Dignidad Humana
Sin cuidados paliativos, México no está listo para debatir la eutanasia: Dr. Guillermo Aréchiga
Ciudad de México.— En el marco del debate nacional sobre la llamada Ley Trasciende, que busca reconocer a la eutanasia en México, el doctor Guillermo Eduardo Aréchiga Ornelas, coordinador del equipo hospitalario de cuidados paliativos y dolor del Hospital General de Occidente, advirtió que el país no puede avanzar hacia esa discusión sin antes garantizar el acceso universal a los cuidados paliativos.
Con datos, contexto y basta experiencia en la práctica médica, el especialista dijo que el problema no está en el deseo de morir sino que el país enfrenta limitaciones en materia de cuidados paliativos y expuso la necesidad de revisar las condiciones actuales antes de modificar la legislación.
El doctor Aréchiga consideró que la discusión sobre la eutanasia requiere un debate más amplio, que incluya los aspectos médicos, legales y sociales. Advirtió que, sin una red nacional de cuidados paliativos, el país corre el riesgo de abordar la muerte asistida sin haber garantizado previamente el derecho a una atención integral.

Propuesta legislativa y su alcance
La iniciativa impulsada por la activista Samara Martínez y presentada ante el Congreso de la Unión con respaldo ciudadano. Propone incorporar el derecho a la eutanasia en la Ley General de Salud, dentro del título octavo bis sobre cuidados paliativos, y derogar el artículo 166 bis que prohíbe la práctica.
El también profesor titular de la Especialidad de Medicina Paliativa y Dolor, Universidad de Guadalajara explicó que la propuesta busca ampliar derechos y libertades para pacientes con enfermedades terminales o degenerativas, otorgándoles la opción de solicitar la eutanasia bajo determinados criterios médicos y legales. Indicó que la ley define la muerte digna como la posibilidad de una despedida sin sufrimiento físico o psicológico, enmarcada en principios de autonomía y libre decisión.
Contexto de la enfermedad terminal en México
Citando datos del INEGI, el doctor Aréchiga explicó que en México se registran anualmente alrededor de 89 mil defunciones relacionadas con tumores malignos, cifra que ha mostrado incremento en los últimos años. También se reportan más de 6 mil casos de esclerosis lateral amiotrófica, además de padecimientos neurodegenerativos como Alzheimer y demencia, cuya proyección supera los 3.5 millones de personas para 2050.
La iniciativa hace referencia a estos padecimientos y a la enfermedad renal crónica, que afecta al 12 por ciento de la población mexicana. Según Aréchiga, el documento plantea que quienes padecen estas enfermedades puedan elegir una muerte sin sufrimiento innecesario, pero advirtió que el acceso limitado a los cuidados paliativos condiciona la posibilidad de una decisión plenamente informada.
Condiciones establecidas en la reforma
El proyecto legislativo propone que toda persona mayor de 18 años, diagnosticada por dos médicos con una enfermedad terminal o crónico-degenerativa, pueda solicitar la eutanasia. La iniciativa contempla la objeción de conciencia para los profesionales de la salud, pero establece que las instituciones públicas deberán contar con personal no objetor para garantizar la aplicación del derecho.
Aréchiga señaló que el texto menciona los cuidados paliativos como parte de la información que debe recibir el paciente antes de decidir, lo que implica que su ausencia o escasez puede llevar directamente a optar por la eutanasia.
Acceso a los cuidados paliativos en México
El especialista expuso que sólo 3 por ciento de los pacientes que requieren cuidados paliativos en México tiene acceso a ellos. Indicó que existen 120 equipos de atención por millón de habitantes y apenas seis dedicados al ámbito pediátrico.
En Jalisco funcionan unidades especializadas en hospitales como el Nuevo Hospital Civil Fray Antonio Alcalde y el Hospital General de Occidente, además de un programa de especialidad en medicina paliativa pediátrica. Sin embargo, las regiones rurales y comunidades indígenas permanecen sin cobertura.
Formación médica y alcance institucional
El doctor Aréchiga informó que en México existen 109 escuelas de medicina, de las cuales sólo 13 incluyen formación en cuidados paliativos. No hay programas equivalentes en enfermería y solo 23 en psicología.
El especialista agregó que la falta de preparación profesional limita la capacidad de respuesta del sistema de salud ante el sufrimiento físico o emocional de los pacientes.
