gana la fraternidad.

Quizá lo más valioso de este mensaje es que no habla desde lo alto, sino a la altura de las personas. Reconoce las luchas de quienes trabajan, de quienes cuidan, de quienes buscan oportunidades, de quienes atraviesan duelos, migraciones o incertidumbres. A todos les dirige una palabra de aliento: “la paz es posible, y empieza en ti”.

Y así, su llamado no queda encerrado en los muros de ningún templo. Sale a las plazas, a los hogares, a las redes, a los medios. Se vuelve conversación abierta, invitación amplia. Porque la paz, cuando es verdadera, no excluye a nadie.

Quizá este sea el mayor tesoro que hoy descubrimos en León XIV: una voz que recuerda lo esencial, que no grita, que no impone, pero que señala un horizonte común. En tiempos de ruido, la serenidad también es noticia.

Construir la paz será siempre un desafío. Pero mientras existan palabras como estas —claras, humanas, esperanzadas— tendremos brújula. Lo demás dependerá de nosotros: de nuestras manos, nuestras decisiones, nuestras ganas de cuidar la vida. De nuestra decisión para viajar con la mirada, la imaginación, la fe y el amor al Belén de hace 2000 años para contemplar el momento en el que Dios se hace hombre e inevitablemente enseña el camino de la paz a cada corazón y al mundo entero. 

Pablo Mier y Terán @pablomieryteran

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Cuando la coyuntura se vuelve destino

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Para INCIDE existen momentos en los que los temas no se eligen: se imponen, porque la realidad habla con demasiada claridad para ignorarla. La revisión de las ediciones de este año confirma que no abordamos asuntos aislados, sino un mismo proceso observado desde distintos ángulos. Agua, ciudad, infraestructura, economía, juventud, marco legal y gobernanza dejaron de ser temas separados para convertirse en un solo sistema.

Hoy es evidente que las decisiones postergadas ya generan consecuencias y que discusiones antes técnicas se han transformado en asuntos de estabilidad social, viabilidad económica y futuro territorial.

De la urgencia al límite

Al inicio el agua apareció como preocupación estructural; después como problema operativo; más tarde como derecho; y finalmente como factor de gobernabilidad. No como crisis episódica, sino como resultado acumulado de crecimiento desordenado, rezagos históricos, planeación desconectada de la realidad y decisiones postergadas durante décadas.

Por eso dejó de ser un tema exclusivo de organismos operadores o ingenierías especializadas. Se convirtió en una variable que condiciona inversión, cohesión social y continuidad del desarrollo. 

La ciudad como protagonista del problema

Algo similar ocurrió con la infraestructura y el territorio. La obra dejó de entenderse como sinónimo de progreso automático. La conversación se desplazó hacia la calidad, el sentido y la resiliencia de lo que se construye.

Movilidad, normatividad urbana, ordenamiento territorial y servicios básicos comenzaron a leerse como un mismo sistema. Las ciudades ya no son solo escenario: son actores que pueden amplificar o mitigar los riesgos que enfrentan. 

El contexto internacional tocó la puerta

El viraje más evidente fue económico. La región dejó de analizarse en clave local para entenderse como parte activa de Norteamérica. Nearshoring, cadenas de valor, energía, minería y comercio dejaron de ser promesas abstractas para convertirse en presiones reales.

La lectura fue clara: las oportunidades mal gestionadas también generan riesgos. Atraer inversión sin infraestructura adecuada, sin agua, sin energía confiable, sin talento y sin reglas claras no es estrategia; es improvisación costosa. 

El futuro dejó de ser discurso

Otro cambio relevante fue la manera de hablar de juventud y relevo. Se abandonó el lenguaje aspiracional para asumir una realidad incómoda: los modelos actuales se están agotando y alguien tendrá que tomar decisiones en escenarios más complejos que los de hoy.

La profesionalización, la capacitación continua y la certificación dejaron de ser complementos para convertirse en condiciones mínimas de competitividad. Sin capital humano preparado, no hay continuidad institucional ni desarrollo sostenible posible.

Cuando la omisión también es riesgo

En paralelo, el análisis normativo y de gobernanza se volvió constante. No como debate ideológico, sino como diagnóstico práctico. La ley suele ir detrás de los hechos, y cuando eso ocurre, los costos los pagan las ciudades, los sectores productivos y la sociedad.

La regulación, la mejora administrativa, la certidumbre jurídica y la corresponsabilidad social aparecieron como infraestructura invisible, pero determinante. Sin reglas claras, el desarrollo se fragmenta; sin gobernanza, la sostenibilidad se debilita.

Entre la gestión y la contienda

México entra al 2026 en un entorno de crecimiento moderado, alta exposición externa y una complejidad política cada vez mayor. A este escenario se suma un factor determinante: el calendario electoral del 2027 comienza a imponerse sobre la conversación pública y, con ello, sobre la toma de decisiones que deberían concentrarse en lo esencial.

En este contexto, la economía deja de ser ya el único indicador relevante. Conforme se acerca el relevo político, la atención institucional se desviará hacia la contienda, mientras problemas estructurales quedarán en segundo plano. 

Para Sonora, las fortalezas existen, pero no son automáticas ni permanentes. Además de competir por inversión y talento, el mayor riesgo es la distracción de un relevo político no puede ni debe significar borrón y cuenta nueva. La continuidad técnica, la institucionalidad y la responsabilidad pública serán el verdadero factor de competitividad en un entorno cada vez más exigente.

Lo que viene no será un tiempo de certezas, sino de decisiones y caprichos forzados por la presión del contexto que marcarán el rumbo del estado mucho después de la coyuntura electoral. Esperemos que los políticos estén a la altura, que el sector productivo actúe con visión y que la sociedad no renuncie a exigir un verdadero bienestar conjunto.

Cerramos este año con la convicción de que aún estamos a tiempo.

Deseamos una Feliz Navidad y que el próximo año sea, de verdad, un buen año para todos.

Mtro. Guillermo Moreno Ríos
Ingeniero civil, académico, editor y especialista en Gestión Integral de Riesgos y Seguros. Creador de Memovember, Cubo de la Resiliencia y Promotor del Bambú.
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La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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