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El papa Francisco se implica en los procesos políticos europeos: encuentros con presidentes, entrevistas, viajes... los migrantes están en el centro.

Felipe Monroy

Felipe Monroy

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Si acaso algo ha logrado el papa Francisco en los primeros días de su séptimo año de pontificado es la vuelta a los titulares políticos. La primavera le sienta bien y Jorge Bergoglio ha regresado al interés de los medios de comunicación por sus gestos y declaraciones; pero, sobre todo, por el impacto que parece tomar en la trama internacional.

El papa Francisco sostuvo tres audiencias con líderes políticos muy relevantes: los presidentes de Sudán del Sur, Malta y Lituania. El primero, con el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir Mayardit, a quien le confirmó sus deseos por visitar la joven república. Hay que recordar que en 2017 se canceló esta visita por un conflicto de la tribu del presidente con la tribu del vicepresidente; obviamente, no se podía garantizar la seguridad del pontífice.

Días más tarde se reunió con la presidente de Malta, Marie-Louise Coleiro Preca, con quien habló sobre el fenómeno migratorio tan urgente en el mar Mediterráneo. El mensaje fue para el resto de Europa que sostiene una tensión ideológica y económica negativa contra la migración africana y del medio oriente. Por si fuera poco, el Papa dio audiencia a otra mujer presidente: Dalia Grybauskaitė de Lituania, una muy activa política que ha hecho sentir su liderazgo en la Unión Europea y que seguramente jugará un papel importante en las definiciones de los europeos respecto al Reino Unido el próximo 12 de abril.

Antes de concluir marzo, el Papa realizó una rápida pero efectiva visita a Marruecos; se publicó la agenda de la visita pontificia a Rumanía en mayo; y se hizo el anuncio de su viaje a Madagascar, Mozambique y Mauricio en septiembre próximo. Es decir, más conexiones África-Europa con un mensaje evidente: el Papa quiere estar en las fronteras complejas de la migración humana.

Por si fuera poco, Francisco entró de lleno a la política internacional europea (y muy particularmente en las campañas políticas de España) con una entrevista al periodista Jordi Évole. En el encuentro, el Papa fue radical en su posicionamiento desde el Evangelio a favor de los migrantes. Un tema que, se insiste, ha creado una tensión ideológica y humanitaria en todo el viejo continente.

En los últimos meses, los partidos antiinmigrantes europeos vieron crecer sus números en las encuestas. Favorecidos principalmente por su discurso proteccionista y el fenómeno de popularidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En España, el partido Vox por ejemplo, que no se ruboriza en denunciar ‘una invasión migratoria dirigida por oligarquías globalistas en connivencia con la ultraizquierda’ y proponer el retiro de ciudadanía a inmigrantes y su consecuente expulsión, avanzó sólidamente en el sur y se coloca como el único partido español que sube en las encuestas electorales.

Hay que decir que el fenómeno antiinmigrante español sería anecdótico si no coincidieran estas elecciones nacionales con la elección del Parlamento Europeo y los entuertos por la definición del Brexit, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Por ello, Francisco se ha implicado de una manera absoluta. Le dijo al periodista español: “La madre Europa envejeció de golpe. Europa se olvidó que, después de las guerras, sus hijos fueron a golpear las puertas de América… Lo importante en el tema de la migración es recibir, acompañar e integrar”.

En la entrevista, Francisco critica a las autoridades que obligan a organizaciones a permanecer en puerto y evitar la obra humanitaria que rescata embarcaciones de migrantes en el Mediterráneo: “¿Para qué lo hacen? ¡Para que se ahoguen!” El pontífice ha sido radical en su posicionamiento y manda señales claras al máximo exponente político de esta ideología antiinmigrante: “Quien levanta el muro queda prisionero del muro que levantó. Es una ley universal”.

Hay una última frase de la entrevista del Papa a Évole: “El miedo es el material sobre el cual se edifican las dictaduras”. Hay suficiente evidencia en los discursos del papa Francisco para intuir que Bergoglio no se refiere a dictaduras nacionalistas o militares sino a dictaduras ideológicas. Francisco inició su Operación Europa desmontando el miedo al otro, al migrante, a reconocer la humanidad compartida y a comprender que su papel es un puente entre estas tensiones globales. Veremos qué sucede en las próximas elecciones españolas y las elecciones europeas; pero que conste que el Papa ha hecho su apuesta.

Todo esto sucedió mientras el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, intentó una inmersión en los espacios vaticanos para lograr saludar al Papa; fue un encuentro apresurado, trastabillante. Obtuvo, en todo caso, un saludo cordial y una bendición al pueblo mexicano.

@monroyfelipe

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