Aspectos económicos y bioéticos
Asimismo, Aréchiga mencionó que en administraciones anteriores se ha planteado que los cuidados paliativos representan un gasto, mientras que la eutanasia se considera un ahorro. A su juicio, este enfoque puede derivar en una visión utilitaria de la vida y la atención médica.
También señaló que el gobierno federal no ha realizado un análisis sobre los costos de implementar la eutanasia, ni sobre la infraestructura necesaria para su regulación.
Una historia: ¿Cómo está tu relación con Dios?
En un hospital de Guadalajara, una mujer de 79 años, maestra de catecismo durante toda su vida, confesó al médico su enojo con Dios tras sufrir un infarto cerebral. El doctor Guillermo Eduardo Aréchiga Ornelas escuchó con atención, no sólo como especialista en cuidados paliativos, sino como alguien que entiende que el sufrimiento humano va más allá del cuerpo.
La compasión que alivia: el valor de la espiritualidad en los cuidados paliativos
Tratar a pacientes con enfermedades agudas, crónicas o terminales, dice el doctor Aréchiga, devuelve a la medicina su sentido original: aliviar el dolor del enfermo. Desde Hipócrates, ese ha sido el propósito esencial del médico y los cuidados paliativos buscan ofrecer al paciente calidad de vida, no solo prolongarla.
La atención paliativa, explica, implica escuchar al paciente más allá de sus síntomas. En ese diálogo aparece un componente que ha sido poco explorado en la formación médica: la espiritualidad. Ese vacío motivó la creación del libro Espiritualidad en cuidados paliativos, escrito junto con colegas interesados en dar forma científica a un tema que en muchos hospitales sigue sin abordarse.
Espiritualidad y religión: dos caminos distintos
En su investigación, Aréchiga y su equipo hallaron confusión entre espiritualidad y religión. Explica que más del 60% de los pacientes desea hablar de su dimensión espiritual sin sentir que se les impone un credo.
La espiritualidad, subraya, es una dimensión humana que busca sentido, propósito y conexión. Puede incluir o no una creencia religiosa, pero está presente incluso en quienes se declaran ateos o agnósticos. “Puedo ser ateo y ser espiritual. Puedo ser agnóstico y ser espiritual”, comenta.
La religión, en cambio, responde a un constructo social con prácticas, jerarquías y ritos. Ambas pueden coincidir, pero no son sinónimos. En la práctica médica, confundirlas puede limitar la comprensión del paciente y reducir el alcance del acompañamiento.
El sufrimiento como experiencia humana
En la medicina paliativa se habla del “dolor total”: físico, emocional, social y espiritual. Aréchiga recuerda la enseñanza de Viktor Frankl, quien afirmaba que el ser humano no se destruye por el sufrimiento, sino por el sufrimiento sin sentido. Por eso, el cuidado espiritual busca ayudar al paciente a comprender su experiencia, incluso en la enfermedad y la muerte.
En esa tarea, el médico no solo trata síntomas, sino también acompaña la búsqueda de significado. “Cuando preguntamos por la relación del paciente con Dios o con lo que considera sagrado, no hablamos de religión, sino de sentido”, explica.
La compasión como entrenamiento
Uno de los conceptos que más ha desarrollado el doctor Aréchiga es la idea de la compasión como una capacidad que se entrena.
“La empatía permite comprender el dolor del otro. La compasión nos impulsa a actuar para aliviarlo”, explica.
Las neurociencias han confirmado que la compasión activa circuitos cerebrales distintos a los de la empatía. Mientras esta última puede agotar emocionalmente, la compasión fortalece los vínculos y genera bienestar tanto en quien la recibe como en quien la ejerce.
En esa lógica, el Dr. Aréchiga propone que los hospitales se conviertan en “gimnasios de la compasión”. Así como los médicos se entrenan en técnicas quirúrgicas, deberían entrenarse en habilidades de acompañamiento humano y espiritual.
“Los hospitales, las universidades, los servicios de urgencias o rehabilitación deberían ser espacios donde se ejercite la empatía y la compasión con el mismo rigor que una destreza técnica”, propone.
Espiritualidad del médico: una formación pendiente
El doctor Aréchiga plantea una pregunta que resume una deuda formativa: ¿en qué momento de la carrera médica se enseña la espiritualidad?
Hasta ahora, reconoce, no existe una unidad de aprendizaje dedicada a este tema en la mayoría de las universidades. Esa ausencia limita la comprensión del sufrimiento humano y reduce la medicina a una práctica técnica.
En la Universidad de Guadalajara, su equipo impulsa una propuesta curricular que integre la formación espiritual en la educación médica, psicológica y de enfermería. Busca formar profesionales capaces de reconocer la dimensión espiritual de sus pacientes y la suya propia.
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Compasión, neurociencia y humanidad
El doctor Aréchiga cita investigaciones recientes que vinculan la compasión con neurotransmisores como la oxitocina, conocida por su papel en el vínculo madre y su bebé recién nacido. En algunas especies animales, explica, la oxitocina estimula el cuidado; en otras, su ausencia genera abandono. En el ser humano, la compasión parece ser una capacidad evolutiva que fortaleció a las comunidades primitivas.
Esa herencia biológica, sumada al aprendizaje cultural, convierte la compasión en una fuerza activa de la humanidad. Pero requiere entrenamiento. Sin él, el médico puede quedar atrapado en la empatía y caer en el cansancio emocional que produce ver sufrir sin poder aliviar.
Cuidados paliativos y políticas públicas
En materia institucional, Aréchiga reconoce avances como la incorporación de los cuidados paliativos en la Ley General de Salud y en la Norma Oficial Mexicana. Sin embargo, advierte que sin presupuesto y sin sanciones para quienes omiten aplicarlas, la ley corre el riesgo de quedarse en el papel.
“La ley sin recursos es letra muerta. Hace falta dotarla de estructura, personal y equipos interdisciplinarios que acompañen a los pacientes en la terminalidad”, explica.
Otro pendiente, añade, es la ley de hospice, que contempla espacios especializados en atención integral al final de la vida. Aunque figura en las normas, aún no existe una estructura operativa que lo haga realidad.
El sufrimiento y su sentido
El sufrimiento, explica Aréchiga, tiene múltiples dimensiones: física, emocional, existencial, espiritual. Cada una demanda una respuesta distinta.
“Hay sufrimiento por dolor, por pérdida, por ausencia de propósito. La compasión y los cuidados paliativos son su brazo activo. Pero para que existan, deben enseñarse y practicarse”, resume. Esa visión plantea una medicina más completa, donde la ciencia se encuentra con la humanidad.
Los cuidados paliativos, concluye, son el punto donde el conocimiento médico se une con la capacidad de comprender, acompañar y aliviar. En ese cruce, la espiritualidad deja de ser un tema filosófico y se convierte en parte esencial del cuidado del ser humano.
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ebv
Ciudad de México.- El cierre del año 2025 arrojó cifras preocupantes para la Iglesia Católica y sus agentes de pastoral. El balance anual sobre misioneros ejecutados en el mundo, publicado por la Agencia Fides, confirma una tendencia al alza: 17 misioneros fueron asesinados por causa de su labor, tres más que en 2024. Sin embargo, al poner la lupa sobre México, la realidad territorial supera esos datos.
México, la persecución religiosa y la realidad nacional
Aunque el reporte internacional de Fides es un referente, para el caso mexicano presenta una omisión. El informe solo documenta el asesinato del padre Bertoldo Pantaleón Estrada, en Guerrero, cuyo cuerpo fue hallado el 6 de octubre cerca de Mezcala, tras su desaparición en Cocula.
Los datos del Centro Católico Multimedial (CCM) obligan a señalar que el los casos de otros dos clérigos víctimas de la violencia este mismo año en nuestro país: el padre Marcelo Pérez Pérez, asesinado en San Cristóbal de las Casas, Chiapas —una voz en la defensa de los pueblos indígenas—, y el padre Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, ejecutado en el Estado de México.

Esto subraya la gravedad de la situación en México: en los últimos 30 años, el CCM ha registrado al menos 95 ataques violentos contra sacerdotes e instalaciones religiosas. Estos hechos, que incluyen secuestros, extorsiones y ataques armados, colocan al país entre los más peligrosos del mundo para ejercer el ministerio sacerdotal, aterrorizando a comunidades donde el clero es, a menudo, el último bastión de defensa de los derechos humanos.
Jorge Atilano, Director para el Diálogo Nacional por la Paz, de la Conferencia del Episcopado, hizo énfasis en la persecución y menazas que reciben los sacerdotes en México, en una entrevista para TV Azteca.
“Por un lado es conocido el número de sacerdotes que han sido asesinados, pero no es tan conocida la cantidad de sacerdotes que son extorsionados, amenazados o levantados”.
Misioneros y agentes pastorales en América: El mapa de la tragedia
En el resto del continente, la violencia también se ejerció contra los misioneros. Mientras que en Haití, las monjas Evanette Onezaire y Jeanne Voltaire fueron asesinadas el 31 de marzo en Mirebalais por bandas armadas. En Estados Unidos, el padre Arul Carasala fue acribillado en su propia rectoría en Seneca, Kansas, el 3 de abril.
Un blanco global: El recuento en otros continentes
África se mantiene como el continente más letal con 10 víctimas documentadas. Nigeria es el país más afectado con cinco asesinatos, incluyendo a los sacerdotes Sylvester Okechukwu, Godfrey Chukwuma Oparaekwe y Matthew Era. En Burkina Faso, los catequistas Mathias Zongo y Christian Tientga, ejecutados por yihadistas, mientras que en Sierra Leona, Kenia y Sudán la guerra civil y el crimen común cobraron la vida de otros religiosos.
Asia reportó dos víctimas: el padre Donald Martin, primer sacerdote católico birmano asesinado en el actual conflicto civil de Myanmar, y el laico Mark Christian Malaca en Filipinas. Europa registró el asesinato del sacerdote Grzegorz Dymek en Polonia, estrangulado en su parroquia en febrero.
Más de 600 víctimas en el siglo XXI
Desde el año 2000, al menos 626 misioneros y agentes pastorales fueron asesinados en el mundo. El informe destaca que el término “misionero” abarca a todo bautizado con labor apostólica. Históricamente, 1994 sigue siendo el año más negro con 274 víctimas debido al genocidio de Ruanda.
En la actualidad, la cifra de 17 víctimas en 2025 enciende las alarmas sobre la vulnerabilidad de quienes, en palabras del CCM, cumplen un papel clave en la paz social y la defensa de los marginados.
Fuentes: Informe Fides, Aleteia y registros del Centro Católico Multimedial (CCM).
npq
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Ciudad de México.- Durante los festejos de Año Nuevo, elementos de la Policía Bancaria e Industrial asistieron un parto de emergencia dentro de un taxi en el CETRAM Tacubaya. Madre e hijo se reportan sanos.
Una historia de vida en medio del Año Nuevo
Mientras se celebraba la llegada del 2026, una historia de vida se escribió en el corazón de Tacubaya. Elementos femeninos de la Policía Bancaria e Industrial (PBI) se convirtieron en heroínas al auxiliar a una joven madre que dio a luz dentro de un taxi, y recibieron al bebé sano y salvo en los primeros minutos del año.
El hecho ocurrió en la carpa de seguridad instalada en el cruce de avenida Jalisco y Manuel Dublán, en el Centro de Transferencia Modal (CETRAM) Tacubaya.
Un joven de 23 años se acercó desesperado a los policías pidiendo ayuda: su esposa, de 20 años, presentaba contracciones intensas en el asiento trasero de un taxi rosa con blanco.
Mujeres policías reciben al bebé dentro del taxi
Al percatarse de que no había tiempo para trasladarla a un hospital, dos mujeres policías actuaron con rapidez y serenidad. Recostaron a la futura madre en el asiento trasero del vehículo y, aplicando sus conocimientos en primeros auxilios, asistieron el parto.
Tras unos minutos de tensión, el llanto del bebé rompió el silencio de la madrugada. Las oficiales lo arroparon de inmediato para protegerlo del frío, mientras los paramédicos de Protección Civil llegaban al lugar para brindar atención médica.
“Fue un parto fortuito”, reportaron los servicios de emergencia tras confirmar que tanto la madre como el recién nacido estaban en buen estado de salud. Ambos fueron trasladados posteriormente a un hospital especializado.
#Boletín | En el #CETRAM #Tacubaya, ubicado en la @AlcaldiaMHmx, efectivos de la #PBI de la @SSC_CDMX, apoyaron oportunamente a una mujer que se encontraba en labor de parto dentro de un vehículo tipo taxi y recibieron a un bebé. #SiempreAlerta
— PBI_SSC (@PBI_SSC) January 1, 2026
Enlace 👉🏻 https://t.co/x2CfMplMXZ pic.twitter.com/xQNbRhD79S
Un nuevo comienzo para una familia capitalina
El joven padre agradeció la pronta reacción de los uniformados, cuyo apoyo permitió que su hijo naciera sin complicaciones.
“No sabíamos qué hacer, todo fue muy rápido. Gracias a las oficiales por ayudarnos”, comentó visiblemente emocionado.
En medio del bullicio y las celebraciones, la historia de este nacimiento es un símbolo de esperanza en la capital.
npq
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Dignidad Humana
La última lección de Juan Pedro Franco: una historia de lucha contra la enfermedad
El hombre más obeso del mundo
Ciudad de México.— Juan Pedro Franco, conocido internacionalmente por haber sido el hombre más obeso del mundo, falleció a los 40 años tras complicaciones renales. Pero más allá de los titulares, su historia es la de un hombre que luchó con fe, disciplina y apoyo familiar por recuperar su vida y su salud.
Una vida marcada por la lucha y la esperanza
Originario de Aguascalientes, Juan Pedro llegó a pesar más de 595 kilogramos, lo que le valió un reconocimiento del Récord Guinness en 2017. Aquel título, sin embargo, no representó un motivo de orgullo, sino el punto de partida de una batalla por sobrevivir.

A lo largo de los años, y acompañado por un equipo multidisciplinario encabezado por el doctor José Antonio Castañeda, Juan Pedro se sometió a diversas cirugías bariátricas y tratamientos médicos que le permitieron perder más de 400 kilos. Su objetivo nunca fue solo bajar de peso, sino recuperar su movilidad, su dignidad y su propósito de vida.
“Este nacimiento es un logro sin precedentes…”, decía de sí mismo en entrevistas anteriores:
“No quiero que me vean como un récord, sino como alguien que pudo levantarse de nuevo”.
Su historia se convirtió en símbolo de superación para miles de personas que enfrentan obesidad o enfermedades crónicas.
El poder del acompañamiento
Durante su proceso, su familia fue su mayor sostén. Su madre y sus médicos estuvieron presentes incluso en los momentos más críticos, cuando las infecciones y las complicaciones respiratorias amenazaban su salud.
El doctor Castañeda destacó, tras su fallecimiento, que “Juan Pedro nunca perdió la esperanza ni la fe. Su fuerza interior y su deseo de vivir fueron ejemplo para todos los que lo conocimos”.
Esa misma fe lo acompañó hasta el final. Juan Pedro hablaba con frecuencia del deseo de “seguir inspirando a otros para no rendirse”.
Más que una curiosidad médica, una lección de vida
Los especialistas que lo atendieron recuerdan que su proceso fue también una lección sobre salud mental y empatía social. La obesidad, explicaban, no es un asunto de voluntad, sino una enfermedad compleja que requiere tratamiento integral y comprensión.
Su historia mostró la importancia del acompañamiento familiar, médico y espiritual, y dejó un mensaje vigente: la dignidad humana no depende del cuerpo, sino del valor con el que se enfrenta la vida.
Hoy, su legado inspira campañas de concientización sobre obesidad, alimentación y salud emocional. “La historia de Juan Pedro Franco nos recuerda que nadie debería ser definido por su enfermedad, sino por su lucha”, concluyó su médico.
npqCiudad de México.— Juan Pedro Franco, conocido internacionalmente por haber sido el hombre más obeso del mundo, falleció a los 40 años tras complicaciones renales. Pero más allá de los titulares, su historia es la de un hombre que luchó con fe, disciplina y apoyo familiar por recuperar su vida y su salud.
Una vida marcada por la lucha y la esperanza
Originario de Aguascalientes, Juan Pedro llegó a pesar más de 595 kilogramos, lo que le valió un reconocimiento del Récord Guinness en 2017. Aquel título, sin embargo, no representó un motivo de orgullo, sino el punto de partida de una batalla por sobrevivir.
A lo largo de los años, y acompañado por un equipo multidisciplinario encabezado por el doctor José Antonio Castañeda, Juan Pedro se sometió a diversas cirugías bariátricas y tratamientos médicos que le permitieron perder más de 400 kilos. Su objetivo nunca fue solo bajar de peso, sino recuperar su movilidad, su dignidad y su propósito de vida.
“Este nacimiento es un logro sin precedentes…”, decía de sí mismo en entrevistas anteriores:
“No quiero que me vean como un récord, sino como alguien que pudo levantarse de nuevo”.
Su historia se convirtió en símbolo de superación para miles de personas que enfrentan obesidad o enfermedades crónicas.
El poder del acompañamiento
Durante su proceso, su familia fue su mayor sostén. Su madre y sus médicos estuvieron presentes incluso en los momentos más críticos, cuando las infecciones y las complicaciones por el covid amenazaban su salud.
El doctor Castañeda destacó, tras su fallecimiento, que:
“Juan Pedro nunca perdió la esperanza ni la fe. Su fuerza interior y su deseo de vivir fueron ejemplo para todos los que lo conocimos”.
Esa misma fe lo acompañó hasta el final. Juan Pedro hablaba con frecuencia del deseo de “seguir inspirando a otros para no rendirse”.
Más que una curiosidad médica, una lección de vida
Los especialistas que lo atendieron recuerdan que su proceso fue también una lección sobre salud mental y empatía social. La obesidad, explicaban, no es un asunto de voluntad, sino una enfermedad compleja que requiere tratamiento integral y comprensión.
Su historia mostró la importancia del acompañamiento familiar, médico y espiritual, y dejó un mensaje vigente: la dignidad humana no depende del cuerpo, sino del valor con el que se enfrenta la vida.
Hoy, su legado inspira campañas de concientización sobre obesidad, alimentación y salud emocional. “La historia de Juan Pedro Franco nos recuerda que nadie debería ser definido por su enfermedad, sino por su lucha”, concluyó su médico.
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Celebridades
La dura caída de Tylor Chase: la exestrella de Nickelodeon
Su batalla y la de su familia por recuperar la salud mental
Ciudad de México.- El actor Tylor Chase, recordado por su papel en Manual de supervivencia escolar de Ned, atraviesa una profunda crisis de salud mental y adicciones. Su historia, lejos del sensacionalismo, abre una conversación urgente sobre la compasión, la rehabilitación y el costo emocional del estrellato infantil.
A comienzos de los 2000, Tylor Chase era una de las promesas juveniles más queridas de Nickelodeon. Con su carisma y talento, alcanzó la popularidad en Manual de supervivencia escolar de Ned, serie que marcó a toda una generación. Pero detrás de los reflectores, el joven actor enfrentaba un peso que se volvió insoportable: la presión del éxito precoz, las expectativas de la industria y el abandono emocional que a menudo sigue al final de la fama.
Hoy, con 33 años, su historia vuelve a los titulares por motivos muy distintos. En los últimos días, fue hospitalizado de emergencia en California tras un nuevo episodio de crisis psiquiátrica.
Las imágenes que circularon en redes lo mostraban desorientado y en situación de calle. Lejos de la burla o el juicio, su caso ha despertado un debate necesario: ¿cómo acompañar a quienes viven con enfermedades mentales en medio de la exposición pública?
Su familia pide comprensión, no lástima
El padre de Tylor explicó que el actor fue diagnosticado con trastorno bipolar, esquizofrenia y adicciones.
“Mi hijo no es un caso perdido, es una persona enferma que merece comprensión y ayuda”.
Desde hace más de una década, su tratamiento es intermitente, condicionado por recaídas y falta de acompañamiento médico constante.
Lo que necesita es empatía, expresó su hermana a TMZ:
“Necesitamos dejar de señalar a las personas que atraviesan enfermedades mentales. Muchos no piden ayuda porque temen ser juzgados. A Tylor lo han grabado, se han burlado, cuando lo que más necesita es empatía”
Organizaciones de salud mental en Los Ángeles, que insisten en que los casos como el del actor exponen la urgencia de crear redes de atención accesibles, sin discriminación y con acompañamiento emocional para los familiares.
Una red de apoyo que vuelve a tenderse
Tras conocerse su situación, varios excompañeros de Nickelodeon, entre ellos Devon Werkheiser, protagonista de la serie que los lanzó a la fama, enviaron mensajes públicos de apoyo.
“No puedo dejar de pensar en mi amigo. Lo que Tylor está viviendo puede pasarnos a cualquiera. Si lo conoces, sabes que es un alma noble que solo necesita ayuda”.
Otros actores, como Daniel Curtis Lee, Miranda Cosgrove y Drake Bell, también se sumaron al llamado para romper el silencio sobre los problemas de salud mental en la industria infantil, un tema que durante años se ha tratado con secretismo.
El valor de hablar: salud mental sin estigmas
La historia de Tylor Chase es, sobre todo, una invitación a mirar con humanidad a quienes enfrentan batallas invisibles. No se trata solo de un exactor que perdió la fama, sino de una persona que busca sanar.
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